Japón tiene una de las tasas de obesidad más bajas del mundo.
Japón tiene una de las tasas de obesidad más bajas del mundo. Foto: ChatGPT para Canal26.com

Japón figura entre las naciones con menor prevalencia de obesidad en el mundo. De acuerdo con datos de World Obesity Data, es el país de altos ingresos con la tasa más baja, con alrededor del 6% de su población adulta clasificada dentro de esta condición.

Ahora bien, dentro de los países del primer mundo, el escenario cambia drásticamente en Estados Unidos, donde alrededor del 40% de los adultos presenta obesidad. Sin embargo, esta diferencia responde a una explicación cultural de fondo y no a la ausencia de productos calóricos en Japón ni a la adopción de dietas estrictas.

Ranking de obesidad en el mundo. Foto: data.worldobesity.org

En el país asiático también existen snacks, dulces y cadenas de comida rápida. La diferencia radica en una combinación de hábitos culturales, normas sociales y políticas públicas consolidadas desde la infancia, que configuran una relación distinta con la alimentación.

El epidemiólogo Tim Spector analizó este fenómeno en una columna publicada en The Telegraph, donde explicó cómo el entorno alimentario japonés favorece decisiones más equilibradas sin necesidad de prohibiciones formales.

Un sistema alimentario integrado a la vida cotidiana

Uno de los elementos diferenciales es la extensa red de tiendas de conveniencia, presentes en prácticamente todos los barrios y utilizadas a diario por millones de personas. Se estima que cerca de un tercio de los alimentos consumidos en Japón proviene de estos locales, que funcionan como una extensión práctica del hogar.

Japón tiene una de las tasas de obesidad más bajas del mundo. Foto: ChatGPT para Canal26.com

A diferencia de lo que ocurre en muchos comercios similares de Estados Unidos o Reino Unido —donde predominan productos ultraprocesados y bebidas azucaradas— en Japón es habitual encontrar comidas frescas listas para consumir, preparadas con ingredientes simples. Platos con arroz, pescado y vegetales conviven con opciones menos saludables, pero sin quedar relegados frente a los productos de bajo valor nutricional.

Bebidas y entorno urbano

Algo similar ocurre con las máquinas expendedoras, muy extendidas en calles y estaciones. En lugar de ofrecer principalmente refrescos azucarados, incluyen tés, café sin azúcar, caldos calientes y bebidas sin calorías. Esta diversidad amplía las opciones y reduce el consumo habitual de azúcar líquida.

Spector remarcó que, en países como el Reino Unido, muchas veces el agua es la única alternativa frente a bebidas endulzadas, lo que limita la elección cotidiana y favorece un mayor consumo calórico.

Japón tiene una de las tasas de obesidad más bajas del mundo. Foto: Unsplash.

Porciones pequeñas y cultura de la moderación

El tamaño de las porciones también marca una diferencia. En Japón, los snacks suelen venderse en envases individuales y reducidos, pensados para una ocasión puntual. Esto contrasta con los paquetes familiares o de gran tamaño frecuentes en mercados occidentales, que incentivan el consumo excesivo.

A nivel cultural, el concepto de hara hachi bu, que propone dejar de comer cuando se alcanza aproximadamente el 80% de saciedad, refuerza una relación más consciente con la comida. La dieta, rica en verduras, fibra y alimentos fermentados como el miso, aporta volumen y prolonga la sensación de plenitud sin un exceso calórico.

Normas sociales y hábitos diarios

Las costumbres sociales también influyen. En Japón no es habitual comer mientras se camina, durante trayectos breves en transporte público o frente al televisor. Tampoco es frecuente ingerir alimentos a altas horas de la noche. Estas pautas reducen el picoteo constante, especialmente en horarios asociados a peores indicadores metabólicos.

Japón tiene una de las tasas de obesidad más bajas del mundo. Foto: ChatGPT para Canal26.com

Prevención desde el trabajo y la escuela

Japón implementa controles periódicos del peso corporal en el ámbito laboral. Los empleados se pesan anualmente y, ante incrementos significativos, pueden recibir seguimiento médico. Este enfoque preventivo contrasta con la menor sistematización del control en otros países.

En el sistema educativo, la alimentación cumple un rol central. Los menús escolares están diseñados bajo criterios nutricionales específicos y excluyen productos ultraprocesados. Las comidas se preparan en las propias escuelas y se consumen en un entorno comunitario y sin apuro.

Un almuerzo típico puede incluir sopa con algas y tofu, un plato principal con pescado o carne acompañado de arroz, varias guarniciones de verduras, fruta fresca y leche.

Diversidad vegetal y microbioma

Otro factor relevante es la amplia variedad de alimentos vegetales presentes en la dieta japonesa. Mientras que en algunos países occidentales el consumo semanal de plantas distintas es limitado, en Japón suele ser considerablemente mayor.

Desayunos que incorporan encurtidos, soja fermentada y sopas, junto con cenas compuestas por múltiples platos pequeños, incrementan la diversidad alimentaria. Según Spector, esta variedad contribuye a un microbioma intestinal más diverso y resiliente, capaz de amortiguar mejor el impacto de alimentos menos saludables consumidos de manera ocasional.

Diversidad vegetal y microbioma. Foto: Freepik

Además, Japón es considerado una “zona azul” porque en su territorio se encuentra Okinawa, una de las regiones del mundo con mayor concentración de personas centenarias y altos niveles de longevidad. El concepto de Zonas Azules fue desarrollado por el investigador Dan Buettner, quien identificó comunidades donde la población vive más años y con mejor calidad de vida.

En el caso de Okinawa, la combinación de una alimentación basada en verduras, pescado, tofu y algas; el hábito de comer porciones moderadas (hara hachi bu); la actividad física cotidiana, los fuertes lazos sociales y un marcado sentido de propósito de vida explican por qué esta región japonesa se convirtió en un modelo mundial de longevidad saludable.