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Río de Janeiro, 17 feb (EFE).- La influencer Virginia Fonseca, novia del atacante del Real Madrid Vinícius Junior, debutó este martes como reina de orquesta de Grande Río, una de las escuelas de samba del carnaval de Río de Janeiro, y se sumó a la lista de celebridades coronadas pese a carecer de vínculos con el mundo del samba.

El desfile de Grande Río por el sambódromo este martes reavivó un debate recurrente en el carnaval carioca: el lugar de las celebridades sin origen en la comunidad y sin grandes habilidades como bailarinas en uno de los puestos más simbólicos de una escuela de samba.

Empresaria de éxito con 54 millones de seguidores en redes sociales y pareja del futbolista de la selección brasileña y del Real Madrid, Vinícius Junior. Fonseca llegó al cargo con una proyección mediática inédita incluso para los estándares del carnaval carioca.

Sin embargo, su nombramiento no fue una unanimidad dentro de la escuela ni es una excepción en la historia reciente de los desfiles de las escuelas de samba del Grupo Especial, la mayor atracción del Carnaval de Río de Janeiro.

Antes que ella, celebridades como la modelo Luma de Oliveira, las actrices Juliana Paes, Viviane Araújo y Paolla Oliveira, o la presentadora de televisión Sabrina Sato también desfilaron como reinas sin haber surgido directamente de las comunidades de las escuelas que representaron.

En los años noventa, Luma de Oliveira, esposa del entonces multimillonario Eike Batista, marcó una era como reina de las escuelas Caprichosos de Pilares, Tradición, Viradouro y Portela.

Juliana Paes, por su parte, reinó por muchos años en la escuela Viradouro y se convirtió en uno de los rostros más asociados al glamour del sambódromo, mientras que Sabrina Sato y Viviane Araújo -aunque esta última desarrolló luego una relación más estrecha con la escuela Salgueiro- también llegaron inicialmente desde la televisión y el entretenimiento masivo.

Algunas, como Virginia, iniciaron su carrera como reinas en medio de críticas por la falta de habilidad en la danza, algo que fueron superando con el tiempo.

El puesto de reina de orquesta no exige formalmente pertenecer a la comunidad, pero sí implica una responsabilidad simbólica. La reina desfila al frente de los percusionistas, dialoga con el director de la orquesta y encarna la energía que impulsa el desfile.

Por tradición, las reinas son vecinas de las comunidades que ingresan a las escuelas inicialmente como bailarinas y que se destacan bien sea por su belleza o por su habilidad o carisma.

Reinas como Mayara Lima (Paraíso do Tuiuti) o Bianca Monteiro (Portela) empezaron su camino en los carnavales desde jóvenes, con profunda inmersión en la cultura del samba.

No obstante, desde hace al menos dos décadas las escuelas equilibran tradición y visibilidad. La presencia de figuras mediáticas amplía la cobertura, atrae patrocinadores y multiplica la exposición nacional e internacional del desfile.

En ese contexto, la elección de Virginia Fonseca responde a una lógica ya instalada en el carnaval contemporáneo.

Durante los ensayos técnicos de la escuela, algunas presentaciones de Virginia generaron comentarios negativos en internet sobre su dominio del ritmo y la necesidad de mayor conexión con la música y los percusionistas, reforzando las dudas de críticos y aficionados.

Su desafío, así como el de sus antecesoras, es demostrar que su reinado puede ir más allá de la fama digital y transformarse en una relación duradera con la escuela y el samba. EFE

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