¿Qué reclamaban los primeros obreros?
¿Qué reclamaban los primeros obreros? Foto: Foto generada con IA

Cuando hoy hablamos de paros, movilizaciones o reclamos laborales, solemos pensar en conflictos contemporáneos. Pero la historia del movimiento obrero argentino tiene raíces mucho más antiguas, y su primer hito claro se remonta a 1878, cuando los tipógrafos bonaerenses llevaron adelante la primera huelga organizada del país. Aquella medida de fuerza, que comenzó en septiembre y se extendió hasta octubre, no solo marcó un antes y un después para los trabajadores de la época: sentó las bases de un sindicalismo que años más tarde se consolidaría como uno de los más influyentes de América Latina.

Un oficio organizado desde temprano

Los tipógrafos eran, por entonces, uno de los grupos de trabajadores más cohesionados de la ciudad de Buenos Aires. Desde 1857 se reunían en la Sociedad Tipográfica Bonaerense, una organización de carácter mutualista que con el tiempo evolucionó hacia formas más sindicalizadas. En 1877 fundaron la Unión Tipográfica Bonaerense, entidad que sería la protagonista de este primer paro.

La chispa que encendió el conflicto fue la decisión de una imprenta de rebajar los salarios de su personal. La medida, rápidamente imitada por otros talleres, generó malestar entre los obreros, que convocaron a una asamblea con más de mil trabajadores, un número extraordinario para la época. Allí se resolvió iniciar la huelga.

Obreros a principios del siglo XX Foto: Archivo

Un paro pionero con impacto nacional e internacional

Durante los días que duró la protesta, los diarios más importantes del país enfrentaron serias dificultades. Algunos periódicos menores directamente dejaron de publicarse, mientras medios como La Prensa y El Nacional intentaron contratar tipógrafos en Uruguay. Sin embargo, se encontraron con un inesperado gesto de solidaridad: los trabajadores montevideanos rechazaron reemplazar a sus colegas argentinos pese a las mejores ofertas salariales.

Este acto de apoyo internacional es uno de los elementos que muestra el valor histórico del primer paro argentino. No se trató apenas de una protesta local, sino de un conflicto que captó la atención de la región y reforzó el principio de solidaridad obrera, que sería clave en las décadas siguientes.

La primera huelga Foto: Foto generada con IA

Una victoria que sentó precedentes

El desenlace de la huelga fue favorable para los trabajadores. Las patronales aceptaron restituir los salarios originales y se comprometieron a reducir la jornada laboral a 10 horas en invierno y 12 en verano, un avance significativo para los estándares del siglo XIX.

El éxito de este paro impulsó a otros gremios —cigarreros, empleados de comercio, albañiles, yeseros y carteros, entre varios— a iniciar sus propias luchas. Según los registros históricos, cerca del 60% de las huelgas de ese período resultaron victoriosas, en parte porque el Estado aún no intervenía activamente en los conflictos laborales.

Más atrás en el tiempo: ¿hubo huelgas anteriores?

Algunos historiadores señalan que existieron protestas obreras previas, como resistencias laborales en saladeros del litoral hacia mediados del siglo XIX. Sin embargo, no hay consenso sobre su organización formal ni su alcance. En cambio, la acción tipográfica de 1878 es prácticamente unánimemente reconocida como la primera huelga moderna, con gremio, reclamos concretos y negociación colectiva.

Los tipográficos llevaron adelante la primera huelga Foto: Archivo

Un punto de partida para la historia social argentina

El impacto del primer paro tipográfico fue mucho más allá del conflicto puntual. Abrió el camino para la creación de nuevas organizaciones obreras, fortaleció la identidad de clase y derivó en la expansión de la militancia sindical que, hacia fines del siglo XIX, ya se manifestaba con fuerza entre anarquistas, socialistas y mutualistas.

Hoy, a casi 150 años de aquella huelga, su importancia permanece intacta. No solo porque fue la primera, sino porque mostró que un grupo de trabajadores podía organizarse, articular demandas y lograr cambios concretos. Una lección que, con distintas formas y contextos, continúa resonando en la Argentina actual.