Cómo la Avenida Corrientes se convirtió en la Avenida de los Teatros: historia, mito y un homenaje bajo tierra
Avenida Corrientes, símbolo indiscutido de la cultura porteña, no siempre fue la meca teatral que conocemos hoy. Su transformación a lo largo de más de un siglo, junto al desarrollo del subte y el reciente homenaje artístico en la estación Uruguay de la Línea B, revelan cómo esta arteria se convirtió en el corazón vibrante del espectáculo en Buenos Aires.

La Avenida Corrientes es, desde hace más de un siglo, sinónimo de cultura, bohemia y vida nocturna en Buenos Aires. Pero su identidad teatral —esa que hoy la convierte en una de las postales más emblemáticas de la ciudad— no nació de un día para el otro. Es el resultado de una larga transformación urbana, artística y social que consolidó a esta traza como el corazón de la escena porteña.
Conocida originalmente como “sendero del Sol”, Corrientes comenzó a definirse como eje cultural hacia fines del siglo XIX, cuando bares, cafés y primeras salas teatrales se multiplicaron en su recorrido. Teatros como el Politeama Argentino, el Apolo, el Odeón y el histórico Ópera se convirtieron en semilleros del teatro nacional, al punto de que allí se interpretó la obra Juan Moreira (1886), considerada fundacional para la escena argentina.

La avenida también fue territorio del tango: Carlos Gardel, ícono máximo del género, vivió sobre Corrientes entre 1904 y 1918, y cantó en muchos de sus locales nocturnos, marcando para siempre la identidad musical del corredor cultural más famoso del país. Incluso después de la modernización urbana, ese espíritu artístico siguió intacto: en sus librerías abiertas hasta altas horas, en sus pizzerías emblemáticas y en la infinidad de espectáculos que impulsaron su apodo de “la calle que nunca duerme”, frase popularizada por el periodista Roberto Gil en los años 50.
El ensanche que cambió la historia
Un punto clave en su consolidación fue el ensanche iniciado en 1931 y completado en 1936, que transformó la antigua calle angosta en la arteria amplia y luminosa que hoy conocemos. Ese cambio urbano potenció la instalación de nuevas salas, comercios y actividades culturales, atrayendo cada vez más público y convirtiendo a Corrientes en una avenida de escala metropolitana, donde convivían desde el teatro de revista hasta la lírica internacional.

La presencia subterránea: la Línea B y su rol cultural
Debajo de toda su extensión corre la Línea B del subte, inaugurada en 1930, que reforzó el vínculo entre movilidad y vida cultural. Su recorrido bajo Corrientes la convirtió en parte esencial del circuito teatral, conectando barrios, trabajadores, artistas y espectadores a lo largo del día y la noche.
Entre sus estaciones, una se distingue por su identidad profundamente artística: Uruguay. Inaugurada en 1931 y ubicada exactamente debajo de la avenida, la estación se transformó desde 2003 en la primera estación temática del subte, dedicada al cine argentino, con afiches, fotografías y un diseño inspirado en la historia del séptimo arte nacional.
El homenaje más reciente: la renovación teatral

En febrero de 2026, la estación Uruguay volvió a ser noticia tras reabrir luego de cinco meses de obras. En su renovación se incluyó un homenaje directo a la identidad teatral de Corrientes: telones, butacas, marquesinas y candilejas forman ahora parte de su nueva ambientación, diseñada para que los pasajeros vivan “la atmósfera teatral” apenas bajan del tren. La restauración también incorporó murales, nueva iluminación LED, señalización braille y mejoras de infraestructura, reforzando su rol como puerta de entrada cultural al microcentro porteño.
Hoy, Corrientes sigue siendo mucho más que una avenida: es un escenario vivo donde cada cuadra respira historia. Desde la superficie iluminada por marquesinas hasta las estaciones que laten debajo, el corredor cultural porteño sigue escribiendo su leyenda —una que, como siempre, empieza con el telón levantándose.


















