San Martín y el primer golpe de Estado argentino: cañones en las calles y una traición política que cambió el rumbo del país
El 8 de octubre de 1812, José de San Martín encabezó la asonada militar que derribó al Primer Triunvirato y redefinió el rumbo político del Río de la Plata. Un movimiento clave, impulsado por la Logia Lautaro, que no solo abrió paso a la independencia, sino que también desató su histórica enemistad con Bernardino Rivadavia.

En la madrugada del 8 de octubre de 1812, Buenos Aires amaneció rodeada de tropas, cañones apostados en las bocacalles y un clima político que presagiaba un cambio irreversible. Aquella jornada marcó lo que muchos historiadores consideran el primer golpe de Estado en la historia argentina, encabezado por José de San Martín junto a oficiales identificados con la Logia Lautaro.
San Martín había llegado al Río de la Plata apenas siete meses antes, en marzo de 1812, convertido ya en un militar experimentado tras veinte años de servicio en el ejército español. No tenía recursos, familia o redes de apoyo en Buenos Aires; su único contacto era Carlos María de Alvear, otro joven oficial que también buscaba transformaciones profundas. El país lo recibía convulsionado, dividido entre morenistas y saavedristas, sin un horizonte claro sobre el proceso independentista.
La tensión política se agravó tras la derrota patriota en Huaqui (1811), un golpe que debilitó al gobierno y desembocó en la formación del Primer Triunvirato, integrado por Feliciano Chiclana, Manuel de Sarratea y Juan José Paso. Este ejecutivo, de perfil conservador, tendía a postergar decisiones sobre la independencia y buscaba conciliar con España, lo que generaba un creciente malestar social y militar.

Tiempo de revolución
San Martín y los oficiales de la Logia Lautaro entendieron que la vacilación política era incompatible con el proceso emancipador que pretendían impulsar. La madrugada del 8 de octubre, el Regimiento de Granaderos a Caballo, creado por él mismo, se instaló en la Plaza Mayor, acompañado por batallones cívicos y artillería. Desde antes del amanecer, vecinos y autoridades observaron cómo las fuerzas armadas rodeaban el Cabildo, mientras los cañones apuntaban directamente hacia las casas consistoriales donde se refugiaban miembros del gobierno.
La presión militar rápidamente surtió efecto: el Primer Triunvirato cayó, y se abrió paso a un nuevo gobierno más alineado con las ideas revolucionarias. Se conformó así el Segundo Triunvirato, que a diferencia del anterior permitió retomar la agenda independentista y dar el marco político para la futura Asamblea del Año XIII. Aquella jornada no solo modificó la estructura de poder en las Provincias Unidas, sino que también consolidó la influencia de San Martín en el escenario político local.

Un episodio efectivo, pero con consecuencias
El episodio, sin embargo, también dejó heridas. Especialistas coinciden en que estos acontecimientos profundizaron la enemistad entre San Martín y Bernardino Rivadavia, figura clave del sector conservador y uno de los principales opositores de la Logia Lautaro. El choque ideológico entre ambos marcaría debates futuros sobre el modelo político y el rol de las fuerzas armadas en la joven nación.

A más de dos siglos del hecho, la revolución del 8 de octubre sigue despertando análisis y controversias. Fue un movimiento militar, sí, pero también el punto de partida de decisiones que permitieron reimpulsar la independencia. Entre tensiones internas, disputas ideológicas y liderazgos emergentes, San Martín protagonizó un episodio que, aunque menos difundido que sus campañas libertadoras, resultó fundamental para el destino argentino.


















