Malvinas y San Martín
Malvinas y San Martín Foto: Foto generada con IA

Cuando se repasan los escritos y acciones de José de San Martín, suelen aparecer los grandes hitos: el cruce de los Andes, la campaña en Chile, la independencia del Perú. Sin embargo, entre correspondencias menos conocidas emerge un capítulo sorprendente que vuelve a colocar a las Islas Malvinas en el centro de la historia argentina: el pedido del Libertador para incorporar a los presos del archipiélago como parte del esfuerzo militar en plena Guerra por la Independencia.

Aunque hoy resulte llamativo, este episodio poco difundido refuerza una idea poderosa: San Martín no solo pensaba en la libertad continental, sino también en la integración territorial de lo que luego sería la Argentina. Y dentro de ese mapa político y estratégico, las Malvinas ocupaban un lugar clave.

José de San Martín Foto: Archivo

Un territorio aislado que no escapaba al radar del Libertador

A principios del siglo XIX, las Malvinas habían sido abandonadas por la administración española en 1811. Ese vacío dejó al archipiélago vulnerable, con apenas un puñado de habitantes y sin presencia institucional firme. Para las Provincias Unidas, sumidas en una guerra larga y compleja, sostener el control sobre zonas alejadas era un desafío mayúsculo.

San Martín comprendía esto a la perfección. Había pasado dos décadas combatiendo en Europa y conocía el valor geoestratégico de cada punto del mapa. El Atlántico Sur, incluso en aquella época, era un espacio donde distintas potencias buscaban afirmarse, y dejar las Malvinas a su suerte era un riesgo que el Libertador no estaba dispuesto a ignorar.

La propuesta inesperada: sumar presos malvinenses al esfuerzo bélico

Entre los documentos rescatados por historiadores aparece un pedido singular: integrar a los presos que vivían en las Malvinas a las filas que apoyaban la lucha independentista. No se trataba de un gesto simbólico, sino de una decisión estratégica.

En un contexto de recursos escasos, tropas insuficientes y frentes simultáneos, cada hombre disponible podía inclinar la balanza. Y San Martín, siempre pragmático, creía que aquellos convictos podían cumplir funciones útiles en las campañas o en tareas logísticas.

La idea también respondía a un objetivo mayor: mantener a las Malvinas conectadas con las decisiones políticas y militares del nuevo Estado. Incluso en su condición marginal, los habitantes del archipiélago —presos o no— formaban parte del territorio que las Provincias Unidas buscaban defender.

Carta de San Martín donde menciona a las Malvinas Foto: Archivo

Un gesto que refuerza la soberanía histórica

Aunque la propuesta de San Martín no se transformó en una política formal, su mera existencia es reveladora. Muestra que, para el Libertador, las Malvinas eran parte de la estructura territorial que debía preservarse durante la guerra. No estaban fuera del proyecto nacional: estaban adentro, integradas, consideradas y vinculadas a la causa común.

Este episodio, a menudo eclipsado por la épica de los Andes, aporta un argumento histórico adicional al reclamo de la Argentina: la preocupación por las Malvinas no nació en el siglo XX ni surgió tras conflictos posteriores, sino que aparece ya en los años fundacionales.

Una visión integral del territorio

San Martín no solo pensaba en liberar pueblos: pensaba en construir un país. Y eso incluía cada rincón, por más distante o inhóspito que fuese. La propuesta de incorporar presos malvinenses a la guerra es una prueba más de su visión amplia, estratégica y profundamente nacional.

Un detalle archivístico, sí. Pero uno que vuelve a recordarnos que la historia del reclamo argentino por Malvinas está anclada en las raíces mismas de la Independencia.