
Mientras Juan Manuel de Rosas se encontraba lejos de Buenos Aires, una mujer comenzó a mover las piezas de una compleja disputa política. Recibía dirigentes, enviaba cartas, organizaba apoyos y seguía cada movimiento de los adversarios de su esposo.
Era María de la Encarnación Ezcurra y Arguibel, una de las mujeres más influyentes del siglo XIX argentino. Nacida el 25 de marzo de 1795, pertenecía a una familia de comerciantes porteños y había aprendido a leer, escribir y administrar asuntos económicos.
Esas herramientas le permitieron intervenir en un escenario dominado por hombres. Su momento de mayor protagonismo llegó en 1833, cuando tuvo un papel central en la Revolución de los Restauradores, el movimiento que terminó con la renuncia del gobernador Juan Ramón Balcarce.
Cinco años después, Encarnación murió con apenas 43 años. Su funeral se convirtió en una de las manifestaciones populares más impactantes de la Buenos Aires del siglo XIX.
El matrimonio que se convirtió en una alianza política
Encarnación tenía 17 años cuando se casó con Juan Manuel de Rosas, el 16 de marzo de 1813. Él todavía no se había convertido en el principal dirigente del federalismo y estaba dedicado a la administración de establecimientos rurales.
La pareja tuvo tres hijos: Juan Bautista, María de la Encarnación y Manuela Robustiana Rosas, conocida posteriormente como Manuelita. También criaron dentro de la familia a Pedro Rosas y Belgrano.

Sin embargo, Encarnación estuvo lejos de limitarse al papel tradicional reservado a las esposas. Comprendía los conflictos internos del federalismo, identificaba aliados y conocía el peso político de los sectores populares.
En una época en la que las mujeres no podían votar ni ocupar cargos públicos, esa participación resultaba completamente excepcional.
La disputa que dividió al federalismo
En 1829, Rosas asumió como gobernador de Buenos Aires con facultades extraordinarias. Cuando terminó su mandato, la Legislatura quiso mantenerlo en el poder, pero sin renovarle esas atribuciones. Él rechazó la propuesta y fue reemplazado por Juan Ramón Balcarce.
La decisión provocó una fractura dentro del Partido Federal. Por un lado estaban los “apostólicos”, seguidores de Rosas. Por el otro, los “cismáticos”, sectores moderados que pretendían limitar su influencia.

Mientras su esposo permanecía alejado de la ciudad, Encarnación se convirtió en el principal vínculo entre los dirigentes rosistas y los sectores populares. Su casa funcionaba como espacio de reunión, organización y circulación de información.
Las cartas intercambiadas con Rosas demuestran que su participación no era simbólica. Encarnación transmitía novedades, mantenía contactos políticos y trabajaba para sostener la lealtad de los partidarios del futuro gobernador.
El anuncio que desató una revolución
La tensión estalló el 11 de octubre de 1833, cuando aparecieron carteles que anunciaban un juicio contra El Restaurador de las Leyes, un periódico rosista.
La expresión provocó una enorme confusión porque también era el nombre utilizado para identificar políticamente a Rosas. Muchos de sus seguidores creyeron que el dirigente sería llevado a juicio.

Una multitud rodeó el tribunal y la audiencia debió suspenderse. La protesta creció rápidamente y sus participantes comenzaron a exigir la renuncia de Balcarce.
Los restauradores se desplazaron hacia Barracas y el Riachuelo, donde consiguieron el apoyo de unidades militares y dirigentes de la campaña bonaerense. Lo que había comenzado como una movilización urbana terminó transformándose en una revolución.
La red construida por Encarnación Ezcurra fue decisiva. Sus contactos con políticos, militares, trabajadores y habitantes de los barrios periféricos permitieron que el movimiento saliera de los salones porteños y tomara las calles.
Finalmente, Balcarce renunció el 3 de noviembre de 1833. La victoria fortaleció al rosismo y confirmó que Rosas, aunque estuviera lejos de la capital, continuaba siendo el dirigente más poderoso de la provincia.
La organización que preparó el regreso de Rosas
Después de la revolución, Encarnación impulsó la Sociedad Popular Restauradora, una agrupación creada para organizar y movilizar a los seguidores del federalismo rosista.

Su funcionamiento permitió aumentar la presión política y preparar el regreso de Rosas. En 1835, después del asesinato de Facundo Quiroga y en medio de una nueva crisis, el dirigente volvió a ser nombrado gobernador con la suma del poder público.
Para entonces, el trabajo político realizado por Encarnación había sido fundamental para conservar y ampliar su liderazgo.
La muerte que conmocionó a Buenos Aires
Encarnación Ezcurra murió el 20 de octubre de 1838, cuando tenía 43 años. La noticia provocó una profunda conmoción entre los federales y los sectores populares que la reconocían como una dirigente cercana.
Su funeral fue uno de los más multitudinarios de la Buenos Aires del siglo XIX. La despedida demostró que había construido una identidad política propia, más allá de su matrimonio con Juan Manuel de Rosas.

Durante mucho tiempo, su figura quedó reducida a la expresión “la esposa de Rosas”. Sin embargo, su historia fue mucho más compleja: organizó apoyos, construyó alianzas y participó directamente en un movimiento que modificó el equilibrio político de Buenos Aires.
En una época en la que las mujeres estaban excluidas de las instituciones, Encarnación Ezcurra encontró otras formas de ejercer el poder. Lo hizo mediante cartas, reuniones y una extensa red de lealtades que resultó indispensable para el regreso de Rosas.




















