
Actualmente, Belgrano es reconocido por su intensa actividad comercial, sus edificios residenciales, la avenida Cabildo, el Barrio Chino y las Barrancas. Sin embargo, detrás de esa postal cotidiana se esconde la historia de un territorio que no siempre formó parte de la Ciudad de Buenos Aires.
En sus comienzos, la zona integraba el Pago de los Montes Grandes, una extensa superficie rural que se prolongaba desde Retiro hasta San Isidro. Sus tierras eran utilizadas para el pastoreo y la cría de animales, mientras que por allí pasaba el Camino Real, una vía fundamental para viajar hacia el norte. Parte de aquel recorrido se convirtió, con el paso del tiempo, en la actual avenida Cabildo.
El paisaje estaba dominado por campos, pulperías y establecimientos rurales. Una de las postas más recordadas era La Blanqueada, donde viajeros y comerciantes se detenían antes de continuar el camino.
Cómo nació Belgrano y por qué recibió ese nombre
La historia del pueblo comenzó en 1855, cuando un grupo de vecinos de San José de Flores solicitó la creación de una nueva localidad debido al crecimiento de la población.
El pedido fue aceptado y el 23 de noviembre de 1855 se resolvió fundar un pueblo sobre terrenos conocidos como La Calera, denominación vinculada con un antiguo establecimiento dedicado a la producción de cal y materiales para la construcción.

El 6 de diciembre de ese año, la localidad recibió el nombre de Belgrano, en homenaje a Manuel Belgrano. Su trazado original comprendía un sector delimitado aproximadamente por las actuales calles 11 de Septiembre, La Pampa, Crámer y Monroe.
Apenas un año después, Belgrano se convirtió en un partido judicial de campaña y comenzó a desarrollar instituciones y autoridades propias. Todavía no era un barrio porteño, sino un pueblo perteneciente a la provincia de Buenos Aires.
Las quintas que cambiaron la identidad del barrio
La cercanía con el Río de la Plata, sus terrenos elevados y el aire abierto llevaron a numerosas familias acomodadas a construir allí sus residencias de descanso.
Durante la segunda mitad del siglo XIX aparecieron grandes casas-quintas rodeadas de jardines y árboles, utilizadas principalmente durante los meses de verano. Ese crecimiento le otorgó a Belgrano un perfil residencial y señorial que aún puede reconocerse en algunas construcciones.
Las residencias convivían con viviendas modestas, comercios, mercados, escuelas y espacios religiosos. El pueblo tenía vecinos permanentes y una vida administrativa independiente.
Muchos de aquellos edificios desaparecieron con el avance inmobiliario. Otros sobrevivieron y actualmente funcionan como museos, instituciones culturales, embajadas y testimonios arquitectónicos de una época en la que Belgrano todavía estaba separado de Buenos Aires.
El ferrocarril que aceleró su crecimiento
La llegada del tren en 1862 marcó un punto decisivo. El ferrocarril redujo las distancias con el centro y facilitó el traslado de residentes, trabajadores y visitantes. Como consecuencia, crecieron la población, los comercios y las nuevas construcciones.

La expansión ferroviaria también quedó reflejada en los nombres de dos sectores tradicionales: Belgrano C y Belgrano R. El primero se desarrolló alrededor de la estación cercana a las Barrancas y adquirió un fuerte movimiento comercial. El segundo mantuvo un perfil residencial, con calles arboladas y viviendas amplias.
Cuando Belgrano llegó a ser capital provisoria de Argentina
El episodio político más sorprendente de la historia del barrio ocurrió en 1880. En medio del enfrentamiento por la federalización de Buenos Aires, el presidente Nicolás Avellaneda trasladó los poderes nacionales a Belgrano.

El Congreso sesionó en la antigua municipalidad situada en las actuales calles Cuba y Juramento. Ese edificio, proyectado por Juan Antonio Buschiazzo, es hoy la sede del Museo Histórico Sarmiento.
Belgrano continuó siendo un municipio bonaerense hasta el 28 de septiembre de 1887, cuando la provincia cedió su territorio a la Nación. Desde entonces, quedó incorporado a la Capital Federal y comenzó su transformación definitiva en barrio porteño.
Las huellas históricas que todavía conserva Belgrano
Las Barrancas de Belgrano representan uno de los principales vestigios de su geografía original. Su pendiente recuerda el antiguo límite de las tierras elevadas frente a las zonas próximas al Río de la Plata, antes de que los rellenos alejaran la costa.
A pocos metros se encuentran la plaza Manuel Belgrano, la parroquia de la Inmaculada Concepción, conocida como “La Redonda”, y el antiguo edificio municipal. Juntos forman uno de los conjuntos históricos más importantes del barrio.

Durante el siglo XX, numerosas casas fueron reemplazadas por edificios, la avenida Cabildo se consolidó como eje comercial y el transporte público reforzó la conexión con el resto de la ciudad. Más tarde, el Barrio Chino sumó una nueva identidad gastronómica y cultural.
Pese a esas transformaciones, Belgrano conserva señales de cada una de sus etapas. Fue campo, camino, pueblo independiente, municipio y finalmente barrio porteño. Su historia todavía permanece visible en sus barrancas, estaciones, calles arboladas y construcciones centenarias.


















