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En 1923, Argentina inauguró un palacio inspirado en la Divina Comedia: hoy esconde un “infierno”, un faro y uno de los mayores misterios de Buenos Aires

El edificio fue diseñado por Mario Palanti a pedido del empresario Luis Barolo. Tiene 100 metros de altura, numerosas referencias a Dante Alighieri y un faro que llegó a comunicar el resultado de una histórica pelea de boxeo.

Palacio Barolo
El Palacio Barolo, un homenaje arquitectónico a Dante Foto: Wikipedia
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En plena Avenida de Mayo, rodeado de oficinas, bares y construcciones centenarias, se levanta uno de los edificios más enigmáticos de la Argentina. Su fachada mezcla elementos medievales, detalles orientales y símbolos que todavía despiertan curiosidad.

Se trata del Palacio Barolo, inaugurado en 1923 y diseñado por el arquitecto italiano Mario Palanti a pedido del empresario textil Luis Barolo. Ambos admiraban profundamente a Dante Alighieri y decidieron convertir el edificio en una representación arquitectónica de la Divina Comedia.

Con 100 metros de altura, asociados con los 100 cantos del célebre poema, la construcción dominó durante años el horizonte porteño. Su estructura fue dividida simbólicamente en tres grandes sectores: Infierno, Purgatorio y Paraíso.

Dos inmigrantes italianos detrás de una obra monumental

Luis Barolo llegó a la Argentina a finales del siglo XIX y construyó una importante fortuna en la industria textil. Durante las celebraciones del Centenario conoció a Mario Palanti, quien había trabajado en el pabellón italiano de la exposición realizada en Buenos Aires.

Palacio Barolo
Vista hacia el Palacio Barolo en julio de 1928 Foto: Archivo General de la Nación

El empresario quería levantar un edificio para alquilar oficinas, pero el proyecto terminó convertido en algo mucho más ambicioso: un homenaje monumental a Dante en el centro de Buenos Aires.

La construcción comenzó en 1919 y concluyó cuatro años después. Sin embargo, Barolo no pudo verla terminada: murió en 1922, un año antes de la inauguración oficial, realizada el 7 de julio de 1923.

Un recorrido desde el Infierno hasta el Paraíso

La distribución interna reproduce el viaje relatado por Dante. La planta baja representa el Infierno, los pisos intermedios corresponden al Purgatorio y la cúpula, coronada por un faro, simboliza el Paraíso.

En el acceso principal aparecen nueve bóvedas, relacionadas con las jerarquías infernales descriptas en la obra. También pueden encontrarse inscripciones en latín, figuras fantásticas y numerosas referencias astronómicas.

Palacio Barolo
El palacio esconde símbolos en cada rincón Foto: Wikipedia

El edificio tiene 22 pisos y dos subsuelos. Palanti diseñó además lámparas, picaportes, ascensores y otros elementos decorativos para que cada rincón respondiera al mismo universo simbólico.

Su arquitectura combina influencias neogóticas, Art Nouveau y orientales, por lo que durante décadas resultó difícil encasillarlo dentro de un único estilo.

El misterio de las cenizas de Dante

Una de las leyendas más difundidas sostiene que Barolo y Palanti temían que las guerras europeas destruyeran la tumba de Dante, ubicada en la ciudad italiana de Rávena.

Por ese motivo, habrían pensado el edificio como un santuario destinado a recibir las cenizas del poeta. En el centro del pasaje debía colocarse una escultura que funcionaría como receptáculo de sus restos.

El traslado nunca ocurrió y tampoco existe documentación concluyente que demuestre que Italia hubiera considerado autorizarlo. Sin embargo, la historia quedó incorporada para siempre a los misterios del palacio.

El faro que comunicó una pelea histórica

En la parte superior se instaló un faro giratorio de 300.000 bujías, cuya luz podía observarse desde distintos puntos de Buenos Aires.

Palacio Barolo
La cúpula simboliza la llegada al Paraíso Foto: Wikipedia

En septiembre de 1923 fue utilizado para comunicar el resultado de la pelea entre el argentino Luis Ángel Firpo y el estadounidense Jack Dempsey, disputada en Nueva York por el título mundial de peso pesado.

Décadas después, el faro fue restaurado y, durante las celebraciones de 2010, recibió el nombre de Faro del Bicentenario Argentino.

El rascacielos que cambió Buenos Aires

Cuando abrió sus puertas, el Palacio Barolo rompió con la escala tradicional de la ciudad. Fue una de las primeras construcciones porteñas de gran altura realizadas con hormigón armado y permaneció varios años entre los edificios más altos de Sudamérica.

En 1997 fue declarado Monumento Histórico Nacional. Actualmente sigue funcionando como edificio de oficinas y recibe visitantes interesados en recorrer sus pasillos, descubrir sus símbolos y ascender hasta el faro.

A más de un siglo de su inauguración, el Barolo continúa siendo mucho más que un rascacielos: es un poema construido en cemento, un homenaje a la inmigración italiana y uno de los mayores enigmas arquitectónicos de Buenos Aires.

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