
Mucho antes de convertirse en una de las figuras políticas más importantes de la Argentina, Juan Domingo Perón vivió una historia de amor prácticamente desconocida. La protagonista fue Aurelia Gabriela Tizón, una maestra porteña a quien llamaban cariñosamente “Potota”.
Aurelia nació el 18 de marzo de 1902 en Buenos Aires. Era hija de inmigrantes españoles y creció dentro de una familia de clase media. Su padre, Cipriano Tizón, era fotógrafo y estaba afiliado a la Unión Cívica Radical.
La joven tenía numerosos intereses: dibujaba, pintaba, tocaba el piano y la guitarra, leía en inglés y realizaba traducciones. Además, trabajaba como docente en la Escuela N.° 2 “República de Honduras”.
El encuentro que cambió sus vidas
Aurelia y Perón se conocieron en 1925, cuando ella tenía 23 años y él era un joven oficial del Ejército. Una de las versiones más difundidas sostiene que el encuentro ocurrió en los bosques de Palermo, mientras Aurelia pintaba al aire libre y el militar recorría el lugar a caballo.

En aquellos años, Perón todavía estaba lejos del poder y era prácticamente desconocido fuera del ámbito militar. La relación avanzó alejada de la exposición pública y se extendió durante aproximadamente cuatro años antes del casamiento.
El oficial la llamaba “Potota”, un sobrenombre familiar derivado de la palabra “preciosa”. Detrás de ese apodo existió una relación íntima sobre la que Perón hablaría muy poco durante el resto de su vida.
Una boda privada y una vida sin exposición
La pareja se casó el 5 de enero de 1929 durante una ceremonia privada. El padrino fue el teniente coronel Bartolomé Descalzo, una figura vinculada al ambiente castrense.

Después del matrimonio, Aurelia continuó dando clases mientras acompañaba a su esposo durante diferentes etapas de su carrera militar. La pareja llevó una vida tranquila, con poca actividad social y completamente alejada de los actos políticos que años más tarde rodearían a Perón.
Durante un tiempo vivieron en la avenida Santa Fe al 3600. No tuvieron hijos, aunque algunas reconstrucciones históricas indican que analizaron la posibilidad de adoptar una niña. El proyecto, sin embargo, nunca llegó a concretarse.
La enfermedad que terminó con la historia
La vida del matrimonio cambió cuando Aurelia enfermó de cáncer de útero. La maestra murió en Buenos Aires el 10 de septiembre de 1938, a los 36 años.
Habían transcurrido trece años desde el primer encuentro y nueve desde la boda. Perón quedó viudo mucho antes de ingresar en la política nacional y de conocer a Eva Duarte, quien posteriormente se convertiría en una figura central de la historia argentina.

Aurelia fue sepultada inicialmente en el Cementerio de la Chacarita. Tiempo después, su familia trasladó sus restos al Cementerio El Salvador, ubicado en la ciudad de Rosario.
La mujer que nunca lo vio llegar al poder
Aurelia murió antes de que Perón ocupara la Secretaría de Trabajo y Previsión, participara del gobierno surgido en 1943 y ganara las elecciones presidenciales de 1946.
La trascendencia alcanzada por Eva Perón hizo que la historia de “Potota” quedara relegada. Sin embargo, su vida permite conocer una faceta diferente del dirigente: la de un joven militar que compartía sus días con una maestra, pintora y traductora, cuando el peronismo todavía no existía.
Aurelia Tizón nunca pudo saber que aquel oficial se convertiría en presidente en tres oportunidades. Aunque su nombre quedó fuera de los grandes discursos, fue una figura fundamental en la vida privada de Perón antes de su llegada al poder.



















