
Diez integrantes del Ejército Argentino atravesaron uno de los territorios más extremos del planeta a bordo de vehículos oruga. La expedición, conocida como Operación 90, enfrentó grietas ocultas, tormentas, fallas mecánicas y temperaturas de hasta 40 grados bajo cero.
El 26 de octubre de 1965, diez argentinos partieron desde la Base General Belgrano con un objetivo extraordinario: alcanzar el Polo Sur por tierra. Viajaban en seis vehículos Snow-Cat y llevaban trineos cargados con combustible, alimentos, repuestos e instrumental científico.
La misión fue denominada Operación 90, en referencia a los 90 grados de latitud sur donde se encuentra el polo geográfico. El grupo estaba dirigido por el coronel Jorge Edgard Leal, un experimentado militar que había trabajado en diferentes bases antárticas argentinas.
Una expedición que demandó años de preparación
Aunque la travesía comenzó en octubre de 1965, su organización había empezado mucho antes. Desde finales de 1963, equipos argentinos estudiaban posibles rutas para avanzar desde el mar de Weddell hacia el interior del continente.

Los exploradores debían encontrar caminos seguros entre enormes grietas cubiertas por nieve. También necesitaban establecer depósitos de alimentos y combustible que permitieran sostener la expedición durante varias semanas.
Como parte de los preparativos, el 2 de abril de 1965 fue inaugurada la Base Alférez de Navío Sobral, ubicada aproximadamente a 420 kilómetros de la Base Belgrano. Allí se almacenaron toneladas de provisiones y materiales indispensables para continuar el recorrido.
La misión retomaba un antiguo proyecto del coronel Hernán Pujato, uno de los grandes impulsores de la presencia argentina en la Antártida. Su intención era demostrar que el país tenía capacidad científica, humana y logística para operar en las regiones más australes del planeta.
Grietas ocultas, tormentas y máquinas congeladas
Los diez integrantes de la Operación 90 habían sido seleccionados por sus conocimientos de mecánica, topografía, comunicaciones, orientación y supervivencia. No podían depender de una asistencia inmediata porque se encontraban a miles de kilómetros de cualquier centro urbano.
Antes del avance principal, una patrulla con perros recorrió parte del camino para señalar los sectores más peligrosos. Bajo la nieve podían esconderse fracturas profundas capaces de tragarse un vehículo completo.

El frío también representaba un enemigo permanente. Los lubricantes se endurecían, los metales podían quebrarse y los motores debían permanecer protegidos para volver a funcionar. Cada reparación tenía que realizarse a la intemperie, con guantes gruesos y bajo temperaturas extremas.
Al ascender hacia la meseta polar, los expedicionarios enfrentaron tormentas que borraban el horizonte. El cielo y el suelo parecían unirse en una superficie completamente blanca, un fenómeno que dificultaba la orientación y podía provocar accidentes.
Además de conducir y mantener los vehículos, el grupo realizó observaciones meteorológicas, geológicas, topográficas y gravimétricas. La expedición no era solamente una prueba de resistencia: también buscaba obtener información científica sobre una región todavía poco explorada.
El día que los argentinos alcanzaron el Polo Sur
Después de más de 40 días de marcha, la patrulla llegó al Polo Sur el 10 de diciembre de 1965. Los integrantes realizaron una ceremonia e izaron la bandera argentina en el punto más austral del planeta.
El acontecimiento convirtió a la Operación 90 en la primera expedición terrestre argentina que alcanzó el Polo Sur. Sin embargo, llegar era solamente la mitad del desafío: todavía debían regresar antes de agotar el combustible y las provisiones.
El viaje completo se extendió durante 66 días. Los expedicionarios recorrieron cerca de 3.000 kilómetros y regresaron a la Base General Belgrano el 31 de diciembre de 1965.
Por qué la Operación 90 hizo historia
La misión demostró que la Argentina podía organizar y sostener una operación en uno de los ambientes más hostiles de la Tierra. También permitió reunir información científica y ampliar el conocimiento sobre el interior del continente blanco.

No existían caminos, refugios frecuentes ni sistemas modernos de navegación satelital. Una avería grave, una tormenta prolongada o un error de orientación podían dejar al grupo completamente aislado.
Más de seis décadas después, la Operación 90 permanece como una de las mayores hazañas de la historia antártica argentina. Diez hombres, seis vehículos y casi 3.000 kilómetros sobre el hielo fueron suficientes para escribir un capítulo inolvidable de exploración, ciencia y resistencia humana.


















