
Antes de que sus soldados enfrentaran el frío, la altura y los peligros de la Cordillera de los Andes, José de San Martín comenzó a combatir con información, diplomacia y estrategia.
En septiembre de 1816, el Libertador viajó hasta el Fuerte de San Carlos, ubicado en el sur de Mendoza, para reunirse con diferentes autoridades pehuenches. Su objetivo era solicitar autorización para atravesar sus territorios y conseguir animales, alimentos y colaboración para la campaña libertadora.
Sin embargo, detrás del encuentro también existía una maniobra secreta: hacerles creer a los españoles que la mayor parte del Ejército de los Andes cruzaría por los pasos del sur.
El histórico fuerte de Mendoza elegido por San Martín
El Fuerte de San Carlos había sido construido en 1770 para proteger la frontera mendocina y controlar los caminos que comunicaban el Valle de Uco con la cordillera.
La construcción tenía gruesos muros de adobe, cuarteles, depósitos, baluartes y un foso exterior. Además de funcionar como posición militar, era un espacio de intercambio entre comerciantes, funcionarios y comunidades indígenas.
Cuando San Martín llegó en 1816, el fuerte ya acumulaba varias décadas de negociaciones y conflictos. Esa ubicación estratégica lo convirtió en el escenario indicado para organizar el parlamento con los pehuenches.
La reunión de San Martín con los caciques pehuenches
Las autoridades indígenas conocían profundamente los caminos, los pasos cordilleranos y las condiciones del territorio. También podían proporcionar ganado e información fundamental para una campaña de semejante magnitud.

San Martín les explicó su intención de avanzar contra los españoles establecidos en Chile y les pidió permiso para pasar por sus tierras. Este gesto implicaba reconocer que los territorios se encontraban bajo la autoridad de las comunidades originarias.
Durante el encuentro hubo conversaciones, ceremonias, comidas y entrega de obsequios. No fue una simple reunión militar, sino una negociación diplomática entre sectores que tenían intereses propios.
Los pehuenches podían aportar animales, datos sobre las rutas y asistencia, mientras que la alianza con el Ejército de los Andes podía ofrecerles protección y fortalecer su posición política en la región.
La trampa de San Martín para engañar a los españoles
Además de conseguir apoyo, San Martín necesitaba que una versión falsa de sus planes llegara a los realistas.
El general dejó trascender que el grueso del ejército atravesaría la cordillera por los pasos de El Portillo y El Planchón, ubicados en el sur. Si los españoles creían esa información, tendrían que trasladar soldados y armamento hacia aquella zona.
En realidad, las columnas principales avanzarían más al norte, especialmente por Los Patos y Uspallata.

La maniobra formó parte de la denominada guerra de zapa, una estrategia basada en espionaje, rumores, propaganda y difusión de información engañosa. San Martín buscaba dispersar a las fuerzas enemigas antes de comenzar los combates.
Los pasos meridionales también fueron utilizados por columnas patriotas, pero esos movimientos ayudaron a sostener el engaño y aumentar la incertidumbre entre los realistas.
El papel de los pueblos originarios en el Cruce de los Andes
El encuentro permite recuperar una dimensión frecuentemente olvidada de la independencia: la participación activa de los pueblos originarios.
El Ejército de los Andes necesitaba rutas seguras, alimentos, animales y un conocimiento preciso de la geografía. En ese contexto, la colaboración de las comunidades que habitaban cerca de la cordillera resultaba indispensable.

La relación entre San Martín y los pehuenches no estuvo libre de tensiones, pero el parlamento demostró que la campaña libertadora también se construyó mediante acuerdos políticos y negociaciones territoriales.
Qué quedó del Fuerte de San Carlos
Con el paso del tiempo, el establecimiento perdió su función defensiva y gran parte de sus construcciones de adobe desaparecieron. El lugar fue declarado sitio histórico en 1951 y actualmente un museo conserva testimonios vinculados con la vida fronteriza y el parlamento de 1816.
Aunque es menos conocido que otros espacios sanmartinianos, el Fuerte de San Carlos fue escenario de una decisión crucial. Allí, San Martín consiguió aliados, aseguró recursos y puso en circulación la información falsa que necesitaba.
El Cruce de los Andes todavía no había comenzado, pero el Libertador ya estaba librando una de sus batallas más inteligentes.


















