
En medio de los Valles Calchaquíes existe un rincón argentino donde el pasado todavía permanece a la vista. Se trata de La Poma, una localidad de Salta que fue destruida por un terremoto y reconstruida a poca distancia, aunque aún conserva las paredes, calles y viviendas del asentamiento original.
Rodeado de montañas, formaciones volcánicas y caminos de altura, este pueblo guarda una de las historias más impactantes del norte argentino. Una tragedia cambió su destino para siempre y obligó a sus habitantes a comenzar nuevamente, sin abandonar la memoria del lugar donde habían nacido.
La Poma, el pueblo que quedó destruido en la Navidad de 1930
La historia de La Poma está marcada por un episodio que continúa presente en la identidad de sus habitantes. Durante las primeras horas del 24 de diciembre de 1930, un fuerte terremoto sacudió la región y provocó el derrumbe de gran parte del pueblo.
El movimiento alcanzó una magnitud aproximada de 6 y una intensidad VIII en la escala Mercalli. Su epicentro fue localizado en la provincia de Salta, mientras que el hipocentro se encontró a unos 30 kilómetros de profundidad.

El desastre dejó decenas de muertos, numerosos heridos y viviendas completamente destruidas. Mientras las familias se preparaban para celebrar la Nochebuena, los gruesos muros de adobe comenzaron a derrumbarse en cuestión de segundos.
La cifra exacta de víctimas presenta diferencias según las fuentes históricas. Algunos registros contabilizan 33 fallecidos, mientras que otras crónicas mencionan 36 muertos y cerca de 120 heridos. Las dificultades para llegar hasta la zona y la falta de comunicaciones inmediatas habrían provocado las diferencias iniciales.
El pueblo que tuvo que empezar de nuevo
Después del terremoto, los sobrevivientes debieron tomar una decisión definitiva. Reconstruir las viviendas en el mismo sitio significaba permanecer entre los escombros y regresar al escenario de la tragedia.
Por ese motivo, la población comenzó a trasladarse hacia otro sector situado a poca distancia. Así nació La Poma Nueva, construida aproximadamente a un kilómetro del asentamiento destruido.
El nuevo pueblo fue levantado con calles ordenadas, edificios renovados y viviendas más resistentes. Mientras tanto, el lugar original pasó a ser conocido como La Poma Vieja.
Sin embargo, el antiguo caserío nunca desapareció por completo. Algunas paredes, portales y sectores de las viviendas permanecieron en pie. Con el paso de las décadas, las ruinas se convirtieron en una especie de museo histórico a cielo abierto.
Las ruinas que todavía resisten entre las montañas
Las construcciones tradicionales de La Poma fueron realizadas con materiales disponibles en la región, como adobe, barro, piedra y madera. Esta arquitectura permitía enfrentar las bajas temperaturas de la altura, pero resultó vulnerable ante un terremoto de semejante intensidad.
Actualmente, caminar por La Poma Vieja permite observar cómo era la vida antes de 1930. Sus paredes solitarias, enmarcadas por las montañas salteñas, forman uno de los paisajes históricos más particulares de la Argentina.
A diferencia de otros pueblos abandonados, sus habitantes no se marcharon definitivamente. Reconstruyeron su comunidad unos cientos de metros más adelante, manteniendo sus tradiciones, celebraciones y actividades rurales.
La cercanía entre ambos sectores genera un contraste llamativo: por un lado, aparecen las ruinas del antiguo asentamiento; por el otro, continúa la vida cotidiana de los descendientes de quienes sobrevivieron al terremoto.
Volcanes, caminos incas y miles de años de historia
La Poma se encuentra a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar y forma parte del circuito de la Ruta Nacional 40, uno de los caminos más emblemáticos del país.
En sus alrededores se levantan los Volcanes Gemelos, dos formaciones que dominan el paisaje. También se encuentra el Puente del Diablo, una estructura natural originada por antiguos procesos volcánicos que alteraron el curso del río Calchaquí.
Otro de los grandes tesoros locales son los Graneros de La Poma, antiguos depósitos construidos dentro de una gruta para conservar alimentos, especialmente maíz. Estas estructuras están vinculadas con el Qhapaq Ñan, el histórico sistema vial andino.
Los vestigios demuestran que la región estuvo habitada mucho antes de la conformación del pueblo colonial y que funcionó como un punto estratégico para las comunidades que transitaban los caminos de altura.
Cómo es La Poma en la actualidad
Hoy, La Poma mantiene un ritmo tranquilo, marcado por la actividad rural, la cría de animales y la producción de alimentos andinos. Sus calles, viviendas y paisajes conservan una identidad muy diferente a la de los destinos más concurridos de Salta.
Pero su mayor atractivo continúa siendo su historia. La Poma es, al mismo tiempo, un pueblo destruido y un pueblo que logró sobrevivir. Sus habitantes decidieron reconstruir la comunidad y conservar las ruinas como testimonio de aquella Navidad que cambió todo.
Más de nueve décadas después, los muros de La Poma Vieja todavía resisten entre volcanes y montañas. Su silencio no representa la desaparición de un pueblo, sino la memoria de quienes encontraron la fuerza necesaria para levantarlo nuevamente.




















