
La historia de José de San Martín suele estar asociada con batallas, campañas militares y decisiones que cambiaron el rumbo de América del Sur. Sin embargo, detrás del Libertador existió una familia separada por viajes, guerras y enormes distancias.
Una de sus integrantes menos conocidas fue María Elena de San Martín, la única mujer entre los cinco hijos de Juan de San Martín y Gregoria Matorras.
Nació el 18 de agosto de 1771 en la Calera de las Vacas, un antiguo establecimiento situado en la actual zona de Carmelo, Uruguay. Allí también nacieron sus hermanos Manuel Tadeo y Juan Fermín, antes de que la familia se trasladara a Yapeyú.
Su vida transcurrió lejos de los campos de batalla. Sin embargo, su nombre quedó registrado en una de las decisiones más íntimas de San Martín: el testamento que el prócer firmó durante sus últimos años en Europa.
La hermana mayor que acompañó la infancia de San Martín
María Elena fue la hermana mayor del futuro Libertador. Cuando José de San Martín nació en Yapeyú, el 25 de febrero de 1778, ella tenía seis años.
Los primeros años de la familia transcurrieron entre los territorios administrados por Juan de San Martín, quien había sido designado teniente gobernador de Yapeyú. Pero aquella etapa terminó cuando decidió viajar con su esposa y sus cinco hijos a España.

María Elena tenía cerca de 13 años cuando cruzó el océano Atlántico. Ese viaje cambió definitivamente su destino: nunca volvería a instalarse en el territorio americano donde había nacido.
Mientras sus cuatro hermanos varones siguieron carreras vinculadas con las armas, ella construyó su vida en Europa. Le tocó atravesar una época marcada por la Revolución Francesa, las guerras napoleónicas y la crisis de la monarquía española.
El destino de María Elena en España
En Madrid, María Elena de San Martín contrajo matrimonio el 10 de diciembre de 1802 con Rafael González y Álvarez de Menchaca. De esa unión nació Petronila González Menchaca, quien años después también sería mencionada en el testamento de su tío.
Por entonces, José de San Martín todavía formaba parte del ejército español. Recién en 1812 regresaría a Buenos Aires para sumarse al proceso revolucionario iniciado dos años antes.
La decisión profundizó la distancia entre los hermanos. Mientras José combatía por la independencia americana, gran parte de su familia permaneció en Europa o siguió prestando servicios a España.
Manuel Tadeo de San Martín desarrolló una extensa carrera en el ejército español; Juan Fermín de San Martín fue destinado a Filipinas, y Justo Rufino de San Martín participó en las guerras contra las fuerzas napoleónicas.
La cláusula con la que San Martín protegió a su hermana
La distancia no hizo que el Libertador olvidara a María Elena. En el testamento que otorgó en París el 23 de enero de 1844, estableció que su hija, Mercedes Tomasa de San Martín y Escalada, debía entregarle a su hermana una pensión anual de 1.000 francos.

Además, dispuso que, después de la muerte de María Elena, su hija Petronila recibiera 250 francos por año durante el resto de su vida.
La cláusula permite conocer una faceta menos pública del prócer. Detrás del militar que había dirigido el Cruce de los Andes se encontraba también un hermano preocupado por asegurar el futuro económico de su familia.
Una historia familiar separada por el océano
José de San Martín murió el 17 de agosto de 1850 en Boulogne-sur-Mer, Francia. María Elena lo sobrevivió cerca de dos años: falleció en Madrid en 1852, a los 80 años.
Su vida quedó opacada por las hazañas militares de sus hermanos, pero permite reconstruir otra dimensión de la familia San Martín. Fue una mujer nacida en América durante el período colonial, trasladada a Europa en la adolescencia y testigo de un mundo transformado por revoluciones e independencias.
Sesenta años después de aquel viaje que la alejó del Río de la Plata, su nombre volvió a quedar unido al de José de San Martín. No fue mediante una batalla ni una proclama política, sino gracias a una última decisión familiar que sobrevivió al océano, al exilio y a toda una vida de separación.

















