
A orillas del río Negro existe una ciudad de construcciones coloniales, calles empinadas y antiguas cuevas excavadas en la barranca. Detrás de su apariencia tranquila, se esconde uno de los episodios militares más sorprendentes de la historia argentina.
Se trata de Carmen de Patagones, localidad bonaerense que el 7 de marzo de 1827 fue escenario de un combate desigual. Una fuerza integrada por pobladores, gauchos, soldados, corsarios y afrodescendientes logró frenar la invasión del Imperio del Brasil.
La victoria evitó la caída de uno de los asentamientos más importantes del extremo sur. Casi dos siglos después, dos banderas capturadas durante el enfrentamiento permanecen en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen.
Carmen de Patagones, la puerta de entrada a la Patagonia
Los orígenes de Carmen de Patagones se remontan a fines del siglo XVIII, cuando la Corona española buscaba fortalecer su presencia en la Patagonia frente al avance de otras potencias.
El primer asentamiento se levantó cerca de la desembocadura del río Negro, pero las inundaciones obligaron a trasladarlo hacia terrenos más elevados. Con el paso de los años, la población creció alrededor del fuerte del Carmen y se convirtió en un punto estratégico para controlar el ingreso hacia el interior patagónico.

En 1827, la ciudad tenía cerca de 900 habitantes. Su economía se sostenía mediante la ganadería, la agricultura, las salinas y la actividad portuaria. Además, durante la Guerra del Brasil, su puerto comenzó a ser utilizado por corsarios que atacaban embarcaciones comerciales brasileñas.
Aquella actividad convirtió al pueblo en un objetivo militar. Para el Imperio del Brasil, destruir el fuerte significaba terminar con los ataques corsarios y controlar un acceso estratégico al territorio patagónico.
La poderosa flota que llegó para tomar el pueblo
La expedición invasora estuvo comandada por el capitán británico James Shepherd. Contaba con dos corbetas, un bergantín, una goleta y más de 600 hombres.
La defensa local, en cambio, parecía insuficiente. El comandante Martín Lacarra disponía de alrededor de un centenar de infantes. A ellos se sumaron jinetes, artilleros, corsarios, vecinos y afrodescendientes que habían obtenido su libertad.

Las mujeres también desempeñaron una función importante. Según los relatos históricos, algunas se colocaron prendas militares para simular desde la distancia que el fuerte tenía una fuerza defensiva mucho mayor.
La marcha que debilitó a los invasores
El avance brasileño comenzó con problemas. Una de sus embarcaciones encalló en los peligrosos bancos de arena de la desembocadura del río Negro. Ante las dificultades para continuar por agua, los invasores desembarcaron y decidieron avanzar por tierra.
La elección resultó determinante. Los soldados caminaron durante horas entre arena, vegetación cerrada y matorrales espinosos. Sin conocer el terreno y con pocas reservas de agua, llegaron exhaustos al Cerro de la Caballada.

Allí los esperaban los defensores dirigidos por el subteniente Sebastián Olivera y el baqueano José Luis Molina. El conocimiento del territorio les permitió sorprender a una fuerza superior en número, pero debilitada por el cansancio y la sed.
Durante el combate murió Shepherd y el desconcierto se extendió entre los invasores. Al mismo tiempo, los corsarios atacaron las embarcaciones que permanecían en el río. Sin posibilidad de regresar a sus barcos, las tropas imperiales terminaron rindiéndose.
Las banderas que todavía conserva Carmen de Patagones
La victoria dejó un resultado contundente: los defensores capturaron tres embarcaciones, 28 cañones, armamento y cientos de prisioneros. También tomaron siete banderas del Imperio del Brasil.
Con el paso del tiempo, algunas de esas insignias desaparecieron. Sin embargo, dos todavía se encuentran en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, donde permanecen como testimonio de la batalla.
La ciudad conserva otras marcas de aquel pasado. El Cerro de la Caballada recuerda el lugar del enfrentamiento, mientras que la torre del antiguo fuerte, las casas coloniales y las cuevas de la barranca permiten reconstruir la vida de sus primeros habitantes.
Cada 7 de marzo se celebra la Fiesta Provincial de la Soberanía Patagónica, que homenajea a los gauchos, soldados, corsarios, mujeres, vecinos y afrodescendientes que participaron en la defensa.
Hoy, Carmen de Patagones parece una localidad tranquila detenida frente al río. Sin embargo, las banderas conservadas dentro de su iglesia revelan su extraordinario pasado: fue el pueblo que enfrentó a un imperio, protegió la entrada a la Patagonia y consiguió una de las victorias más inesperadas de la historia argentina.






















