
En un territorio rodeado de acantilados, fuertes vientos y aguas impredecibles, la Argentina levantó una construcción destinada a proteger a los navegantes. Se trataba del Faro de San Juan de Salvamento, inaugurado el 25 de mayo de 1884 en la remota Isla de los Estados, Tierra del Fuego.
Su estructura original funcionó durante apenas 18 años. Sin embargo, aquella pequeña casa de madera consiguió dejar una huella que continúa vigente: inspiró una novela de Julio Verne, fue reconstruida más de un siglo después y pasó a la historia como el Faro del Fin del Mundo.
Una luz argentina frente a los mares más peligrosos
Durante las últimas décadas del siglo XIX, navegar por las aguas cercanas al cabo de Hornos era una misión de alto riesgo. Los barcos debían enfrentar oleaje intenso, bancos de niebla, fuertes tormentas y salientes rocosas difíciles de detectar.
En ese contexto, la División Expedicionaria al Atlántico Sur, comandada por Augusto Lasserre, instaló en 1884 una subprefectura marítima, una estación de salvamento, un penal y el faro. El objetivo era señalizar la costa y asistir a las embarcaciones en emergencia.

El nombre de San Juan ya identificaba al cabo sobre el que fue construido. Lasserre agregó la expresión “de Salvamento” para dejar en claro la función de aquel establecimiento perdido en el extremo austral.
A diferencia de los faros tradicionales, no tenía una gran torre. Era una casa de madera de lenga con 16 lados, aproximadamente cinco metros de altura y nueve metros de diámetro. Su luz era producida por ocho lámparas de querosén, colocadas detrás de ventanas con cristales especiales.
El problema que obligó a apagarlo
A pesar de su importancia, el faro tenía una dificultad inesperada: su luz no siempre podía verse desde el mar.
La escasa potencia de las lámparas, las montañas, los islotes cercanos y la nubosidad frecuente reducían considerablemente su alcance. En determinadas condiciones climáticas, la señal quedaba completamente oculta.

Ante esta situación, el Gobierno argentino decidió construir el Faro Año Nuevo en la isla Observatorio, ubicada más al norte. Finalmente, el Faro de San Juan de Salvamento fue apagado en octubre de 1902, después de permanecer activo durante 18 años.
Aunque parecía condenado al abandono, su historia recién comenzaba.
Julio Verne lo convirtió en el Faro del Fin del Mundo
El aislamiento de la isla y la imagen de una luz solitaria frente al océano inspiraron al escritor francés Julio Verne. Ese escenario se convirtió en el centro de su novela El faro del fin del mundo, publicada en 1905.
La obra cuenta la historia de tres argentinos encargados de custodiar el faro, quienes deben enfrentarse a una banda de piratas que pretende utilizar la isla para atacar embarcaciones.

El éxito de la novela hizo que el lugar fuera conocido internacionalmente como el Faro del Fin del Mundo. Su valor, sin embargo, no es únicamente literario: también representa el esfuerzo realizado por la Argentina para establecer puestos de auxilio y señales marítimas en una región extrema.
La reconstrucción de un símbolo argentino
Después de su desactivación, el edificio quedó expuesto durante décadas al frío, la humedad y los fuertes vientos. Con el paso del tiempo, su estructura se deterioró casi por completo.
En la década de 1990, especialistas del Museo Marítimo de Ushuaia, el Museo del Fin del Mundo y la Armada Argentina comenzaron a investigar y recuperar sus restos.
En febrero de 1997, algunas piezas fueron trasladadas hasta Ushuaia a bordo del rompehielos ARA Almirante Irizar. A partir de fotografías antiguas y estudios arqueológicos se construyó una réplica a escala real, inaugurada el 3 de octubre de 1997.
Un año después, un grupo de franceses fascinado por la novela de Verne colaboró con el Servicio de Hidrografía Naval para reconstruir el faro en su emplazamiento original.
La nueva estructura fue equipada con paneles solares y sistemas modernos de ayuda a la navegación. Así, casi un siglo después de haber sido apagada, su luz volvió a brillar sobre la Isla de los Estados.
El acceso al lugar continúa restringido y alejado del turismo masivo. Esa condición conserva la atmósfera que hizo célebre al faro: una diminuta construcción argentina frente a uno de los paisajes más inhóspitos del planeta.
Más de 140 años después de su inauguración, el Faro de San Juan de Salvamento sigue cautivando por reunir historia, naufragios, literatura, exploración y soberanía. Estuvo activo solamente durante 18 años, pero su historia consiguió atravesar generaciones.



















