La trágica historia de amor de Güemes: el prócer admirado por San Martín y Belgrano cuya esposa murió de tristeza
El héroe gaucho que cambió la guerra en el Norte también protagonizó un romance trágico: su esposa, incapaz de superar su pérdida, falleció de tristeza un año después.

En la historia argentina, pocos nombres despiertan tanto respeto como el de Martín Miguel de Güemes. Héroe de la Independencia, estratega brillante y líder nato, fue uno de los hombres más valorados por José de San Martín y Manuel Belgrano, quienes vieron en él al aliado indispensable para sostener el Norte mientras avanzaba el proyecto libertador.Pero detrás del guerrero hay una historia menos conocida, profundamente humana y dolorosa: el amor inconsolable de su esposa, Carmen Puch, una mujer que literalmente se dejó morir de tristeza tras la muerte del general.

Un guerrero admirado por los grandes
San Martín no dudó nunca en reconocerlo: sin Güemes y sus gauchos, sería imposible garantizar la retaguardia del Ejército de los Andes. Mientras él cruzaba hacia Chile para continuar la campaña libertadora, el salteño sostenía la frontera norte con una estrategia que cambió el curso de la guerra: la guerra de guerrillas, una forma de combate que desgastó tropas realistas, frenó invasiones y permitió ganar tiempo clave.
Belgrano, por su parte, supo ver en él a un líder genuino. En varias cartas, lo describió como un hombre “apto, valiente y resuelto”, capaz de movilizar a todo un pueblo.
A los 36 años, Güemes ya era gobernador de Salta, figura indispensable de la causa independentista y referente de una población que lo seguía como a un padre.
Carmen Puch: la mujer que eligió morir de amor
En 1815, con solo 18 años, Carmen Puch de Güemes se casó con el héroe salteño. La historia cuenta que fue un amor intenso, marcado por la distancia de la guerra pero también por la admiración mutua. Carmen, joven de familia tradicional, apoyó desde el inicio las campañas de su esposo, incluso cuando eso implicaba quedar sola durante meses.
Pero el destino sería cruel.

El 17 de junio de 1821, Güemes murió tras once días agonizando por una herida de bala recibida en una emboscada realista. Tenía apenas 36 años. Cuando la noticia llegó a Carmen, todo se quebró para siempre.
Dicen los relatos históricos que jamás volvió a vestirse de otro color que no fuera el luto, y que su salud comenzó a deteriorarse de manera acelerada. Dejó de comer, se aisló y cayó en una depresión profunda de la que nunca saldría.
Murió un año después, con solo 23 años, consumida por el dolor.
Un amor que quedó grabado en la memoria del Norte
La historia de Carmen y Güemes no suele aparecer en los manuales escolares, pero en Salta forma parte de la memoria popular. Allí se recuerda no solo al estratega que defendió la frontera norte, sino también al hombre amado por una mujer que no pudo sobrevivir a su ausencia.
Incluso hoy, el romanticismo trágico de esa relación conmueve: un héroe muerto por la patria y una esposa joven que eligió seguirlo, no con un acto dramático, sino dejando que la tristeza la apagara lentamente.

El legado que aún inspira
Güemes es hoy reconocido como uno de los pilares de la independencia argentina. Su figura fue revalorizada en las últimas décadas, y su rol como protector del Norte ganó el lugar que merecía en la historiografía nacional.
Pero su historia no está completa sin Carmen. Ella es el rostro íntimo de un proceso épico. La prueba de que detrás de cada prócer hubo seres humanos que amaron, sufrieron y dejaron huellas silenciosas en la historia.
Y es, también, un recordatorio de que la patria se construyó no solo con batallas, sino con vidas entregadas tanto en el campo de guerra como en la espera dolorosa.


















