Retirada británica de Malvinas
Retirada británica de Malvinas Foto: Archivo

El 22 de mayo de 1774 quedó registrado como una fecha clave en la historia de las Islas Malvinas. Ese día, cumpliendo estrictamente las órdenes enviadas desde Londres, las fuerzas británicas abandonaron Puerto Egmont, su asentamiento en el archipiélago. La retirada, motivada más por presiones económicas y estratégicas internas que por una disputa directa con España, inauguró un complejo capítulo de tensiones, interpretaciones y disputas territoriales que continúan hasta la actualidad.

A mediados del siglo XVIII, Inglaterra atravesaba un escenario cargado de desafíos: crecían los costos de mantener asentamientos ultramarinos y se intensificaba el conflicto con las Trece Colonias norteamericanas. En ese marco, las autoridades británicas resolvieron que sostener un puesto militar remoto como Puerto Egmont era insostenible. La prioridad estaba en otro lugar, y el Atlántico Sur dejó momentáneamente de ocupar un sitio central en los intereses del Imperio.

Lo que la historia británica no quiere contar Foto: Archivo

Cómo fue el abandono inglés

La evacuación se realizó de manera ordenada. Las tropas desmontaron edificaciones, embarcaron provisiones y dejaron el asentamiento en silencio. Pero lo más relevante fue un gesto simbólico destinado a trascender el paso del tiempo: los británicos dejaron una placa de plomo, claramente visible, donde afirmaban que la retirada no debía interpretarse como una renuncia a sus derechos sobre las islas. En otras palabras, se iban, pero no cedían soberanía.

España, que ya mantenía presencia en Puerto Soledad, ocupó Puerto Egmont poco después. La salida británica se interpretó como un avance diplomático para la Corona española, que consolidaba su control sobre las islas sin necesidad de recurrir a la fuerza. Sin embargo, la disputa no quedó resuelta; por el contrario, la placa británica se convertiría en un antecedente clave en reclamos futuros.

Combate en Puerto Egmont Foto: Wikipedia

Un antecedente bisagra para Argentina

Ese antecedente también sería central siglos más tarde para la República Argentina, que desde su independencia heredó de España los territorios bajo su administración, incluida su presencia en las Malvinas. Para el Estado argentino, la ocupación española posterior a 1774 y su ejercicio administrativo hasta 1811 forman parte del fundamento histórico y jurídico de su reclamo.

La Argentina sostiene que, tras la retirada española en 1811, ejerció actos efectivos de soberanía, como la designación de autoridades y la regulación de actividades económicas. Ese proceso culminaría abruptamente en 1833, cuando el Reino Unido volvió a ocupar las islas, expulsando a las autoridades argentinas. Desde entonces, la reivindicación de soberanía se convirtió en una política de Estado, sostenida de manera ininterrumpida por todos los gobiernos argentinos.

Malvinas argentinas Foto: Archivo

En este sentido, el abandono británico de 1774 adquiere un valor histórico particular para el reclamo argentino: evidencia un período en el cual no existía presencia británica efectiva y en el que España —cuya continuidad heredó Argentina— ejercía control sobre el archipiélago. La placa dejada por los británicos, concebida como una reserva de derechos, se transformó con el tiempo en un elemento interpretado de forma opuesta por ambas partes.

A más de dos siglos de aquel retiro, el episodio continúa siendo objeto de análisis. No fue un simple movimiento militar: fue una decisión que aún hoy tiene eco en la política internacional. El abandono de Puerto Egmont en 1774 no sólo reorganizó el mapa del Atlántico Sur en su tiempo, sino que también dejó un legado que forma parte esencial del reclamo argentino por la soberanía de las Malvinas, una causa que sigue vigente en el presente.