Combate de los Pozos, la calle que une Congreso con el sur porteño y recuerda una de las mayores hazañas navales argentinas
La calle Combate de los Pozos atraviesa Congreso, Balvanera y el sur porteño mientras resguarda la memoria de una de las gestas navales más audaces del Almirante Guillermo Brown. Entre edificios históricos, estaciones de subte y vida urbana intensa, su nombre recuerda el combate de 1826 en el que una pequeña escuadra argentina resistió con valentía a una poderosa flota brasileña.

En Buenos Aires existen calles que, aunque se caminen todos los días, esconden historias que laten por debajo del asfalto. Combate de los Pozos es una de ellas: una arteria que nace frente al imponente Congreso Nacional y avanza hacia el sur, poniendo en diálogo el pulso urbano con un pasado de coraje, humo de pólvora y una de las jornadas más audaces del Almirante Guillermo Brown.
Su nombre homenajea al Combate de Los Pozos, librado el 11 de junio de 1826 frente al puerto de Buenos Aires, en una zona de gran profundidad del Río de la Plata, de ahí el nombre “Los Pozos”. Allí, la endeble escuadra argentina, dirigida por Brown, se enfrentó a una poderosa flota imperial brasileña durante la Guerra del Brasil.

La calle y su recorrido: un corredor vivo entre barrios, historias y estilos
Hoy, Combate de los Pozos es una vía fundamental dentro de la Ciudad de Buenos Aires. Comienza en Avenida Rivadavia, junto al Congreso, atraviesa Balvanera, sigue por San Cristóbal, roza Constitución según algunos registros, y finaliza su trayecto en Avenida Caseros, ya en Parque Patricios.
A lo largo de este recorrido, la calle va cambiando de piel. En su primer tramo, los edificios de principios del siglo XX bordean la traza, mezclados con cafés tradicionales, comercios y oficinas ubicadas cerca del Parlamento. Más al sur, el ambiente se vuelve más barrial: aparecen casas bajas, instituciones educativas —como el Instituto Superior de Viajantes (ISV) y la Universidad Favaloro—, hoteles, bancos y una vibrante vida urbana.

Además, su accesibilidad la convierte en un corredor estratégico: cerca transitan Congreso (Línea A) y Entre Ríos y Pichincha (Línea E), estaciones de subte que facilitan un flujo continuo de porteños, estudiantes y turistas.
Con una numeración que se extiende aproximadamente del 0 al 2200, Combate de los Pozos traza así más de veinte cuadras donde conviven pasado y presente.
La gesta que le dio nombre: la audacia de Brown ante 31 barcos enemigos
Pero detrás del tránsito actual hubo una vez un estruendo muy distinto. Aquel 11 de junio de 1826, el cielo sobre Buenos Aires se oscureció por el humo del combate naval entre la escuadra argentina y los 31 buques del Imperio del Brasil, que avanzaban con la intención de someter o bombardear la ciudad. Guillermo Brown tenía apenas 4 barcos y 7 cañoneras, pero contaba con una estrategia clara: colocó sus naves transversalmente al canal de acceso, configurando una barrera que obligaba a la flota enemiga a combatir de manera limitada, anulando gran parte de su superioridad.

Desde las barrancas y techos porteños, hombres, mujeres y niños observaron el enfrentamiento en tiempo real. El pueblo fue testigo de la arenga más célebre del Almirante: “¡Fuego rasante, que el pueblo nos contempla!”, gritó Brown antes de abrir fuego.
A pesar de la desproporción, los argentinos resistieron tenazmente. Tras horas de estruendo, la escuadra brasileña se retiró, y Buenos Aires celebró una victoria que, más allá de los matices de algunos cronistas, representó un triunfo moral y estratégico en la Guerra del Brasil.
Una calle que late entre el presente y la memoria
Hoy, la mayoría de quienes caminan por esta calle no imagina que su nombre nace de un episodio en el que la ciudad misma contuvo el aliento mientras veía a Brown defenderla desde el río. Entre colectivos, autos y estudiantes apurados, el pasado parece dormido. Pero está ahí: en los carteles azules, en las placas de nomenclatura y en el eco de un Buenos Aires que una vez miró al río como si mirara al horizonte de su propio destino.
Combate de los Pozos no es solo una calle. Es un recordatorio. Un pequeño homenaje urbano a una proeza casi olvidada, una invitación a detenerse y escuchar —aunque sea por un instante— el rumor lejano de aquel combate que alguna vez hizo temblar a la ciudad.


















