Los despectivos apodos “indiano” y “soldadote” que persiguieron a José de San Martín a lo largo de su vida
José de San Martín, nacido el 25 de febrero de 1778 en Yapeyú, creció marcado por prejuicios y burlas que lo acompañaron desde la infancia y moldearon su carácter antes de convertirse en el Libertador de América.

La figura de José de San Martín suele presentarse como la de un héroe incuestionable, un estratega brillante y uno de los pilares fundamentales de la independencia sudamericana. Sin embargo, detrás del bronce también existió un niño y un hombre marcados por prejuicios, burlas y estigmas sociales que lo acompañaron desde muy temprano. Su vida estuvo atravesada por apodos despectivos que revelan el contexto cultural de su época y los desafíos personales que enfrentó incluso antes de ser el Libertador.
Uno de los primeros y más hirientes apodos que recibió fue el de “indiano”, adjudicado durante sus primeros años en España, donde pasó prácticamente toda su infancia tras dejar Yapeyú a los tres años. Sus rasgos físicos y su procedencia americana despertaron burlas entre sus compañeros del Regimiento de Murcia, quienes lo señalaban como un extranjero de menor categoría. Así lo cuenta un reciente artículo que describe cómo este mote lo acompañó desde niño y en plena guerra, cuando debía demostrar su valor en un ambiente hostil tanto por el conflicto armado como por las diferencias sociales con sus pares.

¿Por qué lo llamaban “indiano”y “soldadote”?
Su aspecto moreno y su forma de hablar lo hacían blanco fácil para los jóvenes peninsulares, quienes no tardaron en remarcar cualquier señal que lo diferenciara del resto. En un contexto donde lo europeo era sinónimo de prestigio, la palabra “indiano” funcionaba como una marca de inferioridad. Ese señalamiento no solo afectó su infancia, sino que moldeó su carácter y su determinación. También coincide con lo registrado en otra investigación histórica que señala que “el indiano” fue uno de los primeros apodos que recibió debido a su origen americano.
Pero el hostigamiento no terminó allí. Ya de adulto, instalado en Buenos Aires y dispuesto a iniciar la campaña emancipadora, San Martín sufriría otro apodo despectivo que provenía nada menos que del ámbito familiar. Su suegra, Doña Tomasa de la Quintana, se oponía fervientemente al matrimonio entre su hija, Remedios de Escalada, y aquel militar que consideraba de origen humilde y poco prestigioso. Fue ella quien comenzó a llamarlo, con desprecio, “el soldadote”, una burla destinada a minimizar su trayectoria y ridiculizar su condición militar.

Prejuicios al Libertador
Este apodo es especialmente revelador porque muestra que los prejuicios hacia San Martín no solo provenían de Europa, sino también de los sectores acomodados del Río de la Plata. A los ojos de la élite porteña, el futuro Libertador no encajaba del todo en el círculo social que rodeaba a los Escalada. Con el tiempo, su impecable desempeño militar y su rol emancipador borrarían esa mirada clasista, pero el mote de “soldadote” quedó registrado como parte de la tensión inicial que rodeó su matrimonio.
Los dos apodos —indiano y soldadote— trazan un hilo común en la vida del General: la constante subestimación a la que fue sometido antes de convertirse en el héroe continental que la historia consagraría. Cada uno, surgido en momentos distintos, revela un San Martín más humano, vulnerable y, a la vez, resiliente. Un hombre que debió ganarse respeto en dos continentes y superar barreras sociales que hoy nos ayudan a comprender aún más la magnitud de su legado.


















