Un ícono de la zona oeste de la Ciudad
Un ícono de la zona oeste de la Ciudad Foto: Instagram @buenosaires.ar

En el extremo oeste de la Ciudad de Buenos Aires, donde alguna vez fue campo abierto y horizonte pampeano, Mataderos vuelve a mirar sus raíces. Hoy, el histórico barrio recupera las huellas de su origen gracias a la puesta en valor de la Antigua Administración del Mercado de Hacienda y del icónico Monumento al Resero, dos símbolos que vuelven a latir para reivindicar su identidad más profunda.

La historia de Mataderos comienza a fines del siglo XIX, cuando el Estado decidió adquirir estas tierras con un propósito claro: trasladar allí los mataderos porteños y crear un nuevo polo productivo que reorganizara el comercio de carne, una actividad vital para la Argentina de la época. “El barrio en realidad se conforma gracias a la instalación de los mataderos acá. Para esa época esto era el campo”, explica Salvador Morelli, gerente del proyecto de restauración.

Mataderos Foto: Instagram @buenosaires.ar

El complejo comenzó a operar en 1900 y fue inaugurado oficialmente en 1901, convirtiéndose rápidamente en un imán de desarrollo urbano. La modernidad de sus instalaciones y la promesa de un movimiento económico imparable marcaron el comienzo de una transformación que moldeó las calles, los oficios y la vida cotidiana del barrio. Durante décadas, Mataderos fue sinónimo de trabajo intenso: camiones entrando y saliendo, peones arriando ganado, mercados, trabajadores y familias que construyeron una identidad popular y profundamente ligada a la producción.

Un barrio que recupera su esplendor Foto: Instagram @martin_recorre

Mataderos, un símbolo de la tradición

Con el paso del tiempo, el entorno se convirtió en un ecosistema cultural: la Feria de Mataderos, el monumento al Resero, los oficios tradicionales y el pulso criollo que distingue al barrio. Pero el corazón de este universo siempre fue el Mercado de Hacienda, que funcionó de manera ininterrumpida hasta 2021, cuando finalmente se mudó a Cañuelas tras vencerse las prórrogas de la ley que prohibía el ingreso de ganado en pie a la ciudad. Con su partida, el predio quedó vacío y la comunidad se enfrentó a la incertidumbre sobre su futuro.

Hoy, ese vacío empieza a llenarse de sentido. Desde octubre del año pasado avanzan las obras de restauración del edificio centenario y del Monumento al Resero. Los trabajos buscan reconstruir la imagen original, basándose en testimonios, planos y registros históricos. El desafío no es simple: la estructura combina perfiles metálicos y adobe, un material con trazas orgánicas que exige técnicas de conservación extremadamente delicadas para evitar su degradación.

Un barrio bien tradicional Foto: Instagram @martin_recorre

Este proceso de recuperación no solo apunta a rescatar la memoria material, sino también a reactivar un polo cultural y turístico que ya forma parte del ADN porteño. La creación de un “casco histórico de Mataderos” promete reconectar al barrio con sus orígenes y, al mismo tiempo, proyectarlo hacia un futuro donde patrimonio, identidad y comunidad convivan de forma armónica. Imágenes preliminares muestran cómo podría verse la zona una vez finalizada la puesta en valor: un espacio que honra su historia, pero dialoga con la ciudad moderna.

Mataderos está escribiendo un nuevo capítulo. Un capítulo que recupera su pasado para volver a dar la hora —como el reloj del histórico edificio que también será restaurado— y recordarle a Buenos Aires que su historia no se agota en el Microcentro o en San Telmo. Porque aquí, en este “otro casco histórico”, también late el pulso de una ciudad que nunca deja de reinventarse.