Los ingleses enterrados bajo el asfalto
Los ingleses enterrados bajo el asfalto Foto: Foto generada con IA

Buenos Aires guarda secretos que no figuran en los mapas turísticos. Algunos no están detrás de una puerta antigua ni en una vitrina de museo, sino debajo de las baldosas, en pleno corazón de la ciudad. A metros de avenidas transitadas y comercios emblemáticos, existe una calle que fue escenario final de una de las derrotas más significativas del Imperio Británico en América del Sur: el lugar donde fueron enterrados cientos de soldados ingleses tras las Invasiones de 1806 y 1807.

Hoy se trata del Pasaje 5 de Julio, en el barrio de Monserrat. Pero a comienzos del siglo XIX, ese mismo espacio era la huerta del Convento de Santo Domingo, convertida de manera urgente y precaria en campo santo luego de los combates urbanos que definieron el destino de Buenos Aires.

Una ciudad que combatió casa por casa

El historiador Eduardo Lazzari sostiene que las Invasiones Inglesas “no fueron batallas convencionales, sino una verdadera guerra urbana, donde los vecinos pelearon desde los balcones, las azoteas y las iglesias”. Aquella resistencia popular fue clave para frenar el avance de tropas profesionales que subestimaron a una ciudad pequeña, pero decidida.

Invasiones inglesas. Foto: Wikipedia.
Invasiones inglesas. Foto: Wikipedia.

El 5 de julio de 1807 marcó la caída definitiva del ejército británico. El último reducto fue el propio convento dominico, que terminó tomado y saqueado. “La derrota inglesa se selló no en un campo abierto, sino en el entramado de calles coloniales”, explica el historiador Adrián Pignatelli, especialista en el período, quien destaca que Buenos Aires “aprendió a defenderse a sí misma antes incluso de pensarse como Nación”.

La huerta que se transformó en sepultura

Finalizados los combates, el problema fue inmediato: qué hacer con cientos de cuerpos. Los dominicos cedieron su huerta para enterrar a los soldados británicos y a combatientes criollos caídos. Según Pignatelli, “se trató de una fosa masiva, una solución sanitaria urgente en una ciudad sin infraestructura funeraria para una tragedia de esa magnitud”.

Durante décadas se habló de entre 2.700 y 3.000 cuerpos, aunque las investigaciones posteriores sugieren que el número pudo haber sido menor. Aun así, la dimensión del entierro fue inédita para la Buenos Aires colonial.

Pasaje 5 de Julio Foto: Instagram @andregrevex

Del cementerio improvisado al pasaje histórico

Con el correr de los años, la huerta fue expropiada en el contexto de las reformas impulsadas por Bernardino Rivadavia. Allí se abrió un pasaje urbano que terminó recibiendo su nombre definitivo: 5 de Julio, en homenaje al día en que la ciudad derrotó a los invasores.

El historiador Jorge Gelman remarca que “la toponimia porteña no es azarosa: muchas calles funcionan como un archivo a cielo abierto que narra victorias, conflictos y disputas del pasado”. En ese sentido, el nombre del pasaje no solo recuerda una fecha, sino una identidad en construcción.

¿Los restos siguen allí?

Uno de los mitos más persistentes sostiene que los cuerpos continúan bajo el asfalto. Sin embargo, los registros indican que los restos fueron trasladados a distintos cementerios durante las obras de urbanización. “La idea de que siguen allí habla más de nuestra relación con el pasado que de un hecho comprobable”, señala Lazzari, al tiempo que subraya que el impacto simbólico permanece, aun sin restos físicos.

Convento Santo Domingo donde están los restos de Belgrano. Foto: Instagram @miremospararriba
Convento Santo Domingo donde están los restos de Belgrano. Foto: Instagram @miremospararriba

Las huellas que todavía hablan

La Basílica de Santo Domingo conserva evidencias directas de aquella batalla: banderas británicas capturadas y marcas de cañonazos aún visibles en su campanario. En su atrio descansa también Manuel Belgrano, cuyo sepulcro suma una capa más de significado a un espacio atravesado por la historia militar, política y social del país.

Caminar sobre la memoria

Recorrer hoy el Pasaje 5 de Julio es hacerlo sobre una historia que muchos desconocen. Como afirma Gelman, “las ciudades no olvidan: somos nosotros quienes dejamos de mirar”. Buenos Aires fue testigo de una derrota imperial que anticipó el espíritu independentista de los años siguientes.

Porque a veces, para entender quiénes somos, alcanza con mirar el suelo que pisamos. Y animarse a escuchar lo que todavía intenta contarnos.