La primera foto de un asado: por qué se la debemos a los escoceses
Tomada hacia 1860, este registro revela cómo inmigrantes escoceses documentaron sin saberlo el nacimiento visual de una de las tradiciones más emblemáticas del país.

La imagen es simple y poderosa: hombres reunidos alrededor del fuego, la carne expuesta al calor directo y el campo abierto como escenario. No hay parrillas modernas ni rituales codificados, pero sí un gesto que hoy resulta inconfundible. Esa escena, considerada la primera fotografía conocida de un asado en la Argentina, no fue capturada por gauchos ni por viajeros criollos, sino por pioneros escoceses que, sin saberlo, dejaron un testimonio fundamental de la identidad nacional.
La fotografía fue tomada hacia 1860, en la provincia de Buenos Aires, más precisamente en el partido de General Lavalle, en la zona conocida históricamente como Rincón de Ajó, cerca del actual pueblo de General Lavalle y del antiguo puerto de Ajó. Se trata de un ambrotipo, una técnica fotográfica temprana que antecede al uso masivo del negativo y que exigía largas exposiciones, poses quietas y una preparación minuciosa del entorno. Por eso, cada imagen lograda tenía un enorme valor documental.
El establecimiento se llamó Estancia “Los Yngleses”, un nombre que quedó asociado a sus fundadores escoceses y que aún hoy identifica a ese enclave rural del sudeste bonaerense, a pocos kilómetros de la desembocadura del río Ajó y de los bañados del Tuyú.
Un asado antes de ser tradición
En aquel entonces, el asado no era todavía el ritual social que hoy define a los argentinos. Era, sobre todo, una práctica cotidiana ligada al trabajo rural, a la abundancia de ganado y a la necesidad de alimentarse en jornadas extensas. La fotografía registra ese momento previo a la mitificación: carne al fuego, hombres de faena y un paisaje sin domesticar.
Lo notable es que fueron inmigrantes escoceses quienes decidieron registrar esa escena, conscientes de que estaban documentando una forma de vida. A diferencia de otras imágenes de la época, retratos familiares o paisajes urbanos, esta foto pone el foco en la cultura del trabajo y en una costumbre local que aún no tenía nombre propio.

Los escoceses y la pampa: una historia poco contada
Durante la primera mitad del siglo XIX, varias familias escocesas se establecieron en el sur de la provincia de Buenos Aires. Llegaron con conocimientos ganaderos, técnicas productivas modernas para la época y una fuerte vocación por registrar su experiencia en el Nuevo Mundo. Algunos de ellos habían tenido contacto con los primeros avances de la fotografía en Europa y vieron en esa herramienta una forma de dejar constancia de su legado.
En esas estancias se desarrolló una intensa actividad ovina y bovina, que terminó de moldear la economía rural argentina. Sin proponérselo, estos colonos también funcionaron como puentes culturales: adoptaron costumbres locales, como el consumo de carne asada al fuego, y al mismo tiempo introdujeron prácticas europeas de organización y registro.

La foto que hizo visible una identidad
La importancia de esa primera imagen del asado no radica solo en su antigüedad. Su valor está en haber capturado un modo de estar juntos, una escena comunitaria que con el tiempo se transformó en uno de los símbolos más potentes de la argentinidad.
Décadas después, el asado pasó de ser una necesidad rural a convertirse en rito social, celebración familiar y espacio de encuentro. Sin embargo, esa transformación no habría quedado documentada sin la mirada extranjera que supo reconocer que allí había algo más que comida: había identidad.
Fotografía, inmigración y memoria
El ambrotipo del asado demuestra cómo la historia cultural no siempre es escrita por quienes protagonizan las tradiciones, sino muchas veces por quienes las observan con atención. Los escoceses que posaron, y fotografiaron, aquella escena no buscaban definir lo argentino, pero terminaron ofreciendo una prueba visual irrefutable de su génesis.
Hoy, esa imagen es una pieza clave para entender cómo se construyó el imaginario rural del país. No muestra héroes ni batallas, sino un momento cotidiano que, con el paso del tiempo, se volvió extraordinario.

Un legado que sigue vivo
Más de un siglo y medio después, cada asado revive, sin saberlo, aquel primer registro. El fuego, la espera, la charla y la carne compartida conservan la misma lógica esencial. Y detrás de ese ritual tan argentino permanece la huella de aquellos inmigrantes escoceses que, cámara en mano, supieron detener el tiempo.
La primera foto de un asado no solo retrata un alimento: retrata el origen visual de una tradición que todavía define quiénes somos.



















