
Antes de convertirse en escenario de festejos deportivos, recitales y manifestaciones, la avenida 9 de Julio era una ambiciosa línea dibujada sobre los planos de Buenos Aires.
La ciudad crecía, el tránsito aumentaba y sus calles angostas parecían insuficientes. Para abrir una arteria de semejantes dimensiones en pleno centro, las autoridades debieron avanzar sobre numerosas propiedades y modificar para siempre el paisaje porteño.
La avenida recibió su nombre en homenaje a la Declaración de la Independencia del 9 de julio de 1816. Aunque la ley que autorizó su construcción fue sancionada en 1912, el primer tramo se inauguró recién el 12 de octubre de 1937, durante la presidencia de Agustín P. Justo. Apenas comprendía cinco cuadras, entre Bartolomé Mitre y Tucumán.
Una avenida que tardó décadas en atravesar Buenos Aires
La construcción de la 9 de Julio se realizó por etapas. El proyecto buscaba crear un gran eje de circulación entre el norte y el sur de la ciudad, pero para conseguirlo fue necesaria una sucesión de expropiaciones y demoliciones.

Donde actualmente existen carriles, plazoletas y jardines, antes se levantaban casas, edificios y comercios. Detrás de la imagen de modernidad también hubo vecinos que debieron abandonar sus propiedades y sectores enteros que desaparecieron del mapa.
La transformación completa demandó alrededor de 43 años. Con un ancho que alcanza los 140 metros, la avenida terminó uniendo las zonas de Constitución y Retiro y comenzó a ser presentada como “la avenida más ancha del mundo”.
La iglesia demolida y el cadáver perdido de Manuel Alberti
Una de las desapariciones más significativas fue la antigua iglesia de San Nicolás de Bari, situada donde actualmente se encuentra el Obelisco.
El templo tenía un enorme valor histórico. En su torre se había izado oficialmente por primera vez la bandera argentina en Buenos Aires, el 23 de agosto de 1812. Sin embargo, fue demolido en 1931 como parte de las reformas vinculadas con el ensanche de Corrientes y la futura apertura de la 9 de Julio.

La demolición dejó uno de los grandes misterios de la ciudad. En aquella iglesia habría sido sepultado Manuel Alberti, sacerdote y vocal de la Primera Junta de Gobierno formada después de la Revolución de Mayo de 1810.
Alberti murió el 31 de enero de 1811, cuando todavía no existía el Cementerio de la Recoleta. Por esa razón, se sostiene que fue enterrado en la iglesia de San Nicolás, parroquia a la que había estado estrechamente vinculado.

Cuando el edificio fue derribado, no quedó un registro concluyente sobre el traslado de su cadáver. Sus restos pudieron haber sido removidos, confundidos con otros o haber permanecido bajo la actual Plaza de la República. Incluso se realizaron excavaciones en la zona para intentar encontrarlos, pero el misterio no pudo resolverse.
Así, la transformación urbana no solo borró viviendas y construcciones antiguas: también hizo desaparecer el lugar de descanso de uno de los integrantes de la Revolución de Mayo.
El Obelisco nació antes que la avenida
Pocos años después de la demolición del templo, aquel espacio quedó ocupado por el monumento más famoso de la Argentina.
El Obelisco de Buenos Aires fue inaugurado el 23 de mayo de 1936 para conmemorar los 400 años de la primera fundación de la ciudad. Diseñado por el arquitecto Alberto Prebisch, alcanza los 67,5 metros de altura y fue levantado en apenas 31 días.
Aunque hoy parecen formar una sola postal, existe una curiosidad: el Obelisco fue inaugurado más de un año antes que el primer tramo oficial de la avenida 9 de Julio.
El palacio que estuvo a punto de desaparecer
Las demoliciones también amenazaron al Palacio Ortiz Basualdo, actual sede de la Embajada de Francia. El edificio había sido diseñado en 1912 y alojó al príncipe de Gales durante su visita de 1925.

La intervención del gobierno francés evitó su derrumbe y obligó a modificar ligeramente el trazado previsto para la avenida.
A lo largo del recorrido también quedaron construcciones emblemáticas como el Teatro Colón y el antiguo Ministerio de Obras Públicas, donde se instaló la antena utilizada para la primera transmisión televisiva del país en 1951.
De una obra discutida al gran escenario argentino
Con el paso del tiempo, la 9 de Julio dejó de ser solamente una vía de circulación. Sus dimensiones y la presencia del Obelisco la transformaron en el gran escenario público del país.

Por allí pasaron movilizaciones, celebraciones deportivas y espectáculos masivos. En 1991, el recital gratuito de Soda Stereo reunió a más de 200.000 personas, según el registro del Gobierno porteño.
Bajo sus carriles permanece, sin embargo, una ciudad anterior. Casas demolidas, un templo desaparecido y el cadáver nunca encontrado de Manuel Alberti forman parte de la historia escondida bajo la avenida más famosa de Buenos Aires.



















