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En 2024, un incendio le arrebató a 27 animales que había rescatado: dos años después, cuida a 69 perros en un pueblo rural de Chile

Catalina Echeñique sufrió una tragedia que cambió su vida cuando el fuego destruyó el lugar donde cuidaba animales abandonados. Lejos de renunciar a su labor, se trasladó junto a su pareja a otra región de Chile y comenzó de nuevo. Su historia se convirtió en un ejemplo de perseverancia y amor por los animales.

El refugio Aperrando El Peral funciona en la localidad chilena de Ninhue, donde Catalina y Gabriel dedican sus días a alimentar, proteger y brindar atención veterinaria a 69 perros.
En 2024, Catalina Echeñique perdió a 27 animales durante un incendio que destruyó el santuario donde cuidaba a perros y gatos abandonados en Chile. Foto: Instagram / aperrandoelperal.
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El 15 de julio de 2024, la vida de Catalina Echeñique cambió para siempre. Un incendio destruyó el lugar donde vivía junto a su pareja y los animales que habían rescatado de las calles. En cuestión de horas, perdieron 17 perros y 10 gatos, una tragedia que puso en peligro la continuidad del proyecto al que habían dedicado años de esfuerzo.

Sin embargo, todavía quedaban 37 animales que necesitaban atención y un lugar seguro donde vivir. Esa responsabilidad se convirtió en el principal motivo para seguir adelante, incluso cuando parecía imposible reconstruir lo perdido.

Dos años después, Catalina y su pareja, Gabriel, están al frente de un santuario que alberga a 69 perros, muchos de ellos ancianos, enfermos o con dificultades para adaptarse a otros hogares. El refugio se encuentra en Ninhue, una localidad rural de la Región de Ñuble, en Chile, donde ambos han construido una nueva vida dedicada al rescate animal.

De rescatar un perro abandonado a dedicar su vida a decenas de animales

La relación de Catalina con los animales comenzó durante su infancia. Aunque siempre sintió una conexión especial con ellos, las condiciones de su vivienda familiar no le permitían tener mascotas.

Su primera oportunidad llegó cuando su madre consiguió un departamento y pudo recoger a un perro que vivía en la calle. Aquel gesto marcó el inicio de una vocación que, con los años, terminaría ocupando prácticamente todos los aspectos de su vida.

Hace aproximadamente 13 años, Catalina conoció a Gabriel mientras paseaba en bicicleta por un cerro. Él estaba acompañado por sus perros y ambos comenzaron a conversar. Tiempo después, descubrió que Gabriel cuidaba a unos 25 perros en un terreno vinculado al Hospital El Peral, ubicado en Puente Alto, en la Región Metropolitana de Santiago de Chile.

El refugio Aperrando El Peral funciona en la localidad chilena de Ninhue, donde Catalina y Gabriel dedican sus días a alimentar, proteger y brindar atención veterinaria a 69 perros.
En 2024, Catalina Echeñique perdió a 27 animales durante un incendio que destruyó el santuario donde cuidaba a perros y gatos abandonados en Chile. Foto: Instagram / aperrandoelperal.

Muchos de esos animales habían sido abandonados en las inmediaciones del lugar y necesitaban alimentación, atención veterinaria y protección. A partir de entonces, la pareja comenzó a trabajar en conjunto. Catalina se involucró en las esterilizaciones, mejoró la alimentación de los animales y aprendió a identificar sus necesidades particulares.

Con el tiempo, el espacio se convirtió en el santuario Aperrando El Peral, un refugio destinado a perros abandonados que, en muchos casos, presentaban problemas de salud o dificultades de socialización. Pero todo cambió durante el invierno de 2024.

El incendio de 2024 que acabó con la vida de 27 animales

El 15 de julio de 2024, un incendio afectó el lugar donde Catalina y Gabriel vivían junto a sus animales. Aunque ambos consiguieron salir, varios perros y gatos quedaron atrapados en el interior. Según relató Catalina en una entrevista con el medio chileno BioBioChile, los efectos del humo impidieron que algunos de ellos pudieran escapar.

El balance fue devastador: 17 perros y 10 gatos murieron durante el incendio. La pérdida tuvo un impacto profundo en la pareja, que consideraba a los animales parte de su familia. Además del daño material, debieron afrontar la muerte de aquellos a quienes habían cuidado durante años.

Bomberos; incendio.
Tras perder a 17 perros y 10 gatos en un devastador incendio, Catalina y su pareja decidieron reconstruir su refugio y comenzar una nueva vida en una zona rural de Chile. Foto: Unsplash.

A pesar del dolor, todavía tenían 37 animales bajo su responsabilidad. No podían abandonar el proyecto porque los supervivientes seguían necesitando alimento, cuidados y un espacio donde recuperarse.

La situación los llevó a tomar una decisión: dejar atrás el lugar donde habían comenzado su labor y trasladarse a otra región del país para reconstruir el santuario.

Dos años después, el refugio alberga a 69 perros en una zona rural de Chile

El 1 de octubre de 2024, menos de tres meses después del incendio, Catalina y Gabriel lograron instalarse en Ninhue, una comuna rural de la Región de Ñuble. El traslado representó una nueva oportunidad para los animales supervivientes, pero también implicó comenzar prácticamente desde cero.

Para acondicionar el espacio, Catalina organizó un bingo solidario con el objetivo de reunir dinero y comprar un contenedor que pudiera utilizarse como refugio seguro para los perros.

Con el paso del tiempo, el santuario volvió a crecer hasta convertirse en el hogar de 69 perros de distintas edades y condiciones de salud, según contó la rescatista en octubre de 2026.

El refugio Aperrando El Peral funciona en la localidad chilena de Ninhue, donde Catalina y Gabriel dedican sus días a alimentar, proteger y brindar atención veterinaria a 69 perros.
Dos años después de la tragedia, el santuario Aperrando El Peral se convirtió en el hogar de 69 perros rescatados, muchos de ellos ancianos o con enfermedades crónicas. Foto: Instagram / aperrandoelperal.

Algunos necesitan tratamientos permanentes. Entre ellos se encuentran Alfred, que padece problemas renales, y Flaquito, un perro diagnosticado con lupus. También hay animales de edad avanzada con dificultades articulares y otras enfermedades.

La organización diaria del refugio requiere prestar atención a cada caso. Cerca de 20 perros, principalmente los más ancianos, permanecen dentro de la vivienda, mientras que los demás utilizan otros espacios preparados para sus actividades y descanso.

Para Catalina, el desafío no consiste únicamente en ofrecer un techo. También debe garantizar alimentación, medicamentos, desparasitación y atención veterinaria cuando es necesario.

Cómo mantiene a 69 perros y consigue recursos para alimentarlos

Cuidar a decenas de animales implica afrontar gastos constantes, especialmente cuando muchos de ellos necesitan tratamientos médicos específicos.

Para sostener el santuario, Catalina organiza todos los meses una campaña solidaria conocida como Lucatón, mediante la cual busca reunir fondos para comprar alimento, medicamentos y productos de limpieza.

El refugio Aperrando El Peral funciona en la localidad chilena de Ninhue, donde Catalina y Gabriel dedican sus días a alimentar, proteger y brindar atención veterinaria a 69 perros.
Gracias a campañas solidarias y donaciones para gastos veterinarios, Catalina y su pareja pueden continuar con el santuario y ofrecerles un hogar seguro a animales abandonados. Foto: Instagram / aperrandoelperal.

Las iniciativas se difunden a través de videos en redes sociales que, según explicó la rescatista, suelen alcanzar una amplia repercusión y permiten cubrir parte de las necesidades del refugio.

La organización también recibe donaciones de mantas, camas, desparasitantes y otros elementos indispensables para el cuidado de los perros. Vivir en una zona rural añade dificultades, ya que disponer de medicamentos y suministros básicos puede resultar fundamental ante una emergencia.

La rutina de Catalina y Gabriel está organizada alrededor de los animales. Esto incluye administrar tratamientos, controlar la alimentación, limpiar los espacios y supervisar la convivencia entre perros con diferentes personalidades.

La pareja reconoce que esta dedicación supone renunciar a actividades habituales, como viajar o tomarse vacaciones, porque el cuidado de los animales requiere una presencia constante.

La historia de Catalina Echeñique y el compromiso que nació después de una tragedia

La reconstrucción del santuario Aperrando El Peral no significó olvidar lo ocurrido en 2024. Por el contrario, la experiencia reforzó el compromiso de Catalina con los animales que sobrevivieron y con aquellos que llegaron después.

El refugio se convirtió en un hogar para perros que, debido a su edad, enfermedades o problemas de comportamiento, pueden encontrar mayores dificultades para ser adoptados. A través de su trabajo, Catalina y Gabriel buscan ofrecerles estabilidad y cuidados durante el tiempo que permanezcan a su lado.

La historia también muestra una realidad que atraviesan muchos proyectos de rescate animal: detrás de cada perro recuperado existen gastos veterinarios, jornadas de trabajo y personas que destinan gran parte de su vida a sostener estos espacios.

Lo que comenzó con un encuentro casual y unos 25 perros abandonados terminó convirtiéndose en un santuario que sobrevivió a una de las experiencias más difíciles para sus fundadores.

Fuente: entrevista de Francisco Zúñiga Tapia a Catalina Echeñique, publicada por BioBioChile el 10 de octubre de 2026.

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