
Lo que comenzó siglos atrás como la introducción de una especie ornamental en Europa terminó convirtiéndose en un desafío para la biodiversidad y la producción agrícola. Los gansos egipcios, aves originarias de África que fueron trasladadas al continente europeo entre los siglos XVII y XX, lograron establecer poblaciones silvestres y expandirse por distintos territorios.
Ahora, una investigación desarrollada durante cuatro años en Alemania reveló nuevos detalles sobre las consecuencias de esa expansión. Los científicos descubrieron que estas aves aprovechan intensamente los cultivos agrícolas para alimentarse y pueden transportar una amplia diversidad de parásitos, algunos de los cuales no habían sido registrados anteriormente en ejemplares europeos de la especie.

El trabajo fue realizado por especialistas del Centro de Investigación sobre Biodiversidad y Clima Senckenberg y la Universidad Goethe de Fráncfort, en el marco del proyecto ZOWIAC, y publicado en la revista científica International Journal for Parasitology: Parasites and Wildlife.
Los resultados aportan información sobre los hábitos alimentarios del ganso egipcio (Alopochen aegyptiaca) y los posibles riesgos ecológicos y económicos asociados con su presencia en ambientes modificados por el ser humano.
La historia del ganso egipcio en Europa: cómo fueron introducidos entre el siglo XVII y XX
El ganso egipcio es una especie de ave acuática originaria de África que llegó a Europa como animal ornamental. Entre los siglos XVII y XX, fue introducido en distintos países para formar parte de colecciones privadas, parques y espacios recreativos.
Con el paso del tiempo, algunos ejemplares escaparon o fueron liberados, lo que favoreció el establecimiento de poblaciones en libertad. Su capacidad de adaptación a diferentes ambientes permitió que la especie se extendiera progresivamente por distintas regiones europeas.
En Alemania, su presencia adquirió una dimensión considerable. Un relevamiento nacional realizado entre 2017 y 2022 estimó que existían entre 11.000 y 15.500 parejas reproductoras, una cifra que refleja el establecimiento de la especie en el territorio.

Desde 2017, el ganso egipcio figura en la lista de especies exóticas invasoras preocupantes para la Unión Europea, una clasificación que responde a los riesgos que puede representar para los ecosistemas y otras actividades humanas.
Su expansión despertó el interés de los investigadores, especialmente por su capacidad para utilizar ambientes agrícolas, espacios urbanos y zonas cercanas a cursos de agua.
Un nuevo estudio detalla los ataques directos de la especie a la producción agrícola en Alemania
Para comprender los hábitos alimentarios de estas aves, los científicos examinaron el contenido del buche de 100 gansos egipcios capturados durante operaciones habituales de caza en la región alemana de Wetterau, particularmente en áreas próximas a Nieder-Wöllstadt y Dortelweil.
El buche es una parte del aparato digestivo en la que los alimentos permanecen prácticamente sin digerir, lo que permite identificar con precisión qué consumieron los animales antes de ser examinados.
Los resultados mostraron una marcada preferencia por recursos presentes en los terrenos agrícolas, especialmente maíz, cereales y gramíneas. El maíz representó el 46% de los componentes alimentarios identificados y concentró el 58% del peso total de los alimentos analizados.
Uno de los hallazgos más llamativos se produjo durante el período 2021-2022, cuando los investigadores detectaron restos de maíz en el 95% de los ejemplares estudiados.

Estos datos evidencian que las aves utilizan de manera frecuente los recursos disponibles en los campos cultivados, aunque el consumo de productos agrícolas no demuestra, por sí solo, la existencia de pérdidas económicas significativas.
El investigador Sven Klimpel, del Centro Senckenberg y de la Universidad Goethe de Fráncfort, explicó este comportamiento: “Los gansos egipcios consumen los alimentos que son abundantes y están fácilmente disponibles; comen lo que encuentran a su paso”.
El análisis también permitió descubrir que, aunque la especie se considera principalmente herbívora, su alimentación puede incluir recursos de origen animal, como lombrices de tierra y moluscos bivalvos.
Incluso se encontraron restos de fresas durante uno de los períodos de estudio. Según los investigadores, estos frutos todavía no habían alcanzado su madurez natural, por lo que no descartaron que hubieran sido proporcionados por personas o conseguidos mediante otras fuentes.
La autora principal de la investigación, Anna Viktoria Schantz, explicó: “Dado que el alimento en el buche aún está en gran parte sin digerir, esto proporciona una forma particularmente buena de determinar qué comen las aves”.
La presencia de numerosos ejemplares en un mismo sector agrícola podría generar conflictos con los productores, especialmente cuando los grupos se concentran de manera recurrente sobre cultivos de maíz.
De hecho, los investigadores señalaron que en áreas pertenecientes a la distribución natural de la especie ya se documentaron efectos negativos sobre el rendimiento de determinadas producciones.
El peligro oculto: qué revelaron los parásitos transportados por los gansos egipcios
Además de estudiar su alimentación, los especialistas analizaron los organismos parásitos presentes en los gansos egipcios para comprender mejor su relación con los ecosistemas europeos.
Durante cuatro años, examinaron 25 ejemplares anuales y buscaron tanto ectoparásitos, que viven sobre la superficie corporal de los animales, como endoparásitos, que habitan dentro de su organismo.

Los resultados permitieron identificar 17 especies de parásitos, de las cuales siete fueron registradas por primera vez en gansos egipcios de Europa.
Entre los hallazgos más relevantes apareció Polymorphus minutus, un gusano de cabeza espinosa que puede alojarse en el intestino delgado de las aves acuáticas.
Por este motivo, la presencia del organismo también aporta información indirecta sobre la alimentación y los ambientes frecuentados por los gansos. “Los parásitos pueden servir como indicadores fiables de la dieta y el estilo de vida de los animales huéspedes”, explicó Schantz.
La identificación de esta diversidad parasitaria despertó especial interés por las posibles interacciones entre los gansos egipcios y otras especies de aves, incluidas aquellas criadas en establecimientos domésticos y de producción.
Sin embargo, la detección de parásitos no significa necesariamente que exista una transmisión comprobada hacia las aves de corral ni permite establecer, por sí sola, un riesgo sanitario concreto para las personas.



















