Solo puede verse unos segundos por las ventanas: el misterio de la estación fantasma del subte A que cerró hace 70 años
Ubicado en la red de subterráneos más antigua de Latinoamérica, este sitio sufrió un cimbronazo en 1951 para terminar de convertirse en un enigma poco conocido para los porteños.

Para principios del siglo XX Argentina era el país a emular y admirar en la región, aquella “París de Sudamérica” se encontraba en un próspero crecimiento que atraía a inmigrantes europeos que se maravillaban con construcciones imponentes. En 1913 tuvo lugar un hito del que habló el mundo: la inauguración de la Línea A de subte, la primera de toda Hispanoamérica y número doce a nivel mundial.
Uniendo la Plaza de Mayo, en el barrio de Monserrat, con la estación San Pedrito, emplazada en Flores, celebra así 112 años de historia. Un repaso por cómo este proyecto, que había nacido en 1909 cuando el Congreso sancionó el 29 de septiembre la ley 6.700, se convirtió en una realidad que le simplificó la vida a los porteños y encandiló a las grandes potencias por el impulso que significó para la ciudad.

La obra inició el 15 de septiembre de 1911 con más de 1.500 trabajadores. Durante tres años y algunos meses se trabajó incansablemente día y noche en esta obra, cuyo presupuesto inicial fue de 17 millones de pesos moneda nacional. El primer tren llevó al vicepresidente de la República, Victorino de la Plaza, en representación del presidente Roque Sáenz Peña, ya enfermo. Estuvo acompañado por el intendente municipal, Joaquín de Anchorena, el presidente de la Compañía de Tranvías Anglo Argentina, Samuel Hale Pearson, ministros nacionales, concejales, y miembros de la iglesia. Se estima que el 2 de diciembre, en el primero del servicio de pasajeros, viajaron 147.457 personas.

La estación fantasma del subte A
Entre las calles Alberti y Pasco, los andenes se encontraban separados por unos pocos metros. Así nació la estación Alberti Norte, que junto a Pasco Sur formaba parte del recorrido original que unía Plaza de Mayo con Plaza Miserere.
El nombre es en homenaje a Manuel Alberti, sacerdote y patriota argentino, vocal de la Primera Junta de Gobierno en 1810 y colaborador de la Revolución de Mayo, recordado por su rol en los inicios de la independencia y como figura histórica.
El destino de esta parada cambió en 1951, cuando autoridades de transporte de aquel entonces decidieron que tener estaciones tan cercanas no tenían sentido y dificultaba el servicio. Por esto se procedió al cierre definitivo y desde allí, los trenes que viajan en sentido a Plaza de Mayo pasan de largo por este andén, dejando a la vista una estructura casi fantasmal.

Pasaron más de 70 años y a pesar de estar en desuso, la estación no fue demolida y hoy es un lugar de culto por estar literalmente detenida en el tiempo. Durante un largo tiempo, el lugar fue utilizado por la empresa Subterráneos de Buenos Aires como un área de almacenamiento y mantenimiento. Quienes viajan hoy en las modernas formaciones de la Línea A pueden observar, si prestan atención al pasar entre las estaciones actuales, que el andén conserva su fisonomía de principios del siglo XX.
Este espacio alimentó numerosos mitos urbanos porteños como la leyenda que afirma que hay figuras del pasado. Hoy la estación está protegida por una reja y es una pieza fundamental del patrimonio arqueológico industrial de la Ciudad de Buenos Aires.


















