De un manjar árabe a Patrimonio de Mar del Plata: la historia del primer alfajor famoso en “La Feliz” que no fue Havanna
El souvenir infaltable de cada vacaciones. Si bien pareciera que esta golosina nació con la ciudad, debió pasar un largo tiempo para que se convierta en un emblema.

Si alguien pregunta cuáles golosinas son bien argentinas, alfajor sería la primera opción de muchos. Un manjar que se supo transformarse y adaptarse al paladar de cada uno, incluso varias provincias tienen su versión, es muchas veces el aliado para darse un gustito o acompañar a los mates. Pero si de templos de este manjar hablamos, el primer puesto tiene que ir para Mar del Plata.
Convertida en Patrimonio intangible de La Feliz, es interesante descubrir los orígenes del “Alfajor Mar del Plata” y qué tiene la receta que lo hace único. Además, ¿quién es responsable de semejante delicia?

¿Quién inventó el alfajor?
Si bien no hay registro de que alguno de nuestros próceres haya demostrado devoción por esta delicia, tenemos establecidos los orígenes y cómo llegó a su forma actual.
El alfajor tiene su origen en la antigüedad árabe, con una palabra del árabe hispánico “al-hasú” que significa “el relleno”. Esta receta viajó a la península ibérica durante la ocupación musulmana y evolucionó hasta convertirse en un dulce típico español. Al cruzar el Atlántico con la conquista, el alfajor se adaptó en América del Sur. Claro está, la versión que hoy conocemos está lejos de ser la que era hace siglos.
Se dice que fue en Medina Sidonia, ciudad andaluza, donde se originó el alfajor. Pero era un palito de turrón blando hecho con clara de huevo, almendra, miga de galleta dulce y miel, pasado por azúcar impalpable. A fines del siglo XVIII ya se vendía en pulperías algo con ese nombre, aunque seguramente era la versión norteña y no hay precisión sobre cuándo comenzó a rellenar con dulce de leche.
Carina Perticone, experta en Historia de las culturas alimentarias, contó que se cree que la primera marca registrada fue Merengo. Hay una anécdota sobre el año 1853 con un grupo de constitucionalistas de Santa Fe; los mismos se alojaban sobre una confitería donde un señor con ese apodo los cocinaba, pero no hay documentos.
Alfajor en Mar del Plata
Uno de los primeros alfajores conocidos en Mar del Plata no era Havanna, este se elaboraba en la Confitería Pueyrredón a fines de los años 30’ y era propiedad de Manolo Larrea, ubicada en Rivadavia 2732 entre San Luis y Mitre. Se vendían sueltos o se presentaban en cajas de cartón o papel madera (costumbre que mantuvieron varias confiterías y/o panaderías hasta los 90’). Para la época también se vendía en la vieja Rambla de La Perla.

Apenas iniciada la década del 40, se produjo un boom con la apertura de La Central, confitería ubicada en Avenida Luro 3202, que elaboraba unos de estilo santafesino aunque luego cambió a un formato más parecido a los actuales. En 1947, el griego Demetrio Elíades, el santafesino Benjamín Sisterna, el italiano Luis Sbaragalia y el maestro pastelero Toribio González fueron los responsables del nacimiento de Havanna que se transformaría en la marca emblema hasta hoy en día. Dos años después, el pastelero Edmundo Vargas y su mujer Concepción Caprioli abrieron un obrador artesanal en la calle Hipólito Yrigoyen al 2600 donde elaboraban los alfajores Mary.
Otras marcas que nacieron por aquella época fueron Baby, Gran Casino, El Pórtico, Cachito, Lourdes, City Club, Los Marplatenses, Leo y Iurca, Trassens, Balcarce, Platamar, Trufles. Más acá en el tiempo están Mar del Canto, Ricci, Malfatti, Los T’Puales o Valentinno’s.

El sitio marplatense, 0223, replicó los dichos del investigador Nicolás Trivi sobre la relación turismo-alfajores: “Es la propia práctica del turismo la que resignifica una creación venida de la ciudad de Buenos Aires. El estilo que luego se convertirá en “marplatense” se había gestado previamente en las confiterías de la capital nacional. Además, su clima templado oceánico de veranos no muy calurosos permite la manipulación del chocolate, y estimula su consumo”.
Con el paso del tiempo se posicionó, siendo un emblema de la ciudad hasta tal punto que fue declarado patrimonio de “La Feliz” mediante la ordenanza 25981 por el Honorable Concejo Deliberante, con el objetivo de “proteger y valorizar el alfajor por su representatividad de la identidad local, su desarrollo productivo y tradicional”.


















