Los perros de los próceres Urquiza y San Martín: uno era el terror de enemigos y el otro fascinaba a invitados con un peculiar truco
Su lealtad, valentía y compañía incondicional han marcado la vida de dos de los hombres más famosos de la historia argentina.

El perro es conocido desde siempre como el mejor amigo del hombre. Su lealtad, valentía y compañía incondicional han marcado la vida de millones de personas y también la de algunos de los protagonistas más importantes de nuestra historia.
Entre ellos, dos canes se ganaron un lugar propio: Purvis, el temible guardián de Justo José de Urquiza, y Guayaquil, el compañero inseparable de José de San Martín.
Purvis: el feroz custodio de Urquiza
Purvis era un mastín nacido en la Banda Oriental. Urquiza lo encontró cuando aún era un cachorro y, desde ese momento, el animal se convirtió en su sombra. Su nombre homenajeaba a John Brett Purvis, un almirante inglés del bloqueo anglo-francés de 1843, aunque con el tiempo el perro terminó siendo más célebre que su tocayo humano.

Un perro tan fiel como temido
Domingo Faustino Sarmiento lo describió en Campaña en el Ejército Grande como un animal de absoluta devoción hacia su amo… y de terror para cualquiera que se acercara sin permiso.
“Muerde horriblemente a todo el que se acerca a la tienda de su amo”, escribió Sarmiento.
“Si no recibe orden en contrario, el perro muerde”. Y así era: con un simple “¡Quieto, Purvis!”, Urquiza podía transformarlo de un peligro viviente a un guardián obediente.

Una presencia incluso en el campo de batalla
Nada intimidaba a Purvis: ni disparos, ni cañones, ni el caos del combate. Acompañaba a Urquiza en sus recorridas y estaba presente en campañas militares, reuniones y hasta en la intimidad del Palacio San José.
Entre sus “víctimas ilustres”, Sarmiento mencionó mordidas a:
- Ángel Elías, secretario de Urquiza
- El barón de Grati (a quien atacó cuatro veces)
- Pedro Teófilo, hijo del propio Urquiza
El único que logró zafar fue el propio Sarmiento, que entró a la tienda del caudillo con la mano en el puño del sable, listo para defenderse.
De los campos de Caseros a los lienzos
La figura de Purvis fue tan icónica que artistas como Juan Manuel Blanes y Carlo Penuti lo retrataron en escenas históricas, donde aparece como ese “actor secundario” imposible de pasar por alto.
Purvis murió antes que Urquiza, pero su huella quedó inmortalizada en la memoria y en el arte argentino.
Guayaquil: el perro trotamundos de San Martín
En 1822, tras la célebre entrevista con Simón Bolívar en Guayaquil, San Martín recibió de regalo un perro al que bautizó justamente “Guayaquil”. Desde ese día, el animal se convirtió en su compañero más fiel.
De Mendoza a Europa, siempre con el General. Guayaquil acompañó a San Martín:
- En su regreso a Perú
- En su estadía en Mendoza
- En su viaje rumbo al exilio europeo
- En su vida cotidiana junto a Merceditas
Se ganó el apodo de perro trotamundos por la cantidad de territorios que recorrió.

Murió de viejo y fue enterrado por el propio San Martín en el jardín de su casa en Grand Bourg, donde una lápida rezaba: “Aquí duerme Guayaquil”.
El truco que divertía a las visitas
Las crónicas cuentan que San Martín solía mostrar un curioso “juicio” que hacía con su perro.
Guayaquil fingía ser fusilado y caía al suelo simulando estar muerto.
Al oír el “¡Arriba!” del General, resucitaba de inmediato, para sorpresa y diversión de todos.

Dos perros, dos héroes y una misma historia de lealtad
Purvis y Guayaquil no fueron simples mascotas: fueron compañeros, guardianes y protagonistas silenciosos de la historia argentina. Sus vidas, llenas de anécdotas increíbles, recuerdan que incluso en tiempos de guerra y decisiones trascendentales, la amistad con un animal puede dejar huellas que atraviesan los siglos.


















