Mar del Plata tuvo paseos en camellos
Mar del Plata tuvo paseos en camellos Foto: Archivo

Mar del Plata es una ciudad acostumbrada a sorprender. Pero entre todas las postales que dejó su historia —desde la elegancia de la Belle Époque hasta sus temporadas récord de turismo— hay un capítulo tan insólito como real: el verano en el que los turistas pasearon… en camellos por la Playa Bristol. Una escena digna de un oasis africano, pero retratada en plena costa atlántica argentina.

Un soñador español y doce camellos rumbo a “La Feliz”

El protagonista de esta historia fue Francisco “Paco” Medina, un inmigrante español que llegó a Mar del Plata en 1912 con un proyecto tan audaz como improbable: reemplazar los caballos y bueyes usados en el campo por dromedarios de una sola joroba que había traído desde las Islas Canarias y Marruecos.

Medina estaba convencido de que los camellos serían más resistentes, más longevos y más eficientes. Incluso contaba con aval del Ministerio de Agricultura del gobierno de Roque Sáenz Peña, lo que impulsó aún más su ilusión de provocar una revolución productiva en el país.

Pero la realidad fue otra: el clima marplatense, tan distinto al desierto, debilitó a los animales y su temperamento indómito los volvió imposibles para las tareas rurales. El plan original fracasó rápidamente.

La Bristol, el lugar para sentirte en Marruecos Foto: Archivo

El Plan B: convertir la playa en un espectáculo exótico

Lejos de rendirse, Medina decidió apostar por una idea inédita para atraer la atención del público: paseos en camellos por la Playa Bristol, un verdadero espectáculo visual en una época donde la ciudad recibía a las familias más influyentes del país.

La oportunidad perfecta llegó el 19 de enero de 1913, día de la fastuosa inauguración de la Rambla Bristol, un paseo afrancesado que marcó la transformación urbana de Mar del Plata. La ciudad vivía uno de sus momentos más brillantes, rodeada de carruajes elegantes, los primeros automóviles y un aluvión de turistas que llegaban en tren desde Buenos Aires.

Medina organizó una exhibición impactante: una carrera de camellos con jinetes vestidos como beduinos, turbantes incluidos, ante miles de espectadores. Fue un éxito inmediato.

Ese mismo día, la municipalidad le otorgó el permiso definitivo para lanzar su emprendimiento: “paseos en camello por la playa Bristol”, que funcionaron durante toda la temporada.

La rambla Bristol en todo su esplendor
La rambla Bristol en todo su esplendor

El furor de la élite y un verano inolvidable

Las familias adineradas, fascinadas por la excentricidad, se acercaban para fotografiar a los niños arriba de los camellos, en una postal que hoy parece irreal. Mientras tanto, otros turistas preferían simplemente detenerse a observar aquel espectáculo que transformaba la arena en un rincón improvisado de Marruecos.

La locura fue tal que algunos jinetes se volvieron celebridades locales, como Josué Quesada, ganador de la carrera inaugural, quien incluso alcanzó notoriedad en los círculos literarios de la época.

Un capítulo breve pero imborrable

Aunque los paseos en camellos solo duraron una temporada —el costo de mantener a los animales y las dificultades operativas hicieron inviable el negocio—, el episodio quedó grabado para siempre en la memoria marplatense.

Las crónicas históricas lo recuerdan como una muestra del espíritu pionero de aquellos años, cuando Mar del Plata se consolidaba como la “Biarritz argentina” y competía por ofrecer experiencias únicas a sus visitantes.

El verano donde hubo paseos en camello en Mar del Plata Foto: Archivo

La postal que todavía sorprende

Hoy, más de un siglo después, las fotos coloreadas de la época despiertan la misma pregunta en quienes las miran por primera vez: ¿De verdad hubo camellos caminando por la Bristol?

Sí. Y no fue un truco promocional ni un mito urbano: fue una historia tan real como fascinante, protagonizada por un hombre que quiso cambiar el campo argentino y terminó regalándole a Mar del Plata uno de los veranos más curiosos de su historia.