Se mantiene como un punto de reunión entre la historia, la cultura y la naturaleza.
Se mantiene como un punto de reunión entre la historia, la cultura y la naturaleza. Foto: Gobierno de la Ciudad

En el corazón del oeste porteño existe un barrio que todavía conserva el aire tranquilo de un pueblo: Parque Avellaneda, una de las zonas con más espacios verdes de toda la Ciudad. Calles arboladas, poco tránsito y plazas en cada esquina conviven con la Autopista Perito Moreno, que divide al barrio en dos mitades muy distintas.

Pero detrás de esa calma se esconde una sorpresa que pocos conocen: el único casco de estancia que sigue en pie dentro de Buenos Aires.

La Casona de los Olivera: una sobreviviente del siglo XIX

En medio de la Chacra de los Remedios, se levanta esta construcción cuyo origen se remonta a la primera mitad del 1800, cuando todo era campo abierto. En 1828, Domingo Olivera compró el enorme predio y lo dedicó por décadas a actividades agrícolas. Diez años más tarde levantó la casona, una joya de estilo eclecticista italianizante, con terraza amplia y dos torres que aún hoy dominan la fachada.

Este pulmón de la ciudad, que cuenta con 120 especies de árboles, 36 de arbustos y al menos 20 de aves Foto: Gobierno de la Ciudad

El lugar no solo fue una vivienda rural:– En 1852, funcionó como cuartel general y hospital de campaña de las fuerzas del coronel Hilario Lagos durante el sitio a Buenos Aires.– En 1866, parte de la familia Olivera se mudó allí y comenzó a transformar la casa hasta darle la forma que conocemos hoy.– Eduardo Olivera (hijo), ingeniero agrónomo formado en Francia y figura clave del campo argentino, administró la estancia y fue nada menos que fundador de la Sociedad Rural Argentina.

Con el paso del tiempo, la finca se fragmentó por loteos y ventas hasta reducirse al tamaño actual.

Del Parque Domingo Olivera al Parque Avellaneda

En 1912, la Ciudad compró las tierras por $8.457.000. Dos años después, el 28 de marzo de 1914, se inauguró el Parque Domingo Olivera. Ese mismo año, el 10 de noviembre, recibió el nombre que lleva hoy: Parque Nicolás Avellaneda.

Se construyó en 1838, por orden de Domingo Olivera Foto: Gobierno de la Ciudad

Leyendas, abandono y renacimiento

Entre sus historias más comentadas está la supuesta entrada secreta a un túnel subterráneo que conectaría la casona con el edificio donde hoy funciona la Escuela Técnica N.° 8 “Paula Albarracín de Sarmiento”. Nunca fue encontrada, buscada ni estudiada… lo que alimenta aún más el mito.

Durante décadas, la casona estuvo abandonada. En 2002 fue rescatada y puesta en valor, aunque volvió a deteriorarse algunos años después. Finalmente, en 2011, una nueva restauración la recuperó para siempre.

Hoy, una de sus salas más emblemáticas es la Sala de la Memoria, donde fotografías antiguas, planos dibujados a tinta y vistas aéreas reconstruyen el pasado de la zona.

La Chacra de los Remedios funciona hoy como un Centro de Exposiciones de Arte Contemporáneo, con muestras de fotografía, instalaciones, arte textil, videoarte y más. También es sede de la Mesa de Trabajo y Consenso, espacio donde vecinos y gobierno acuerdan cómo gestionar el parque.