De piratas y reyes: cómo Hawái fue el primero en reconocer la independencia argentina gracias a un bravo corsario francés
En los confines del Pacífico, una intriga digna de leyenda unió a un corsario indomable con un rey temido. Entre barcos robados, pactos inesperados y secretos que el tiempo casi borró, Hawái se convirtió en el primer país del mundo en reconocer la independencia argentina. Una gesta tan épica como sorprendente.

Si uno imaginara un mapa con los primeros países que reconocieron la independencia argentina, es poco probable que señalara un pequeño archipiélago perdido en el Pacífico. Y sin embargo, fue ahí —entre volcanes, selvas húmedas y mares turquesas— donde ocurrió uno de los episodios más sorprendentes de nuestra historia. En 1818, mucho antes que Chile, Estados Unidos o el Reino Unido, el Reino de Hawái se convirtió en el primer Estado del mundo en aceptar oficialmente que las Provincias Unidas del Río de la Plata eran una nación independiente.
Aquella historia, digna de una novela de aventuras, tiene un protagonista inquieto, audaz, valiente: Hipólito Bouchard, el marino francés que decidió hacer de la causa americana su causa personal. Bouchard había dado la vuelta al mundo, luchado contra piratas malayos, bloqueado puertos españoles, enfrentado tormentas y motines, y llevaba consigo —como única brújula moral— la convicción de que la libertad americana debía defenderse en todos los mares.

La increíble travesía de Bouchard
En su travesía a bordo de la fragata La Argentina, Bouchard llegó al Pacífico y fondeó en las costas de Hawái, gobernado entonces por Kamehameha I, un líder respetado, apodado por los viajeros de la época como el “Napoleón de la Polinesia”. Allí se encontró con una sorpresa amarga: la corbeta Santa Rosa, un barco argentino con patente de corso, había sido tomada por amotinados y vendida al rey hawaiano.
Bouchard, acostumbrado a resolver con firmeza los problemas más inesperados, decidió enfrentar la situación con una mezcla de diplomacia y temple militar. Visitó al monarca, discutió durante días, expuso sus razones y hasta —según relatan las crónicas— tuvo que escuchar cómo Kamehameha justificaba la compra del barco argumentando que lo había pagado “de buena fe”, a cambio de ron y sándalo. Pero el marino argentino no cedió. Su objetivo no era solo recuperar la nave: buscaba algo más grande, más simbólico. Quería que aquel reino remoto reconociera la independencia proclamada en 1816.

Finalmente, tras largas conversaciones y la intervención de un intérprete norteamericano, Bouchard logró lo que nadie hubiera imaginado: la devolución del barco, la liberación de los prisioneros y la firma de un tratado de paz y comercio, el primero en la historia argentina, que equivalía a un reconocimiento internacional pleno. Era agosto de 1818, y Hawái se convertía así en el primer Estado del planeta en aceptar oficialmente nuestra soberanía.
Hawái y Argentina, una relación impensada
El encuentro terminó con intercambios de regalos: Bouchard entregó una espada y un uniforme argentino; el rey respondió con víveres frescos y agua para continuar la expedición. Gestos simples, casi cotidianos, que sin embargo sellaron uno de los capítulos más extraordinarios de la diplomacia temprana de nuestro país.

Con el tiempo, otros países se sumarían: Chile en 1819, Portugal en 1821, Estados Unidos en 1822, el Reino Unido en 1824. Pero el primer gesto vino del Pacífico, de un reino que muchos desconocen y que sin embargo ocupa un lugar decisivo en nuestra historia.
Hoy, más de dos siglos después, aquel episodio sigue brillando como una rareza maravillosa: un recordatorio de que la independencia argentina también se escribió en mares lejanos, con personajes que desafiaron los límites de su tiempo. Y que, a veces, los apoyos más inesperados llegan desde los lugares más remotos.


















