Casa Minima
Casa Minima Foto: Archivo

En pleno barrio de San Telmo, uno de los más antiguos y visitados de Buenos Aires, se esconde una construcción diminuta que sorprende a turistas y porteños por igual. A simple vista, parece una curiosidad arquitectónica más, pero detrás de su angostísima fachada se esconde una historia tan fascinante como inquietante. Se trata de la Casa Mínima, ubicada en San Lorenzo 380, considerada oficialmente la vivienda más estrecha de la ciudad: apenas 2,30 metros de ancho y unos 13 metros de profundidad. Sin embargo, su fama no responde solo a su tamaño, sino a la leyenda de esclavitud que la rodea desde hace décadas.

Así lucía la casa Foto: Instagram @buenosaires.ar

La leyenda del esclavo liberado

La leyenda popular –transmitida entre vecinos, guías y cronistas urbanos– asegura que esta franja angosta de terreno fue entregada a un esclavo liberado durante el siglo XIX por su antiguo dueño, propietario de una de las grandes casonas coloniales de la cuadra. Según el relato, al obtener la libertad, aquel hombre habría recibido este pequeño sector como “recompensa” o gesto de gratitud por los años de servicio. Así habría nacido, con una simple puerta y un balcón de hierro, la casa más angosta de Buenos Aires.

Si bien no existen documentos oficiales que confirmen este traspaso, la historia cobró fuerza porque refleja una realidad innegable: San Telmo fue, durante la época colonial y postcolonial, hogar de una numerosa comunidad afroporteña, muchas veces obligada a vivir en cuartos pequeños, patios internos o espacios residuales dentro de las casonas de las familias más adineradas. En ese contexto, la Casa Mínima funciona como un símbolo material de esa presencia invisibilizada.

Casa Mínima Foto: Instagram @buenosaires.ar

Lo que dicen las investigaciones históricas

A pesar de lo atractivo de la leyenda, diversas investigaciones señalan que la vivienda era originalmente parte de una casa más grande y que su división se produjo después de la devastadora epidemia de fiebre amarilla de 1871, que provocó el éxodo de las familias acomodadas hacia el norte de la ciudad. Como consecuencia, muchas propiedades quedaron abandonadas, se fraccionaron y dieron lugar a construcciones irregulares como esta.

Sin embargo, más allá de la explicación histórica, la fuerza simbólica de la versión popular persiste. La Casa Mínima se transformó en un recordatorio de las historias que la historia oficial muchas veces prefirió silenciar: la vida de los afrodescendientes en Buenos Aires, su cultura, sus luchas y sus huellas en la identidad porteña.

La Casa Mínima está en San Telmo Foto: Turismo Buenos Aires

Un punto turístico que invita a reflexionar

Hoy, la pequeña casa sigue en pie, restaurada y convertida en uno de los puntos turísticos más curiosos de San Telmo. Quien pase por su fachada no puede evitar detenerse, sacar una foto y preguntarse cómo sería vivir allí. Pero la verdadera clave no está en su tamaño, sino en lo que representa: un fragmento mínimo de arquitectura que abrió, paradójicamente, una enorme ventana al pasado.

En una ciudad que vive cambiando, la Casa Mínima permanece como un recordatorio silencioso de que, en los rincones más estrechos, también se guardan las historias más profundas.