El desconocido Himno a la Antártida: del autor de la Marcha de Malvinas y con una dedicatoria sorprendente
Un himno casi olvidado revela un capítulo sorprendente de la historia argentina en el continente blanco. Compuesto por José Tieri, autor de la Marcha de Malvinas, y con letra de Luis Ortiz Behety, el Himno de la Antártida es una pieza única que buscó poner música a la presencia nacional en uno de los territorios más remotos del país.

La historia argentina está llena de símbolos que, pese a su enorme valor patrimonial, permanecen escondidos en los pliegues menos transitados de la memoria colectiva. Uno de ellos es el Himno de la Antártida, una composición casi secreta, cuyo origen y dedicatoria revelan un capítulo fascinante de la relación del país con el continente blanco.
Aunque la mayoría conoce la Marcha de las Malvinas, muy pocos saben que su compositor, José Tieri, también creó una obra especialmente dedicada a la Antártida Argentina. Tieri, nacido en Tres Arroyos en 1903, fue un prolífico músico que trabajó como pianista, saxofonista y organista, y cuya figura quedó asociada para siempre a la causa nacional por haber compuesto la música de la emblemática marcha con letra de Carlos Obligado.

Mientras ejercía como organista en Salta, Tieri también trabajó junto al escritor Luis Ortiz Behety, con quien creó el Himno de la Antártida, una obra registrada en documentos oficiales y fechada en 1948, según el Archivo Histórico de la Cancillería Argentina, que conserva su partitura original. Pero lo más sorprendente no es su existencia: es su dedicatoria.
En la portada de la partitura original —tal como se observa en la imagen— se lee un recuadro impreso donde los autores dedican la obra “al General Juan Domingo Perón y a la Sra. María Eva Duarte de Perón, almas sagradas de la Patria”. Esta declaración, contundente y cargada de mística política, sitúa al himno en el corazón del clima simbólico del primer peronismo, una época que buscaba fortalecer la presencia argentina en la Antártida y consolidar la identidad nacional desde todas las expresiones posibles: políticas, científicas, territoriales y, como en este caso, artísticas.
La relación de Perón y la Antártida
La relación entre Perón y la Antártida estuvo marcada por una fuerte voluntad política de institucionalizar la presencia nacional en la región. En aquellos años se impulsaron expediciones científicas, nuevas bases permanentes y discursos presidenciales que destacaban la importancia estratégica y simbólica de la región. En 1952, por ejemplo, Perón celebró el regreso de la primera expedición científica a la Antártida Continental Argentina, subrayando la necesidad de una “impresión y situación de vida argentina” en el territorio austral.
Además, cada 22 de febrero se celebra el Día de la Antártida Argentina, una fecha que recuerda el momento en que, en 1904, se izó por primera vez la bandera nacional en el continente blanco, marcando el inicio de la presencia ininterrumpida de la Argentina en la región. Aquel día, el joven Hugo Alberto Acuña, integrante de la primera expedición a las islas Orcadas, realizó el histórico izamiento en la estación meteorológica que luego se transformaría en la Base Orcadas. Ese acto inaugural no sólo simbolizó soberanía, sino que también abrió un camino de más de un siglo de actividad científica, diplomática y cultural en el continente blanco.
Dentro de este contexto, no resulta extraño que Tieri y Ortiz Behety decidieran dedicar su obra a Perón y Eva. Lo que sí sorprende es el tono profundamente reverencial: llamarlos “almas sagradas de la Patria” indica hasta qué punto los autores interpretaban su música como parte del proyecto nacional que el peronismo buscaba expandir simbólicamente hacia los confines antárticos.
Un himno clave para la soberanía
Este Himno de la Antártida no tuvo la difusión pública que alcanzó la Marcha de las Malvinas, estrenada oficialmente en 1941 y luego consagrada como símbolo nacional durante la Guerra de 1982. Sin embargo, constituye una pieza singular dentro del patrimonio musical argentino: una obra que combina la épica territorial con la devoción política, y que además enmarca a la Antártida dentro de la estética simbólica del primer peronismo.
Recuperar su historia permite iluminar una época donde arte, política e identidad se entrelazaban en una misma partitura. Y permite también recordar que, incluso en los territorios más inhóspitos, Argentina buscó dejar su huella no solo con banderas y bases, sino también con música.


















