Los escoceses que hicieron historia en Argentina
Los escoceses que hicieron historia en Argentina Foto: Foto generada con IA

Cuando se piensa en los Fraser, muchos imaginan tramas épicas al estilo Outlander: castillos envueltos en niebla, clanes montañeses y amores imposibles. Sin embargo, hubo otros Fraser —muy reales— que dejaron una huella profunda, no en las Tierras Altas de Escocia, sino en la Argentina, donde fundaron una de las empresas más icónicas de la industria nacional: la Fábrica Argentina de Alpargatas.

La Fábrica Argentina de Alpargatas, luego de la ampliación del año 1897

Escocia, donde todo empezó

La historia comenzó en Arbroath, un pueblo costero escocés donde Douglas Fraser y sus hijos dirigían una fábrica de lonas en pleno siglo XIX. Cuando la Marina británica —su principal cliente— dejó de utilizar velas para pasar a la propulsión a vapor, los Fraser vieron cómo su negocio quedaba al borde del colapso. Empujados por la necesidad de reconvertirse, pero también por una mentalidad innovadora, decidieron mirar hacia el sur del mundo.

Mientras tanto, en el Río de la Plata, inmigrantes vascos popularizaban un calzado cómodo y resistente: la alpargata. Era el complemento perfecto para la vida rural argentina, y su demanda no dejaba de crecer. Esa coincidencia —la caída de un negocio en Escocia y la necesidad de producción en la Argentina— sería el punto de partida de una historia industrial que marcaría a generaciones.

Norman Fraser ideó la máquina para trenzar el yute que dio origen a la fábrica de Alpargatas en el año 1884 Foto: Archivo

El nacimiento de Alpargatas

En 1884, los Fraser llegaron a Buenos Aires y se instalaron en Barracas, donde levantaron la fábrica que con el tiempo se convertiría en un símbolo nacional. Junto al vasco Juan Echegaray (h), pionero del calzado de lona con suela de yute, combinaron tecnología, saber textil y olfato comercial. Así nació una compañía que pronto dominaría el mercado: Alpargatas.

Desde sus primeros años, la empresa creció de forma exponencial. Además de las clásicas alpargatas, lanzó marcas que se volverían parte de la vida cotidiana argentina: Pampero, Flecha, Hawaianas y Far West, entre otras. Para mediados del siglo XX, Alpargatas ya era una potencia industrial y un emblema cultural.

Pero si hay un elemento que consolidó su identidad popular fueron los inolvidables almanaques ilustrados por Florencio Molina Campos. En 1930, la compañía lo contrató para ilustrar el calendario del año siguiente. Su estilo costumbrista, humorístico y profundamente criollo conquistó a todo el país. El éxito fue tal que volvió a producir ilustraciones en 1945, llegando a imprimirse 18 millones de láminas que colgaron en hogares de toda la Argentina.

Los famosos dibujos de Molina Campos

Las imágenes de Molina Campos no solo retrataban la vida rural; también consolidaron el vínculo emocional entre los argentinos y la marca. Para muchos, esos almanaques eran más que publicidad: eran parte del paisaje sentimental del hogar.

Hoy, a más de 140 años de su fundación, la historia de los Fraser sigue viva no solo en los archivos, sino también en la memoria industrial del país. Robert Fraser, descendiente de los fundadores, incluso dedicó ocho años a escribir Los alpargateros escoceses: la historia de Alpargatas, un libro monumental que revive esta epopeya empresarial.

Una operaria de la fábrica trabaja en una máquina de punta y talón

Lejos de las Highlands y de cualquier ficción televisiva, los Fraser encontraron en la Argentina un lugar donde reinventarse y dejar un legado que todavía perdura. Su aventura —hecha de trabajo, ingenio y una inesperada conexión cultural— es una de las historias más fascinantes del cruce entre inmigración e industria en el país.