“La cocina del mundo”: el desconocido pueblito argentino que alimentó a soldados de dos guerras y cuya fábrica aún puede visitarse
A orillas del río Uruguay, un pequeño pueblo entrerriano guarda una historia gigantesca: desde sus fábricas salieron las latas de carne que alimentaron a soldados en la Primera y Segunda Guerra Mundial. Hoy, sus ruinas industriales, sus casas de estilo inglés y su calma ribereña lo convierten en uno de los destinos históricos más fascinantes —y desconocidos— de la Argentina.

A menos de cuatro horas de Buenos Aires, escondido entre árboles, silencio y vistas amplias del río Uruguay, existe un destino que sorprende incluso a los argentinos que creen conocer su propio mapa. Un lugar diminuto, tranquilo, con casas bajas y calles de tierra… pero con una historia tan enorme que cruzó océanos y alimentó a soldados en dos guerras mundiales.
Ese lugar es Pueblo Liebig, en Entre Ríos: un rincón que nació alrededor de una fábrica y que terminó convirtiéndose en uno de los polos industriales más influyentes del continente. Tanto, que el mundo entero lo conoció como “la cocina del mundo”.

El origen de una historia que viajó desde Londres hasta Entre Ríos
Para entender cómo un pueblo entrerriano logró semejante título, hay que volver a 1865, cuando en Londres se fundó la Liebig Extract of Meat Company (Lemco). Su producto estrella era la corned beef, una carne vacuna conservada en salmuera y luego hervida en vinagre a fuego lento: ideal para alimentar ejércitos, marineros y poblaciones enteras.
Pero a fines del siglo XIX, las tierras fértiles de la pampa húmeda y el litoral se convirtieron en el sueño de toda empresa europea: campos perfectos para la ganadería, puertos profundos, salida directa al océano y una mano de obra hábil y accesible. La oportunidad era irresistible.
Así, en 1903, Lemco instaló en Entre Ríos una de sus plantas más importantes. Su nombre homenajeaba al químico Justus von Liebig, quien había desarrollado la fórmula para producir extractos de carne.

La fábrica que dio vida a un pueblo entero
Lo que pasó después fue impresionante: la planta llegó a emplear 3.500 trabajadores, creando un pequeño universo autosuficiente que incluía viviendas, comercios, clubes, una usina e incluso un balneario propio.
En ese contexto, las latas producidas en la fábrica comenzaron a cruzar el Atlántico y abastecieron a soldados durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Millones de cajas con el sello del pueblo argentino llegaron a trincheras y campamentos europeos. Así nació su apodo para la historia: “la cocina del mundo”.

Qué queda hoy de aquella potencia industrial
Aunque su esplendor duró más de 70 años, los avances tecnológicos y las nuevas formas de exportar carne cruda hacia Europa provocaron una caída progresiva de la actividad. En 1975, la fábrica cerró definitivamente.
Pero Pueblo Liebig no desapareció.
Con unos 1.500 habitantes, el pueblo logró reinventarse y conservar su patrimonio. En 2009, fue declarado Patrimonio Histórico, y en 2017 la antigua planta recibió la distinción de Bien de Interés Industrial - Nacional y Patrimonio Histórico Nacional.
Hoy, quien visita Liebig se encuentra con:
- Las ruinas imponentes de la fábrica, que aún conservan su estructura original.
- El casco histórico, con chalets ingleses, techos rojos y calles que parecen detenidas en el tiempo.
- El balneario y el paisaje ribereño, perfectos para descansar después del recorrido.

Un destino ideal para amantes de la historia
Los fines de semana, a las 18:00, se ofrecen visitas guiadas dentro del predio de la fábrica, donde todavía pueden apreciarse maquinarias, túneles y espacios que permanecieron ocultos por décadas.
Pueblo Liebig es uno de esos lugares que mezclan naturaleza, silencio y un pasado tan potente que merece ser contado. Un viaje corto desde Buenos Aires… pero un salto gigante en la historia del mundo.


















