Cuál es el primer Sitio de Interés Cultural de Buenos Aires: data de 1785 y lo visitaban Belgrano y Moreno
En una esquina histórica del casco antiguo porteño permanece uno de los establecimientos más antiguos del país, nacido en 1785 y convertido en punto de encuentro de las mentes que impulsaron la Revolución de Mayo. Por allí pasaron figuras como Manuel Belgrano y Mariano Moreno, atraídos por las ideas que llegaban desde Europa y que comenzarían a moldear el futuro de la Argentina, en un sitio que hoy sigue siendo un tesoro cultural vivo.

En el corazón del casco histórico porteño, en la emblemática esquina de Alsina y Bolívar, se conserva un rincón que parece detenido en el tiempo. Se trata de la Librería Ávila, conocida antiguamente como Librería del Colegio, un espacio que no sólo resguarda libros antiguos, sino también buena parte del ADN cultural y político de la Argentina. Sus orígenes se remontan a 1785, lo que la convierte en la librería más antigua de Buenos Aires, del país e incluso, según algunas investigaciones, una de las más antiguas del mundo que aún sigue en pie.

Un rincón colonial que sobrevivió al paso del tiempo
Su historia comenzó cuando el farmacéutico Francisco Salvio Marull abrió allí una pequeña botica donde también se vendían libros, en una ciudad que todavía formaba parte del Virreinato del Río de la Plata. Ese local de adobe y techo de paja pronto se transformó en un punto neurálgico de la vida intelectual colonial. A pasos de la Plaza Mayor, frente al Colegio Mayor de San Carlos (hoy el Colegio Nacional Buenos Aires) y a metros de la Iglesia de San Ignacio, la botica-librería era frecuentada por estudiantes, religiosos, comerciantes y, con el tiempo, por los protagonistas de la revolución que estaba por gestarse.
Durante los años previos a 1810, la librería se convirtió en un verdadero refugio de ideas revolucionarias. Por sus estantes circulaban libros franceses que alimentaban los debates sobre libertad, derechos y modernidad. Y entre sus clientes habituales se encontraban Manuel Belgrano, Mariano Moreno, Juan José Paso y Juan José Castelli, quienes visitaban la librería para conseguir las novedades intelectuales que llegaban desde Europa, muchas veces de manera clandestina. En ese pequeño comercio, los jóvenes patriotas encontraban tanto lecturas prohibidas como un espacio para discutir el futuro político del Río de la Plata.
Pero la librería no sólo fue testigo de las agitaciones revolucionarias: en 1801, fue el único lugar donde se vendió el primer periódico porteño, El Telégrafo Mercantil, un hito fundamental para la prensa local. Con el paso de las décadas, la Librería del Colegio siguió sumando capítulos a su historia. Se convirtió en la primera casa de dos pisos de la ciudad y pasó por distintos dueños, hasta que finalmente adoptó el nombre que lleva hoy.

Años de abandono y el rescate que la salvó de desaparecer
A fines del siglo XX, tras años de abandono, la librería estuvo a punto de desaparecer. El edificio, que pertenecía al Arzobispado, corría riesgo de convertirse en un local de comida rápida. Fue entonces cuando Miguel Ávila, librero y apasionado por la cultura porteña, decidió intervenir. Compró el lugar, lo restauró y logró preservar su espíritu colonial y su acervo histórico, evitando su demolición. El entonces monseñor Jorge Bergoglio también formó parte de las negociaciones para salvarla.
Hoy, la Librería Ávila no sólo es un comercio: es un museo vivo. Declarada Sitio de Interés Cultural y Lugar Histórico Nacional, mantiene un archivo inmenso de documentos, libros raros y ediciones antiguas que atraen a investigadores, turistas y porteños que buscan reencontrarse con la memoria de la ciudad.
A más de dos siglos de su fundación, esta esquina sigue recordándonos que, en Buenos Aires, la historia también se escribe entre libros.


















