Atentado contra Sarmiento
Atentado contra Sarmiento Foto: Foto generada con IA

El sábado 23 de agosto de 1873, en pleno final de su mandato presidencial, Domingo Faustino Sarmiento vivió uno de los episodios más estremecedores y poco conocidos de la historia argentina: un atentado que podría haber terminado con su vida, mientras se dirigía en carruaje hacia la casa de su amante, Aurelia Vélez Sársfield, y del cual no se enteró… por su avanzada sordera.

Contexto político: rebelión y rencores

Corrían los últimos meses del gobierno de Sarmiento, el emblemático Padre del Aula. Gobernaba desde octubre de 1868 y enfrentaba una tenaz rebelión en Entre Ríos, encabezada por el caudillo Ricardo López Jordán. Las autoridades habían ofrecido una recompensa de 100.000 pesos por su captura, tras ordenar el asesinato de Justo José de Urquiza y dos de sus hijos.

La tensión era cada vez más palpable. El odio político rondaba, impulsado por resentimientos y ansias de venganza. En ese clima, surgió el plan de eliminar físicamente al presidente.

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El plan del magnicidio

El complot se gestó en un bar del barrio de La Boca. Allí, cuatro italianos –Aquiles Segabrugo (“El austríaco”), dos marineros Francisco y Pedro Guerri, y Luis Casimir (“Aníbal”)– acordaron cobrar 10.000 pesos por asesinar a Sarmiento, prometiéndoles además una fuga en barco a Montevideo al concluir el acto.

El mando parecía ligado directamente a López Jordán, a través de intermediarios como Carlos Querencio, según la investigación policial.

Noche de terror en Maipú y Corrientes

Era la noche del 23 de agosto. Sarmiento avanzaba desde su casa en Maipú hacia Corrientes, destino: el domicilio de Aurelia. En la esquina indicada, tres atacantes arremetieron con trabucos cargados y cuchillos impregnados de poderosos venenos: sulfato de estricnina, ácido prúsico y bicloruro de mercurio.

En la estampida, Francisco Güerri accionó su trabuco, pero la sobrecarga de pólvora provocó que el arma explotara, lastimándolo a él mismo antes de herir a Sarmiento. Los otros dos dispararon también, aunque sin precisión: incluso en los cuchillos, los venenos hacían el complot aún más siniestro.

Francisco Güerri y Pedro Güerri, condenados por intentar asesinar a Sarmiento
Francisco Güerri y Pedro Güerri, condenados por intentar asesinar a Sarmiento

La sordera salvadora

El desenlace es digno de una novela: Sarmiento, profundamente sordo, no escuchó ni los disparos ni la explosión. Solo supo del atentado cuando, al llegar al domicilio de su amante, fue informado por el jefe de policía, Enrique O’Gorman. Tranquilo y sorprendido, comentó luego: “Ese fue el mayor peligro que corrí”.

Arrestos, venganzas y misterios

Los atacantes fueron rápidamente detenidos: los hermanos Guerri y Casimir. Confesaron su implicancia y vinculación con Segabrugo y López Jordán. Este último, perdido en la confusión de Montevideo, fue luego asesinado, presuntamente por Querencio, lo que dejó en suspenso muchos detalles del complot.

La prensa de la época enfatizó la novedad del atentado: era la primera vez que se intentaba asesinar a un presidente argentino en pleno ejercicio, marcando un capítulo oscuro en las turbulentas décadas posteriores.

El atentado recreado por Caras y Caretas
El atentado recreado por Caras y Caretas

Legado e impacto histórico

Sarmiento culminó su presidencia en octubre de 1874. Aunque no murió por este atentado, el episodio dejó una huella indeleble: demostró la profundidad del conflicto político y el nivel de hostilidad que podía desencadenarse en un país que aún se fragmentaba entre “civilización y barbarie”.

El intento de magnicidio no solo reveló una red de violencia política, sino también una sofisticación fatal: armas envenenadas, financieros ocultos, y una celada en plena fracción urbana bonaerense.