Opinión de Germán Kammerath: Argentina en la mesa del pueblo chino
Cómo la comida, la movilidad y la vida cotidiana están acercando —paso a paso— a dos países lejanos.

Germán Luis Kammerath, ex Intendente de la Ciudad de Córdoba, Diputado Provincial, Diputado Nacional y Vicegobernador de dicha provincia, brindó su opinión en Reporte Asia sobre la importante e histórica relación comercial entre China y Argentina.
A continuación, reproducimos lo expresado en dicho artículo:

Argentina en la mesa del pueblo chino
Cómo la comida, la movilidad y la vida cotidiana están acercando —paso a paso— a dos países lejanos.
Durante años, millones de personas en China escucharon una palabra extranjera sin preguntarse demasiado por su origen. Sonaba en ringtones de teléfonos móviles, en karaokes de barrio y en reuniones informales después del trabajo: “Argentina”. La canción Don’t Cry for Me, Argentina, interpretada por Madonna en Evita, se convirtió en un clásico inesperado y todavía hoy forma parte del repertorio habitual de los karaokes chinos.
Para muchos, ese fue el primer contacto con Argentina. No llegó a través de tratados ni de libros de historia, sino por la cultura popular. Con el tiempo, ese nombre empezó a aparecer en lugares más concretos: en la comida, en la bebida y en los hábitos cotidianos. Y China, a su vez, comenzó a instalarse en la vida diaria de los argentinos de maneras igualmente tangibles.
Esta es la historia de cómo dos países distantes, con trayectorias históricas y culturales muy distintas, empezaron a encontrarse en lo cotidiano, lejos de los grandes titulares geopolíticos.
Del campo argentino al ritual chino
Argentina exporta sorgo. En los registros comerciales internacionales aparece como un cultivo más, asociado a rendimientos, volúmenes y precios. En China, ese mismo grano tiene un destino diferente: es la base del baijiu, la bebida destilada blanca más consumida del país.
El baijiu no es una bebida marginal. Está presente en banquetes oficiales, celebraciones familiares, bodas, cumpleaños y acuerdos comerciales sellados con un brindis. Forma parte de la sociabilidad china. En ese ritual compartido, aunque la mayoría de los consumidores no lo sepa, aparece Argentina. Sin sorgo, no hay baijiu. Y sin baijiu, falta una pieza central de la vida social china. Es un vínculo silencioso pero profundo entre el campo argentino y la mesa china.
Carne argentina: del nicho al consumo aspiracional
La carne argentina siguió un camino particular en China. Durante años fue un producto de nicho, limitado a importadores especializados y restaurantes de alto nivel. Con el crecimiento sostenido de la clase media urbana, ese lugar empezó a cambiar.
La carne bovina argentina pasó de ser una rareza importada a convertirse en un producto aspiracional. Hoy se vende en plataformas de comercio electrónico, aparece en restaurantes especializados y se asocia a atributos claros: calidad, trazabilidad y origen confiable.
A la par, la carne avícola argentina también ganó espacio. Menos visible en el discurso público, pero más presente en la cocina diaria, su competitividad sanitaria y su escala productiva la volvieron una opción habitual. En muchos hogares chinos, el pollo argentino se integró a la dieta cotidiana como parte de una canasta alimentaria cada vez más internacionalizada.
Para una clase media urbana más informada, elegir proteínas argentinas no es solo una decisión nutricional. Es una señal de confianza en el origen.
Vino argentino: menos volumen, más contexto
Durante años, el vino argentino en China estuvo casi exclusivamente asociado al Malbec. Sigue siendo la referencia principal y la puerta de entrada. Pero el consumo está cambiando.
En línea con tendencias globales, crece el interés por vinos blancos argentinos, en particular Torrontés, Chardonnay y Sauvignon Blanc, más compatibles con cocinas ligeras y hábitos urbanos.
Ese vino también llega a través de restaurantes creados por emprendedores chinos que vivieron en Argentina. En Obelisco, en Beijing, una réplica del Obelisco porteño domina el enorme patio de ese restaurante y funciona como símbolo inmediato de Buenos Aires. En Malbec & Food, la gastronomía argentina se presenta sin artificios, con énfasis en la experiencia cotidiana.
No se trata de reemplazar al Malbec, sino de ampliar el marco y construir una narrativa más diversa.
Dos barcos como símbolo
En los últimos meses, dos barcos ayudaron a ilustrar esta relación mejor que cualquier comunicado oficial.
Uno partió de Argentina rumbo a China cargado de trigo. El otro llegó a la Argentina con miles de vehículos eléctricos chinos. Uno transportó alimentos. El otro, movilidad.
Juntos describen una relación que se expresa cada vez más en la vida diaria, lejos de los despachos diplomáticos.
El trigo argentino y el pan de todos los días
El primer embarque de trigo argentino llegó recientemente a China. El arribo fue encabezado por Marcelo Suárez Salvia, junto a autoridades de COFCO, y recibió amplia cobertura en medios locales.
Según informó Agrofy News, ese trigo se convertirá en harina destinada a abastecer tiendas de alimentos, panaderías y cafés masivos de las grandes ciudades, donde se venden croissants, panes lactales y productos de pastelería de consumo diario. En ciudades como Shenzhen, Beijing y Shanghái, el público consumidor incluye madres jóvenes con sus hijos y una generación urbana abierta a nuevos hábitos alimentarios.
Durante décadas, Argentina fue conocida como el Granero del Mundo. Esa idea vuelve a cobrar sentido, ahora asociada a mesas urbanas chinas, supermercados de cercanía y cafeterías donde el pan forma parte de la rutina diaria.
Vehículos eléctricos y movilidad cotidiana
Casi al mismo tiempo, un buque de BYD desembarcó cerca de 5.000 vehículos eléctricos e híbridos en el Puerto de Zárate.
El impacto fue inmediato. Los autos comenzaron a circular en ciudades argentinas, valorados por su diseño, eficiencia y precio. Para muchos usuarios, ese fue el primer contacto cotidiano con la industria tecnológica china.
La movilidad eléctrica no se limita a los autos. Bicicletas, motos eléctricas y ciclomotores de carga empiezan a usarse en reparto urbano, logística de última milla y actividades rurales. En barrios, pueblos y zonas productivas, estos vehículos ofrecen soluciones concretas a problemas cotidianos de costo y acceso.
Una historia que empezó en 1990
Este intercambio no es nuevo. En 1990, durante una visita oficial, el entonces presidente chino Yang Shangkun donó 1.000 bicicletas a la Argentina, entregadas simbólicamente al presidente Carlos Menem en la embajada china en Buenos Aires.
Treinta y cinco años después, la bicicleta vuelve a ser un símbolo, ahora asociado a movilidad sostenible, trabajo cotidiano y logística urbana.
Diplomáticos profesionales… y puertas abiertas
Detrás de muchos de estos intercambios hay un trabajo menos visible, pero decisivo. Argentina cuenta con diplomáticos profesionales que operan desde la Embajada en Beijing y desde los consulados en Shanghái y Guangzhou, acompañando a empresas, provincias y productores en uno de los mercados más complejos del mundo.
Ese apoyo alcanza tanto a grandes compañías como a cooperativas rurales argentinas, que gracias a ese acompañamiento logran tener las puertas abiertas en espacios clave de China: ferias estratégicas, plataformas comerciales,puertos robotizados, importadores confiables y autoridades locales.
Es una diplomacia que no busca titulares, sino continuidad y resultados. Haciendo lo que hay que hacer en una gestión técnica y profesional, alejada de la politización de cabotaje de otros tiempos.
China, por su parte, realiza una tarea muy profesional en Argentina y desde hace décadas envía a diplomáticos muy eficientes que tienden puentes y construyen consensos en temas complejos buscando soluciones creativas, continuando la escuela del más recordado diplomático chino Xu Yicong, representante de su país en Argentina en los gobiernos de los presidentes Menem y De la Rúa, quien fue sucedido por una élite diplomática de primer nivel. Argentina es uno de los tres grandes proveedores de proteína animal y vegetal, y ahora de minerales relevantes para la economía china. Ambos países han construido, a lo largo del tiempo, una sólida agenda de amistad y comercio.
Migración, trabajo y experiencia compartida
Otro vínculo menos visible es el de los ciudadanos chinos que emigraron a la Argentina en los años 90, muchos de ellos provenientes de la provincia de Fujian.
Trabajaron en el comercio de cercanía, progresaron y, en muchos casos, regresaron a China con capital para emprender. Pero también llevaron consigo una experiencia: la de un país que les permitió trabajar y progresar en libertad, con una cultura de puertas abiertas a los inmigrantes.
Ese relato circula hoy en redes familiares y empresariales chinas, más allá de cualquier estrategia diplomática formal.
Ferias, comercio y futuro
Las ferias internacionales siguen siendo puntos de contacto clave. La Canton Fair y la China International Import Expo son espacios donde Argentina ya es reconocida como proveedor confiable.
El desafío es avanzar desde el volumen hacia la identidad, y desde la transacción puntual hacia relaciones de largo plazo.
Cuando la relación se vuelve cotidiana
Argentina llega a China en el pan que se horneará cada mañana para abastecer tiendas de alimentos, panaderías y cafeterías de marca internacional en las grandes ciudades, donde se venden croissants y productos de consumo diario en las cientas de miles franquicias de Mcdonald’s o KFC repartidas en todo ese inmenso país.
China llega a la Argentina en vehículos eléctricos, bicicletas, comercios de cercanía y nuevas rutinas de movilidad.
La lista de intercambios entre ambos países es amplia y está en permanente expansión. A los alimentos y la movilidad se suman flujos constantes de ideas, tecnología y personas. Cada año, miles de emprendedores argentinos viajan a China para identificar productos que luego comercializan en el mercado local, mientras industriales y fabricantes recorren ferias y polos productivos en busca de maquinaria y equipamiento para modernizar sus plantas y ganar competitividad.
Es un vínculo que ya no depende solo de grandes acuerdos ni de gestos diplomáticos. Se construye todos los días: en viajes comerciales, en pequeñas y medianas decisiones empresariales, en elecciones de consumo y en procesos productivos que conectan fábricas, comercios y hogares a miles de kilómetros de distancia.
A veces, la política exterior no se anuncia.
Simplemente se vive.












