Los caudillos olvidados
Los caudillos olvidados

La historia argentina, como la universal, está escrita casi en su totalidad por quienes salieron victoriosos. En esa construcción del pasado no hay dudas de que hay héroes y villanos, pero con el correr del tiempo ese “relato oficial” se ha ido cuestionando y reversionando para tener la versión más fidedigna posible.

Entre esos personajes malévolos nos encontramos con algunos que simplemente fueron borrados del relato oficial, dejando nulo cualquier homenaje en sitios simples como calles o plazas de la Ciudad de Buenos Aires. El mejor ejemplo es Juan Manuel de Rosas, el caudillo más famoso que no tiene feriados ni avenidas en su honor dentro de la capital argentina. ¿Quiénes son los otros?

Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). Foto: turismo.org

Los caudillos que no tienen calles en CABA

Cabe mencionar que la lista es más larga, pero decidimos cortarla entre los principales nombres. Se trata de hombres que desafiaron al poder de Buenos Aires y que, si bien son próceres en sus provincias, en la capital del Plata se decidió negarles cualquier tipo de reconocimiento. A pesar de que el país se defina como federal, entre los porteños triunfó el unitarismo.

Estanislao López

Estanislao López Foto: Archivo

Primer gobernador de Santa Fe entre 1818 y 1838. Fue una figura clave en la defensa del federalismo, la organización nacional y la autonomía de las provincias frente al poder central de Buenos Aires.

En su provincia es considerado como “el de un verdadero padre de la patria santafesina” y de la “confederación argentina”. Pero su importancia no fue solo a nivel provincial, sino por una gran influencia en la República Argentina. Estratega político y militar, es a él a quien hay que mencionar si hablamos del primer antecedente constitucional de Argentina, ya que impulsó y proclamó el Estatuto de 1819.

¿Entonces por qué fue tan resistido en la capital? Sucede que dentro de sus cualidades está la de haber sido un extraordinario estratega militar, ganándole sin pelear a Lavalle. Sabía que había un pastizal en el sur santafesino y si los caballos lo comían, morían. Entonces lo llevó hasta ese lugar y los 600 caballos de Lavalle murieron. Sin derramar sangre, López ganó la batalla y lo hizo volver a Buenos Aires.

Francisco Ramírez

Francisco Ramírez

Nacido en Entre Ríos, fue un gran defensor del federalismo artiguista. Designado por el caudillo oriental como comandante de su ciudad natal, desde allí colaboró en la campaña libertadora y consolidó el movimiento autonomista. Tras la caída del Directorio en 1820, Ramírez se alzó como la figura máxima del Litoral.

Creó la efímera República de Entre Ríos e hizo gala de su talento político y militar en los años de anarquía federal.

Pero las disputas internas sellaron su destino. Aunque triunfó en Cepeda sobre los unitarios, traicionó y enfrentó a su antiguo aliado Artigas hasta que el 26 de mayo de 1821 sufrió un golpe mortal de las tropas santafesinas de Estanislao López, otro viejo conocido, quien terminaría colgando su cabeza en el Cabildo de Santa Fe. Su rebeldía y el ser federal lo llevaron a ser desterrado de cualquier homenaje porteño.

Chacho Peñaloza

Chacho Peñaloza

Ángel Vicente Peñaloza, más conocido como el Chacho Peñaloza, fue un caudillo y militar federal de La Rioja, uno de los últimos líderes de esa corriente en alzarse en armas contra el centralismo de Buenos Aires.

Urquiza no respondió a su llamado (curiosamente el único caudillo del interior homenajeado con creces en la “París de Sudamérica”) y tras la derrota es obligado a replegarse. Intentó avanzar sobre San Juan, pero fue vencido otra vez en la entrada de la capital.

Se rindió y entregó las armas, pero esto no evitó que fuera asesinado brutalmente. Era el 12 de noviembre de 1863. Su cabeza fue exhibida sobre una pica en la plaza de Olta, en medio de los llanos riojanos. Su legado fue retomado por las montoneras federales, que se levantaron para oponerse a la Guerra del Paraguay.

Felipe Varela

Felipe Varela

Varela lideró el último levantamiento de los caudillos de la región del Cuyo que se pronunciaron en contra del gobierno de Bartolomé Mitre, que había resultado vencedor en la batalla de Pavón en 1861.

Varela, caudillo catamarqueño y estanciero de Guandacol, en La Rioja, había peleado contra el gobierno de Juan Manuel de Rosas, pero debió exiliarse en Chile. A la caída del Restaurador, se integró a la confederación a las órdenes de Urquiza; pero, tras la derrota de Pavón, que dio triunfo a Mitre, se unió en 1862 a las fuerzas federales al mando del Chacho Peñaloza.

Tras el asesinato del caudillo riojano, lideró el último levantamiento de los caudillos de la región del Cuyo. A pesar de contar con un importante apoyo popular, Varela y sus hombres fueron derrotados por las fuerzas nacionales, Varela se refugió en Bolivia y más tarde en Chile, donde murió enfermo de tisis el 4 de junio de 1870.

Todos estos hombres son héroes en sus provincias por luchar y morir con sus convicciones en una época donde todo se decidía en el campo de batalla. Su derrota ante el poder les significó la muerte, el destierro y el olvido en la capital que solo recuerda a quienes escribieron la historia.