Rosas tuvo una avenida en CABA y pocos lo saben: duró dos años y hoy homenajea a un estadounidense
Atraviesa los barrios de Belgrano, Coghlan y Villa Urquiza de la capital argentina. Por un corto tiempo homenajeó al prócer más polémico de la historia nacional, un detalle que varios prefieren evitar.

La historia argentina, como la universal, está escrita casi en su totalidad por quienes salieron victoriosos. En esa construcción del pasado no hay dudas de que hay héroes y villanos, pero con el correr del tiempo ese “relato oficial” se ha ido cuestionando y reversionando para tener la más fidedigna posible.
Entre esos personajes malévolos nos encontramos con el más famoso: Juan Manuel de Rosas. Hombre resistido por la historiografía oficial, que tuvo a Bartolomé Mitre y Domingo Sarmiento como grandes artífices, pero cuyo protagonismo es innegable. Tan es así que el mismísimo José de San Martín lo reconoció. Entonces, ¿por qué los homenajes son nulos en CABA?
La avenida que tuvo Rosas por dos años
Hablamos de la que hoy es Avenida Monroe, que pasa por los barrios de Belgrano, Coghlan y Villa Urquiza, siendo una que alterna áreas comerciales con residenciales.
Tiene un trazado en sentido noreste a sudoeste que comienza en el barrio de Belgrano, específicamente en su intersección con la Avenida Figueroa Alcorta. Al final de su recorrido, coincide con su cruce con la Avenida de los Constituyentes, justo enfrente del barrio de Villa Pueyrredón y luego del cruce con la citada arteria vial, la Avenida Monroe se convierte en la Calle Griveo.

Lo que pocos saben es que en la década del 70 pasó a llamarse Rosas. La información fue confirmada años atrás por el Instituto Histórico de la Ciudad, lugar donde quedó constatado que esta arteria se llamaba Saavedra en 1855. En 1893, una ordenanza le otorgó la denominación de Monroe, que estuvo vigente durante 80 años.
Pero durante la tercera presidencia de Juan Domingo Perón, por la ordenanza 29.905, adquirió el nombre de Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas. Dos años después, la Junta Militar la volvió a bautizar con el apellido del presidente norteamericano, mediante el decreto ordenanza 1665/76.
Don Juan Manuel, “El Restaurador”
Juan Manuel José Domingo Ortiz de Rosas y López de Osornio nació el 30 de marzo de 1793 en Buenos Aires, hijo de León Ortiz de Rozas y Agustina López de Osornio. Su familia era una de las más importantes de la Provincia, puesto que poseían varios miles de hectáreas, lo que convirtió en un prestigioso estanciero de la región.
Su figura política comenzó a crecer a medida que la guerra civil entre unitarios y federales escalaba, transformándose en un dirigente militar representando a los propietarios rurales y alineándose a la corriente federal que sería clave en sus mandatos. El fusilamiento de Dorrego significó un hecho clave en sus aspiraciones, la decisión de Juan Lavalle de asesinar al exgobernador terminaría por acabar con su carrera política y acrecentar la de Rosas que vio una oportunidad repudiando el hecho y ganando adeptos que veían con buenos ojos que ocupe el lugar de gobernador.

Finalmente, el 8 de diciembre de 1829, la legislatura de Buenos Aires lo proclamó Gobernador dándole el título de Restaurador de las Leyes e Instituciones de la Provincia de Buenos Aires, esto significaba que tendría todas las facultades ordinarias y extraordinarias. Su primer mandato duró hasta el 17 de diciembre de 1832. Durante los años en los que no fue gobernador la escalada de violencia entre unitarios y federales estaba en su punto máximo con el asesinato de Facundo Quiroga en Barranca Yaco, esto obligó a que el gobernador Vicente Maza renuncie y se le ofrezca a Rosas un nuevo mandato que rechazó en un principio por no tener las facultades que si se le habían dado en el primero. Finalmente, este pedido fue aceptado y se le otorgó la suma del poder público, que no era más que la representación y ejercicio de los tres poderes del Estado. El 7 de marzo de 1835 comenzó su segundo período como gobernador.
Rosas fue derrocado en la Batalla de Caseros el 3 de febrero de 1852, se fue exiliado a Inglaterra. Pero el fantasma de su nombre siguió merodeando Buenos Aires, siempre siendo sinónimo entre la barbarie y un reconocimiento que nunca le llegó.

Esto hizo que, a diferencia de otros próceres, su nombre no se tradujera en un feriado nacional. Recién en 1989 sus restos fueron repatriados desde Inglaterra, donde había muerto en 1877, y en 1999 el Congreso Nacional lo declaró “héroe nacional”.
Era tanto el desprecio por su nombre que en febrero de 1899, 47 años después de la Batalla de Caseros, Adolfo Jorge Bullrich, intendente municipal, tomó la decisión de dinamitar lo que quedaba del histórico caserón de Palermo, su última casa en el Río de la Plata.
Monroe, el presidente estadounidense homenajeado en CABA
James Monroe fue presidente de los Estados Unidos entre 1817 y 1825 y autor de una doctrina que sobrevivió a su tiempo porque de ahí nació el concepto “América para los americanos”. Promulgada en 1823, fue la respuesta aislacionista a la restauración monárquica en Europa y una eventual reconquista de América Latina.

Sostenía Monroe que las naciones del Nuevo Mundo no serían consideradas sujetas a futura colonización por ninguna potencia europea. Este expresidente había nacido en Westmoreland, Virginia, en 1758 y fue, desde joven, hombre de fuertes ideas nacionalistas, ambicioso y enérgico: fue soldado, abogado, senador y embajador en Francia. Cuando llegó a la presidencia, en 1817, armó un poderoso gabinete, con el sureño John Calhoun como secretario de Guerra y el norteño John Quincy Adams -uno de sus más cercanos consejeros, que lo sucedería- como secretario de Estado.
Muchos años después de su muerte, en 1931, esta doctrina fue bautizada con su apellido.


















