Un tango carioca: el brasileño con una vida de película detrás del éxito de Carlos Gardel
Letrista, escritor, guionista, traductor, periodista argentino y autor de las letras más famosas a las que El Zorzal les puso voz. Cómo se conocieron y el final trágico.

Detrás de todo hombre e ídolo popular hay otro que trabaja a su sombra para que se luzca y sea el mejor en su rubro. Así actuó la sociedad entre Carlos Gardel y Alfredo Le Pera, quienes por cuatro años se asociaron para producir las mejores canciones de la carrera del Zorzal. Pero este hombre, nacido en San Pablo, Brasil, tuvo una vida también de película que merece una nota aparte.
Quién fue la mano derecha del mejor cantante de tango de la historia, de alcanzar el éxito máximo a un trágico final en Medellín.
Alfredo, el brasileño más argentino
Hijo de los italianos Maria Sorrentino y Alfonso Le Pera, viajaban desde Europa hacia Argentina, pero debieron quedarse un par de meses en Brasil, ya que Maria estaba por dar a luz. Allí nació Alfredo y dos meses después anclaron en Buenos Aires para vivir en el barrio de San Cristóbal.
El primogénito de la familia desde joven se apasionó por la escritura y dramaturgia, cursó el bachillerato en el Colegio Nacional Bernardino Rivadavia, donde tuvo como profesor al crítico teatral Vicente Martínez Cuitiño, quien influyó en su vocación. Haber estudiado piano le facilitó la tarea de componer sus primeros temas.
Tuvo un paso como periodista en El Plata, El Mundo, Última Hora, La Acción y El Telégrafo. Incluso escribió las obras La sorpresa del año, Los modernos mandamientos, Gran circo político y Melodías de arrabal, entre otras.
La muerte de su gran amor, Aída Martínez, producto de una enfermedad a fines de la década de 1920, le generó un profundo pesar a Alfredo. Tangos como El día que me quieras y Sus ojos se cerraron sirvieron de inspiración para mitigar aquel dolor.

De dramaturgo a letrista de tango
Por motivos profesionales, realizó varios viajes a París. Al volver a Buenos Aires comenzó a trabajar en la traducción y confección de subtítulos para películas silentes, realizando dicha tarea junto con Leopoldo Torres Ríos, quien más tarde sería relevante director del cine argentino (y padre del también eximio director Leopoldo Torre Nilsson).
Su amistad con Enrique Santos Discépolo le permitió viajar a Chile con la compañía de revistas de Mario Benard que integraba Tania. Allí compuso Carrillón de la Merced, su debut como letrista de tango y al regresar al Río de la Plata comenzó su consagración.

A fines de 1931 volvió a viajar a París, esta vez por su oficio de traductor de películas y con el encargo de comprar algunos filmes para el mercado argentino. Siguiendo en Europa comenzó a trabajar para Artistas Unidos, traduciendo al español las leyendas de las películas mudas. En ese tiempo conoció a distintas figuras de la cinematografía y redactó notas para Noticias Gráficas, en las que reflejó el impacto que le produjeran los destacados directores René Clair y Alfred Hitchcock.
Fue en París, en el bar Gavarni de la rue Chantal, Edmundo Guibourg habría hecho la presentación que cambiaría al tango: Gardel y Le Pera. “Le dije a Carlos: ‘Yo te voy a presentar un muchacho que podrá servirte de mucho… Algo ha hecho…’. Cuando le nombré a Alfredo Le Pera, me contestó: ‘Yo lo conozco de los cafés de Buenos Aires’.”, reproduzco Ruben Pesce en su Historia del Tango Volumen 18.

Para el Morocho del Abasto escribió sus mayores éxitos: “Mi Buenos Aires querido”, “Por una cabeza”, “El día que me quieras”, “Cuesta abajo”, “Soledad”, “Volver” y “Sus ojos se cerraron”. Asimismo, sería el guionista de las películas de Gardel.
El éxito se terminó abruptamente con la tragedia del 24 de junio de 1935. Carlos Gardel, Ángel Domingo Riverol, Guillermo Barbieri y el propio Le Pera, fallecieron al chocar dos aeroplanos a punto de despegar, solo sobrevivió con graves secuelas el guitarrista José María Aguilar.
















