La masacre después de la Batalla de Caseros: matanzas, traiciones y venganzas contra los fanáticos de Rosas
Ese día, el Ejército Grande, liderado por Justo José de Urquiza, derrotó de manera contundente a las fuerzas del gobernador bonaerense Juan Manuel de Rosas. Lo que pocos imaginaban era el baño de sangre que se desataría.

La historia argentina está atravesada por conflictos: primero, la lucha por la independencia lograda en 1816 y luego una prolongada guerra civil entre unitarios y federales que dominó gran parte del siglo XIX.
En ese escenario turbulento, hay dos hechos clave que, aunque separados por décadas, comparten la misma fecha y dejaron una huella profunda en la construcción del país: el Combate de San Lorenzo (1813) y la Batalla de Caseros (1852).
Ambos ocurrieron un 3 de febrero, y ambos cambiarían para siempre el destino de lo que hoy conocemos como la República Argentina.

La Batalla de Caseros: el fin de una era
El 3 de febrero de 1852, en el actual partido de Tres de Febrero (Gran Buenos Aires), se libró la batalla que abrió el camino hacia la organización nacional. Ese día, el Ejército Grande, liderado por Justo José de Urquiza, derrotó de manera contundente a las fuerzas del gobernador bonaerense Juan Manuel de Rosas.

El Pronunciamiento que lo cambió todo
Meses antes, en mayo de 1851, Urquiza había dado el famoso Pronunciamiento, rompiendo con Rosas en medio de una larga disputa entre Buenos Aires y las provincias por la centralización del poder y la falta de una Constitución.
Con unos 28.000 hombres, avanzó hacia la provincia para enfrentar a los 22.000 soldados federales.
La batalla comenzó cerca de las 8 de la mañana y se extendió hasta las 14 horas. Con unos 50.000 combatientes en total, el Ejército Grande se impuso desde el inicio, sobre todo gracias al uso de coheteras, una tecnología militar muy avanzada para la época.
Un Rosas debilitado y una derrota irreversible
Rosas ya había perdido apoyos clave —entre ellos, Ángel Pacheco— y su negativa permanente a convocar una Constitución se volvió insostenible. La derrota fue total:
- Urquiza perdió unos 300 hombres.
- Las fuerzas de Rosas, 1.500.
Aquel líder que había dominado la región durante décadas debió huir esa misma noche rumbo al exilio en Gran Bretaña, donde vivió hasta su muerte en 1877.
En la batalla también participaron figuras que luego serían presidentes argentinos, como Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento.
La victoria del interior allanó el camino para la Constitución Nacional de 1853.
El actual partido Tres de Febrero debe su nombre a esta batalla, no al combate que San Martín había librado en San Lorenzo 41 años antes.
Violencia después de la victoria
El día después de Caseros estuvo marcado por la venganza.
Rosas redactó su renuncia y se embarcó hacia Gran Bretaña, mientras que en el campo de batalla los vencedores se ensañaron con los vencidos.

Ejecuciones y represalias
Entre los casos más brutales figura el asesinato de Martiniano Chilavert, un prestigioso artillero que había cambiado de bando años antes. Fue ejecutado con una violencia extrema.
También fueron degollados los integrantes de la división del coronel Pedro León Aquino, quienes se habían sublevado el mes anterior.
Peor aún, un grupo de rosistas fingió rendirse y masacró a los heridos del hospital de campaña. Allí murió el cirujano mayor Claudio Mamerto Cuenca, atravesado por el sable del jefe militar José Pons de Ojeda pese a no ser partidario rosista: simplemente estaba cumpliendo con su deber de médico.
La purga de 1853
Meses después, en la segunda mitad de 1853, y tras el levantamiento del sitio de Hilario Lagos, las autoridades porteñas iniciaron una dura persecución contra antiguos hombres de Rosas, especialmente los vinculados a La Mazorca, la temida fuerza parapolicial de la Sociedad Popular Restauradora.
Ciriaco Cuitiño, Leandro Antonio Alén y otros miembros del grupo se entregaron creyendo que recibirían penas menores. En cambio, tras casi seis meses de encarcelamiento, fueron condenados a muerte.
Los fusilamientos
- 17 de octubre de 1853: Manuel Troncoso y Silverio Badía fueron fusilados y expuestos en la horca.
- 24 de noviembre: Floro Vázquez corrió la misma suerte.
- 29 de diciembre: Cuitiño y Leandro A. Alén fueron ejecutados frente a la Iglesia de la Concepción y luego colgados durante cuatro horas como escarmiento público.

Un país marcado por el 3 de febrero
El Combate de San Lorenzo y la Batalla de Caseros ocurrieron en momentos muy distintos, pero ambos marcaron quiebres decisivos para el futuro argentino.
Uno fue el primer triunfo militar de San Martín, el otro el fin del ciclo rosista y el inicio del camino hacia la Constitución.
Dos episodios separados por 39 años… pero unidos por una fecha que la historia argentina nunca pudo ignorar: el 3 de febrero.


















