Julio Argentino Roca
Julio Argentino Roca Foto: Imagen generada por IA

En el corazón del barrio porteño de Recoleta, sobre la tranquila calle Vicente López, se levanta una casona histórica que resguarda un pasado cargado de controversias, silencios y redefiniciones. El Museo Roca – Instituto de Investigaciones Históricas, ubicado en Vicente López 2220, Ciudad de Buenos Aires, se ha convertido en un punto clave para quienes buscan comprender una de las etapas más discutidas de la historia argentina: la Campaña del Desierto encabezada por el general y dos veces presidente Julio Argentino Roca.

Entre sus vitrinas, una pieza atrae todas las miradas: el fusil Winchester modelo 1876, el arma asociada a los avances militares en la Patagonia durante 1879. Más allá de su valor material, el rifle funciona como un símbolo de la compleja construcción territorial del país, un recordatorio de decisiones políticas y militares cuyas consecuencias aún resuenan en los debates contemporáneos sobre identidad, territorio y memoria.

El arma que marcó una época

El Winchester 1876, fabricado en Estados Unidos y mundialmente reconocido por su mecanismo de palanca, fue uno de los modelos que modernizó el arsenal argentino hacia fines del siglo XIX. Su presencia en la Campaña del Desierto acompañó a las tropas en los desplazamientos hacia el sur, en un proceso que implicó la expansión del Estado nacional sobre territorios habitados ancestralmente por pueblos originarios.

El fusil se puede encontrar en el Museo Roca Foto: El Cronista

Exhibido hoy en el Museo Roca, el fusil descansa dentro de una vitrina especialmente acondicionada. La madera oscura de la culata, el metal aún brillante del cañón y los detalles del mecanismo permiten dimensionar la fineza técnica y la potencia que caracterizaban a esta arma. Junto a él, paneles, fotografías, mapas y documentos ofrecen una mirada ampliada que busca contextualizar la pieza sin caer en simplificaciones ni omitir su carga histórica.

El museo recibió el arma a través de una donación familiar décadas después de la muerte de Roca. Desde entonces, ha sido objeto de estudios, visitas guiadas y conversaciones que buscan revisar cómo narrar este capítulo del pasado argentino.

En la foto (izq. a der.) a Lorenzo Vintter, Teodoro García, Julio A. Roca y Conrado Villegas Foto: Archivo

Un espacio para pensar la historia argentina

El Museo Roca no solo conserva objetos asociados al general, sino que propone un recorrido que incluye escenas de época, material audiovisual, exposiciones temáticas y una biblioteca especializada. El edificio mismo, una antigua residencia de estilo ecléctico, agrega su propia capa histórica al paseo.

Para quienes quieran visitarlo, el museo abre sus puertas de miércoles a domingo, de 14:00 a 19:00, permaneciendo cerrado los lunes y martes. La entrada es gratuita y no se requiere reserva previa, aunque ciertos eventos especiales pueden contar con cupos limitados.

Estas franjas horarias permiten a los visitantes recorrer con tranquilidad las salas, muchas de ellas diseñadas para invitar a la reflexión sobre los procesos sociales implicados en la consolidación del Estado argentino. Paneles interpretativos abordan tanto la figura de Roca como las consecuencias que la Campaña del Desierto tuvo sobre las comunidades originarias, poniendo en escena las distintas miradas que hoy atraviesan la discusión.

El museo está en Recoleta Foto: Argentina cultura

El Winchester como testimonio incómodo y necesario

Observar el fusil de Roca es enfrentarse a uno de los símbolos más controversiales de nuestra historia. Para algunos, representa el avance del Estado moderno y la integración territorial; para otros, el dolor de la violencia, la apropiación y los desplazamientos forzados. En ese cruce de interpretaciones, el Museo Roca propone un espacio donde la memoria puede ser revisada de manera crítica y abierta.

En tiempos en los que la Argentina vuelve a debatir su pasado y sus formas de narrarlo, la presencia del Winchester —tan silencioso como el vidrio que lo protege— invita a detenerse y pensar. No es solo un arma antigua: es un fragmento material de un proceso que moldeó el país y que todavía interpela a quienes buscan comprenderlo.