Los locales de pizzerías más antiguos por barrio: un mapa histórico del ADN porteño
Las pizzerías más antiguas de Buenos Aires son verdaderos templos donde se conserva intacta la esencia porteña. Desde Almagro hasta La Boca, cada barrio guarda un local histórico que marcó el inicio de su identidad gastronómica. En estos hornos, encendidos hace casi un siglo, nació la pizza al molde, la fugazzeta y la tradición de comer al paso que aún define a la Ciudad.

Si hay un termómetro infalible para medir la identidad de un barrio porteño, es su pizzería más antigua. Allí donde el horno no se apaga y la muzzarella cae en cascada, vive la memoria de generaciones enteras que hicieron de la pizza un ritual afectivo, cultural y profundamente nuestro. Muchos de esos locales nacieron de manos de inmigrantes italianos en las primeras décadas del siglo XX y hoy siguen siendo faros gastronómicos que conservan recetas, estilos y costumbres.
A continuación, un recorrido por las pizzerías históricas más representativas de cada barrio, aquellas que aún mantienen encendida la llama de la tradición.

Almagro – Pin Pun (1927)

Considerada la pizzería más antigua de Buenos Aires, Pin Pun abrió sus puertas en Avenida Corrientes 3954 en 1927, de la mano de inmigrantes italianos que definieron el estilo de pizza al molde que más tarde sería sinónimo de “pizza porteña”. Su masa alta, su muzzarella abundante y su fainá clásica consolidaron un legado que hoy continúa vivo. Fue la primera de la Ciudad según la Asociación de Pizzerías y Casas de Empanadas (APYCE) y un ícono del barrio de Almagro.
Belgrano – Casa Burgio (1932)

En la Avenida Cabildo 2477, Casa Burgio mantiene desde 1932 un estilo tradicional infaltable en el paisaje belgranense. Su salón conserva detalles de época: venecitas, pizarrones con letras plásticas y el horno a leña que define sus pizzas al molde repletas de muzzarella. Su historia de resistencia, marcada incluso por un cierre temporal durante la pandemia y una reapertura celebrada, la convierte en un verdadero emblema del barrio.
La Boca – Banchero (1932)

Fundada también en 1932 por la familia genovesa Banchero, esta esquina de Almirante Brown y Suárez es cuna de la fugazzeta con queso, una de las contribuciones más importantes de Buenos Aires a la gastronomía mundial. Reconocida como Sitio de Interés Cultural, Banchero sigue siendo punto de encuentro para vecinos, turistas y amantes de la pizza de barrio servida bien caliente y sin pretensiones.
San Nicolás – Güerrín (1932) y Las Cuartetas (1932)
Si Buenos Aires tuviera una capital pizzera, sería la Avenida Corrientes. Allí se alzan dos templos históricos:
Güerrín, fundada por genoveses

Desde 1932, su horno —alimentado a quebracho— nunca dejó de funcionar. Produce miles de pizzas por día, mantiene técnicas artesanales y es parada obligada de oficinistas, artistas y habitués del teatro porteño. Un verdadero fenómeno social.
Las Cuartetas, otro clásico de Corrientes

También nacida en 1932, conserva su estilo de bodegón y su identificación con la pizza al molde clásica. Su lema, “una porción de Buenos Aires”, resume la experiencia que se vive al cruzar su puerta: nostalgia, identidad y sabor.
San Telmo – Pirilo (1932)

En Defensa 821, Pirilo funciona desde hace más de 90 años atendido por la misma familia fundadora. Sin mesas ni sillas, solo una barra y hornos que parecen detenidos en el tiempo, este local propone volver a la esencia: comer de parado una pizza al molde húmeda, esponjosa y cargada de muzza. Un viaje directo a la Buenos Aires de antaño.
Un patrimonio que sigue vivo
Cada uno de estos locales no solo cuenta la historia de su barrio: cuenta la historia de la Ciudad. La pizza porteña, con su identidad única, nació y creció en estas cuadras donde aún hoy los hornos repiten los mismos rituales que hace casi un siglo. Entrar a cualquiera de estas pizzerías es entrar a la memoria viva de Buenos Aires.


















