El único homenaje a un caudillo en Buenos Aires es una avenida dedicada a un feroz unitario y es la “pesadilla” de los conductores
La Avenida General Paz es hoy la frontera más famosa entre Ciudad y Provincia, pero su nombre rinde homenaje a un feroz caudillo unitario cuya vida estuvo marcada por guerras civiles, heridas históricas y un legado tan polémico como ignorado. Mientras millones la padecen cada día en los embotellamientos, su historia revela una Buenos Aires dividida, modernizada y atravesada por tensiones que todavía resuenan.

La Avenida General Paz es, para millones de personas, sinónimo de embotellamientos eternos, bocinazos impacientes y regresos interminables a casa. Sin embargo, detrás de esta autopista de 24,3 kilómetros —que marca el límite más reconocible entre la Ciudad de Buenos Aires y la Provincia— existe una historia profundamente ligada a la política, las guerras civiles y la forma en que se organizó el territorio argentino.
Lo que pocos recuerdan cuando quedan atrapados en hora pico es que esta arteria fue nombrada en homenaje a uno de los personajes más polémicos del siglo XIX: José María Paz, el caudillo cordobés que peleó en el bando unitario y que se ganó el apodo de “el Manco” tras quedar con el brazo inutilizado en combate. Aunque Buenos Aires rinde tributo a varios próceres, sorprende que el único caudillo del interior con una avenida de tal magnitud lleve justamente el nombre de un férreo opositor al federalismo.

Un límite político convertido en autopista
La idea de construir una vía perimetral que delimitara físicamente a Buenos Aires comenzó a tomar forma a fines del siglo XIX, cuando la federalización de 1887 volvió urgente fijar un borde urbano claro entre la ciudad y la provincia. Ese límite institucional fue el germen de lo que décadas más tarde se transformaría en la actual General Paz.
Las obras recién comenzaron en 1937 y significaron una transformación urbana sin precedentes: expropiaciones masivas, diseño paisajístico, puentes ornamentales y una traza inspirada en autopistas europeas y estadounidenses, algo revolucionario para la Argentina de aquella época. El proyecto fue tan ambicioso que llevó cuatro años de trabajo continuo, hasta su inauguración oficial el 5 de julio de 1941, convirtiéndose en la primera autopista del país.

La vida del hombre que le da nombre
José María Paz nació en Córdoba en 1791 y desde joven estuvo involucrado en la lucha por la independencia. Combatió bajo las órdenes de Manuel Belgrano y fue ascendido por su valentía. Tras su lesión en el brazo derecho en 1815, su figura se volvió aún más emblemática. Como líder unitario, se enfrentó duramente a los caudillos federales, gobernó Córdoba y dirigió la Liga del Interior. Su captura en Santa Fe y su posterior encierro por ocho años marcaron uno de los capítulos más dramáticos de su vida militar.
Paradójicamente, mientras en vida su figura era sinónimo de guerra y divisiones internas, hoy su nombre forma parte del paisaje cotidiano de millones de argentinos.

De avenida-parque a autopista colapsada
Desde su inauguración, la General Paz no dejó de transformarse. A lo largo del siglo XX y principios del XXI se ensanchó, incorporó más carriles y eliminó rotondas para responder al crecimiento desbordado del tránsito metropolitano. Las obras de modernización desde los años 60 y especialmente las de los 90 y 2000 terminaron de convertirla en la autopista más transitada del país.
Hoy, lejos de ser la elegante “avenida parque” de sus orígenes, es la protagonista de millones de historias de estrés diario. Pero también es un recordatorio silencioso de que, en Buenos Aires, incluso el tránsito tiene raíces profundas en nuestra historia política.


















