La historia mítica del colectivo 39: el recorrido porteño que lanzó a Carlitos Balá y marcó generaciones
La Línea 39 es mucho más que un colectivo porteño: es un ícono urbano que desde 1932 conecta barrios, historias y personajes inolvidables. De sus orígenes como la antigua Línea 32 a la consagración del humorista Carlitos Balá arriba de sus unidades, este recorrido marrón y blanco se convirtió en parte del ADN de Buenos Aires, uniendo generaciones a pura mística y tradición.

En Buenos Aires hay líneas de colectivo que son simplemente un medio de transporte, y otras que se convierten en parte del ADN porteño. La Línea 39 pertenece sin dudas a este último grupo. Su historia comenzó en 1932, cuando un grupo de emprendedores puso en marcha la entonces Línea 32, un servicio que unía Santa Fe y Carranza, en Palermo, con Caseros y Hornos, a metros de Constitución.
Aquella primera flota tenía apenas cinco vehículos International y transportaba a una veintena de pasajeros, pero la demanda creció tan rápido que en cuestión de meses la línea incorporó 30 unidades más y extendió su recorrido hasta Barracas y la zona de Nicaragua y Arévalo, en Palermo.
Cómo nació la línea 39
El número 39 llegaría poco después, consolidando una identidad que perduraría durante décadas. En 1936, la línea fijó domicilio en Charlone 609, entre Chacarita y Colegiales, marcando lo que sería su relación histórica con esa zona. Para entonces ya contaba con 50 coches y atravesaba tiempos difíciles por la ley de Coordinación de Transportes, que amenazaba a los colectiveros con la pérdida de autonomía. Tras huelgas, tensiones y negociaciones, la 39 logró sobrevivir y mantenerse en manos privadas, convirtiéndose en una de las llamadas “líneas de tenencia”, símbolo de resistencia y arraigo barrial.
A lo largo de los años, la 39 fue sumando ramales y adaptándose a la ciudad en transformación. Hoy une Barracas y Chacarita, pasando por Constitución, Monserrat, Tribunales, la Av. Santa Fe, Palermo y Colegiales. Opera las 24 horas y es reconocible por su característico esquema de dos tonos de marrón, blanco y detalles dorados, un sello distintivo en medio del paisaje urbano.

Recorrido actual de la Línea 39
Hoy, la Línea 39 une Chacarita con Barracas —y en algunos ramales, con Plaza Constitución— atravesando algunos de los puntos más emblemáticos de la Ciudad de Buenos Aires. Sus ramales recorren barrios como Chacarita, Colegiales, Palermo, Recoleta, Monserrat, Constitución y Barracas, pasando por lugares clave como Plaza Italia, el Centro de Transbordo Pacífico, el Metrobus 9 de Julio, Parque Lezama, el Hospital Pedro de Elizalde, el Hospital de Clínicas, el Jardín Botánico, la Estación Palermo, el Cementerio de la Chacarita, entre otros.
El Ramal 1, uno de los principales, parte de Jorge Newbery y Guevara en Chacarita y continúa por Maure, Av. Corrientes, Av. Federico Lacroze, Charlone, Castillo y Ravignani para empalmar con Av. Santa Fe, atravesando Palermo y Recoleta. Allí ingresa al Metrobus 9 de Julio por Lima Oeste, continúa por Av. Juan de Garay, Brasil y Tacuarí hasta la zona de Constitución, para luego descender hacia Barracas por Av. Caseros, Bolívar, Martín García y Av. Regimiento de Patricios hasta Av. Don Pedro de Mendoza. El regreso sigue el recorrido inverso, retomando Santa Fe, Carranza, Córdoba, Lacroze y Corrientes hasta volver a Chacarita.
Además, la línea cuenta con otros ramales que modifican parte del recorrido:
- Ramal B (por Colegiales)
- Ramal C (por Palermo Viejo / Palermo Hollywood)
- Ramales D, E y F, que conectan Chacarita con Plaza Constitución en diferentes variantes.
Todos mantienen como ejes los corredores Santa Fe, Palermo, Metrobus 9 de Julio y el acceso a Constitución y Barracas, ampliando la cobertura norte–sur de la ciudad.
La 39 continúa operando las 24 horas y conserva su clásica librea en tonos marrón, blanco y dorado, reafirmando su identidad histórica en el paisaje porteño.

Carlitos Balá, el pasajero más famoso
Pero si la Línea 39 es mito, es también gracias a las historias que la habitan. Y ninguna tan poderosa como la del querido Carlitos Balá, que dio sus primeros pasos humorísticos arriba de estos colectivos.
El joven Balá, nacido en Chacarita, aprovechaba los viajes para hacer chistes y actuar frente a los pasajeros, que muchas veces se pasaban de parada entre risas. Los choferes se peleaban por llevarlo y, sin saberlo, estaban siendo testigos del nacimiento de uno de los humoristas más influyentes del país. Con los años, la propia empresa lo homenajearía como símbolo de identidad cultural.

Las anécdotas no terminan ahí: cada Nochebuena, un empleado de la empresa se disfraza de Papá Noel y recorre la ciudad repartiendo sonrisas, tradición que ya es parte del folclore porteño.
La Línea 39 no solo transporta pasajeros: transporta historias. Atraviesa barrios, generaciones y emociones. Es parte del Buenos Aires que resiste, que cambia y que sigue celebrando su identidad en cada viaje.


















