La increíble historia de la vereda más angosta de Buenos Aires: un vestigio del tren de las basuras
Un tramo casi imperceptible en pleno San Cristóbal esconde una de las mayores curiosidades urbanas porteñas: la vereda más angosta de Buenos Aires, de apenas 20 centímetros de ancho. Su extraña forma diagonal no es un error de planificación, sino el último rastro del antiguo tren de las basuras que atravesaba la ciudad en el siglo XIX y dejó marcado para siempre el trazado del pasaje Oruro.

En el corazón del barrio de San Cristóbal, casi escondida entre calles con ritmo barrial, sobrevive un detalle urbano que fascina a curiosos y amantes de la historia porteña: la vereda más angosta de toda la Ciudad de Buenos Aires, ubicada en el cruce de Humberto Primo (3200–3250) y el inicio del pasaje Oruro, entre los números 1106 y 1122. Allí, una franja de concreto de apenas 20 centímetros de ancho, equivalente al tamaño de una baldosa, desafía el paso del tiempo con un origen tan inesperado como revelador.
Lejos de ser un simple “error de urbanización”, esta angostísima vereda es el último testigo visible de una historia casi olvidada: el paso del tren de las basuras, uno de los ramales más peculiares que tuvo la Buenos Aires del siglo XIX. Según explicó el licenciado en Diseño del Paisaje Fabio Márquez, esta irregular traza diagonal responde directamente al trazado ferroviario que ocupaba el pasaje Oruro. «Iba desde la Estación 11 de Septiembre —actual Plaza Once— hasta la zona del Riachuelo, donde hoy se encuentra la cancha de Huracán», detalló. Se trataba de un desprendimiento del Ferrocarril del Oeste.

Un tren incómodo para una ciudad en expansión
Este pintoresco pero necesario tren comenzó a funcionar hacia 1869, y fue inaugurado formalmente en 1873. Su misión: recolectar la basura que se acumulaba en mercados y zonas populosas —entre ellos el histórico Mercado de Abasto— y transportarla hacia la llamada “quema”, el enorme depósito donde se incineraban los residuos de la ciudad. Así lo relató Adrián Dubinsky, presidente de la Junta de Estudios Históricos de San Cristóbal.
Pero la vida útil del tren fue mucho más breve de lo que su importancia hubiera merecido. El 7 de noviembre de 1895, el servicio dejó de operar. El motivo principal fue el crecimiento acelerado de Buenos Aires: el basurero de Agüero y Rivadavia, que actuaba como punto de acopio previo a la quema, quedó rodeado por nuevas construcciones y ya no era viable mantener allí un centro de residuos.
Durante algunos años más, el ramal siguió transportando carbón y materiales hacia el Riachuelo, pero la apertura y desarrollo del Puerto Madero volvió obsoleta esa salida. La traza perdió sentido y pasó a convertirse en una vía muerta. Finalmente, los rieles fueron levantados.

De ferrocarril a calle porteña
Cuando el ferrocarril desapareció, el terreno quedó libre para el trazado urbano. Así nació el pasaje Oruro, heredando la geometría angosta y diagonal del antiguo ramal. En aquellos años, el barrio de San Cristóbal recién empezaba a poblarse, con apenas unas pocas casas desperdigadas en las inmediaciones. Con el tiempo, todo el sector creció densamente, excepto ese pequeño tramo donde la vereda quedó congelada en su forma original, imposible de ensanchar por las líneas de edificación ya consolidadas.
Hoy, tres viviendas comparten este insólito pedacito de historia que, más que una vereda, parece una curiosidad urbana salida de otra época. Su existencia recuerda que la Ciudad de Buenos Aires se construyó sobre capas de transformaciones: algunas visibles, otras escondidas bajo el cemento, y otras, como esta, sorprendentemente vivas.
En un recorrido que mezcla pasado industrial, memoria barrial y urbanismo, la vereda más angosta de Buenos Aires se convierte en un símbolo perfecto de cómo incluso los rincones más pequeños pueden contar las historias más grandes.


















