Su recorrido muestra una gran galería rectangular con tres pisos de departamentos
Su recorrido muestra una gran galería rectangular con tres pisos de departamentos Foto: Instagram @buenosairestourist

En el corazón de Colegiales, escondido entre calles arboladas y lejos del ritmo frenético de las avenidas, existe un sitio que parece suspendido en el tiempo: el Pasaje General Paz, más conocido popularmente como Pasaje Paz. Un corredor residencial centenario que combina misterio, historia y arquitectura y que, pese a estar a la vista, permanece invisible para la mayoría de los porteños.

Construido en 1925, este pasaje cumplió recientemente 100 años, celebrando un siglo de vida entre secretos, anécdotas y la atmósfera de otra Buenos Aires.

Dónde está el Pasaje Paz y cómo es este enclave casi clandestino

El pasaje atraviesa una manzana completa y conecta Ciudad de la Paz 561 con Zapata 552, en pleno Colegiales. Sus accesos están marcados por arcos de medio punto y rejas de hierro que dejan apenas entrever lo que sucede dentro: un universo propio.

En su interior, el visitante —si es que logra acceder, ya que hoy funciona como ámbito privado— encuentra un corredor de baldosas en damero, balcones de hierro forjado, maceteros, faroles y escaleras que se cruzan en distintos niveles. Son 57 unidades distribuidas en cuatro pisos y un diseño que muchos comparan con un patio andaluz en plena ciudad.

Este carácter estético y atmosférico llevó a especialistas como Pablo Bredossian a describirlo como “probablemente el pasaje más fastuoso de la ciudad”.

Luciendo barandas de hierro, convierten al gran patio en un conjunto Foto: Wikipedia

Un proyecto adelantado a su época

La historia del pasaje comienza en 1925, cuando el ingeniero y arquitecto Pedro A. Vinent, propietario del terreno, decidió construir un conjunto de viviendas colectivas pensadas para alquiler. La obra fue realizada por la constructora Gustavo Taddía y buscó responder a la necesidad habitacional de una Buenos Aires que crecía a ritmo acelerado por la inmigración.

En sus orígenes, el pasaje fue público y figuraba en los planos con el nombre Isabel Sánchez Vinent, esposa del arquitecto. Con el tiempo, adoptó el nombre actual en referencia a la entonces llamada calle General Paz (hoy Ciudad de la Paz).

Recién en los años 70 se convirtió en un espacio de acceso controlado, con rejas y horarios de ingreso, consolidando así su condición de enclave privado.

Un micromundo con identidad propia

Una de las particularidades más fascinantes del Pasaje Paz es que, desde sus inicios, mantuvo una fuerte vida comunitaria: balcones corridos que fomentan la interacción, patios centrales, puentes y terrazas donde los vecinos se reconocen y comparten.

Artistas, músicos, escritores y figuras de la cultura lo eligieron como hogar, y entre sus residentes históricos se mencionan nombres como Julieta Cardinali y Andrés Calamaro, entre otros.

Las historias barriales abundan: carnavales con baldazos desde los balcones, casamientos celebrados entre todos, reuniones improvisadas, chicos jugando de punta a punta del pasillo. Un verdadero microbarrio dentro de la ciudad.

Colegiales: el barrio que lo cobija

Colegiales es un barrio residencial del norte porteño, conocido por sus calles tranquilas, pasajes, cafés y una identidad que combina tradición y renovación. Nacido formalmente en el siglo XX, creció junto a sus vecinos Chacarita y Belgrano, pero conservó un perfil más bajo y familiar.

Allí, lejos de los corredores urbanos más transitados, el Pasaje Paz encontró el escenario perfecto para mantenerse oculto a plena luz del día, protegido por la propia vida barrial.

El complejo construido en el 1925 funcionó bajo la modalidad de vivienda colectiva Foto: Instagram @buenosairestourist

Un tesoro arquitectónico que Buenos Aires empieza a redescubrir

Hoy, a 100 años de su construcción, el Pasaje General Paz no solo conservó su arquitectura original, sino también su espíritu: un equilibrio entre intimidad, historia y belleza.

Sus balcones con plantas, las mayólicas, las rejas, los puentes que conectan viviendas y la línea estética que remite al sur de España hacen que cada metro del pasaje sea fotogénico y, para muchos, mágico.

No es casual que en redes sociales crezca el interés, que los fotógrafos lo busquen y que quienes se enteran de su existencia quieran asomarse, aunque sea por las rejas, para ver ese pequeño universo detenido en 1925.