Ni Güerrín ni Pin Pun: cuál es la pizzería más antigua que sigue en manos de la familia fundadora
Fundada en 1932 en el corazón de La Boca, es la más antigua de Buenos Aires que sigue en manos de la familia fundadora, y además la cuna de la mítica fugazzeta con queso, un clásico que hoy define la identidad de la pizza porteña.

Cuando se habla de historia pizzera en Buenos Aires, dos nombres aparecen como reflejo automático: Güerrín y Pin Pun. Íconos absolutos de la avenida Corrientes, templos del ritual porteño de comer pizza al paso, ambas son sinónimo de tradición. Sin embargo, hay un dato que suele pasar por debajo del radar gastronómico: ninguna de ellas ostenta el título de la pizzería más antigua que continúa en manos de la familia fundadora.
Ese honor, tan silencioso como contundente, pertenece a Banchero, la histórica pizzería nacida en La Boca en 1932 y considerada, por investigadores y cronistas de la gastronomía, la más antigua de Buenos Aires que sigue siendo gestionada por descendientes directos de quienes la fundaron.

Una historia que empieza en el puerto
La historia de Banchero es inseparable de la inmigración genovesa que marcó el ADN del barrio de La Boca. Juan Banchero, hijo de inmigrantes italianos, abrió su primer local el 28 de marzo de 1932, en la esquina de Almirante Brown y Suárez. Allí, entre obreros portuarios, marineros y vecinos del barrio, comenzó a forjarse una leyenda que hoy atraviesa casi un siglo de historia porteña.
Lo distintivo no fue solo la continuidad temporal, sino la herencia familiar ininterrumpida. A diferencia de otros grandes nombres de la pizza porteña, que con el paso de las décadas fueron vendidos, transformados en sociedades o perdieron el control directo de sus fundadores, Banchero mantuvo la conducción dentro del núcleo familiar generación tras generación.

El nacimiento de un clásico porteño
En ese pequeño local boquense no solo se horneaban pizzas: allí nació la fugazzeta con queso, una creación que hoy es parte del patrimonio gastronómico de Buenos Aires. La combinación de dos discos de masa rellenos de mozzarella y coronados con cebolla se convirtió en una marca registrada, replicada en todo el país y más allá de sus fronteras.
A partir de los años 50, con el auge del puerto y el crecimiento urbano, Banchero comenzó a ganar fama entre trabajadores, artistas y turistas. Con el tiempo llegaron nuevas sucursales —incluida la de avenida Corrientes—, pero la esencia siempre quedó anclada al horno original de La Boca.

¿Por qué no Güerrín ni Pin Pun?
Pin Pun, fundada en 1927, es reconocida como la pizzería más antigua de la Ciudad de Buenos Aires en actividad. No obstante, sus propios orígenes están ligados a los mismos fundadores que luego abrirían Güerrín, y su estructura empresarial se transformó con los años.
Güerrín, por su parte, abrió en 1932 y es uno de los grandes emblemas de Corrientes, pero no conserva una continuidad familiar directa desde sus fundadores hasta hoy, como sí ocurre con Banchero.
Esa diferencia, sutil, pero clave, es la que posiciona a Banchero como un caso único dentro del mapa pizzero porteño: antigüedad, tradición y linaje familiar activo.

Un legado que sigue vivo
Hoy, entrar a Banchero es entrar en una cápsula del tiempo. Las fotos amarillentas, el salón clásico y el aroma de la cebolla recién horneada conviven con nuevas generaciones que continúan la receta original. No se trata solo de pizza: es una forma de entender la gastronomía como herencia cultural.
En un contexto donde muchas marcas históricas se reconvierten o desaparecen, Banchero resiste como un testimonio vivo de la Buenos Aires inmigrante, esa que hizo de la pizza un símbolo identitario y popular.
Porque en la disputa eterna de “la mejor” o “la más famosa”, hay una verdad que se impone con los años: la pizzería más antigua que sigue en manos de la familia fundadora no está en el centro del ruido, sino en el corazón histórico de La Boca. Y desde 1932, su horno nunca dejó de estar encendido.



















